El día que el fútbol aplaudió a un árbitro en su despedida
Fernández Borbalán vivió un día mágico cuando todo San Mamés se puso en pie

Una imagen para la historia.
Fue el día de Borbalán en San Mamés, el día que siempre irá en el corazón de un árbitro al que le será muy difícil entender ahora la vida sin estar pendiente de las designaciones del Comité Técnico de Arbitros para saber qué partido tiene que pitar. Han sido 32 años en el mundo del arbitraje, 32 años de pasión por el fútbol, pero sobre todo por el arbitraje. Será raro decir ahora éx-arbitro para un colegiado que ha dejado el nombre de Almería muy alto después de tantos años pitando por España y en Europa.
Fernández Borbalán pidió despedirse en San Mamés en su último partido en Primera División después de una carrera brillante, repleta de más momentos buenos que malos porque estamos hablando de un árbitro de categoría que, por edad, debe retirarse del arbitraje, aunque físicamente está en forma para seguir dirigiendo partidos en la máxima categoría del fútbol nacional e internacional.
Vivió unas horas en Bilbao que serán difícil de olvidar porque sintió muy de cerca el cariño de su familia, de sus compañeros del Colegio de Árbitros de Almería y de sus mejores amigos, esos que siempre estuvieron ahí, al lado de un árbitro profesional dentro y fuera del campo, y un caballero fuera del terreno de juego.
Por ello, el almeriense ha dejado amigos, muchos amigos por todos los campos del fútbol español. El día de la despedida fue mágico para él porque sintió muy de cerca el cariño de esas personas que van y siempre irán en el corazón de él. La salida a calentar fue inolvidable, el partido, los aplausos... pero hubo dos momentos preciosos: uno cuando se marchó solo hacia el vestuario muy emocionado y el otro fue cuando sus compañeros del Colegio y familiares accedieron a su vestuario y David besó a su madre. Fue el beso de un hijo bueno, educado, servicial...