El taxista de las estrellas ya tiene su estrella

Diego Fernández se convirtió en el jefe de transportes de muchos rodajes cinematográfico

Foto de familia de los Fernández, tras la colocación de la estrella en la Casa del Cine.
Foto de familia de los Fernández, tras la colocación de la estrella en la Casa del Cine.
Manuel León 10:59 • 23 oct. 2021

Eran los años 50 en Almería y un joven taxista de la Cruz de Caravaca llamado Diego Fernández, el  hijo del cabrero que vendía leche fresca por el Paseo, acababa de llegar de Madrid con un Chrysler de segunda mano que le había comprado a Gitanillo de Triana.


Apareció por la ciudad justo cuando empezaba a moverse un poco algo muy nuevo que eran los rodajes de las películas. Un día de 1956 llevó a los protagonistas de Ojo por Ojo a grabar escenas por los andurriales, con los ojos fatigados de tanto polvo; otro, lo abordó el jefe de producción Faustino Ocaña en la parada del Café Español para contratarlo dos días como chófer por caminos de la provincia buscando localizaciones para el filme Tierra Brutal, con Paquita Rico, que se rodó en los Baños de Sierra Alhamilla. Ahí cayó en la cuenta Diego, el hijo del lechero, de que ahí había negocio, porque intuyó que después de aquel rodaje vendrían otros. Llamó a su  hijo Diego que estaba en el Instituto Nacional de Colonización en Valencia para que le ayudara y junto a su otro hijo Juan, se convirtió, como jefe de transportes, en el ancla al que todos los cineastas se agarraban cuando llegaban a Almería. Al volante de su vehículo recogía del aeropuerto a Orson Welles o llevaba a Tabernas a Sergio Leone o montaba en el Gran  Hotel recién levantada y con aspecto de malas pulgas a Claudia Cardinale. 


Fruto de este trabajo, que le llevaba a prolongar jornadas desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche,  el Ayuntamiento de Almería decidió ayer premiar su memoria con una estrella en la Casa del Cine, en un acto al que asistió el alcalde, Ramón Fernández-Pacheco y los concejales Diego Cruz, María Vázquez y Carlos Sánchez, amén de la numerosa prole del patriarca, fallecido en 1995, que se ha multiplicado como las tribus de Israel. Dos nietos del taxista de las estrellas, Tate y Juan Fernández, siguen vinculados al mundo del cine en la producción de películas y en la localización de escenarios.



El alcalde ha explicado que “a la hora de rendir homenaje a las personas que han dejado su huella en la historia del cine en Almería nos hemos fijado casi siempre en los que han estado delante de la cámara. Pero también es necesario que nos acordemos de los que están detrás de todo eso. Personas cuyo trabajo es menos visible, pero sin el cual no sería posible rodar ni una secuencia”.

Los Fernández forman parte ya de la historia del cine de Almería en tercera y casi cuarta generación.



El hombre al que no le gustaba el cine

Diego Fernández adoraba su oficio, conduciendo a esa gente variopinta, a esos artistas, a esos cómicos, a esos italianos ruidosos que nunca paraban de reír en los viajes y de preguntar por todo. Diego conocía cada rambla, cada barranco de Tabernas y más de una vez sus propuestas de localización fueron aceptadas por los directores para determinadas escenas. Pero no le gustaba el cine en la gran pantalla. No iba al cine. A él lo que le gustaba era la organización de toda esa tramoya, todo ese mundillo de pistoleros y salones con bebedores de whisky y mujeres bailando con cancán. Ayer fue el inicio de este tipo de reconocimiento, al que sucederán más,  a esos almerienses, que sin ser actores ni directores, hicieron más fácil la vida de los artistas en los rodajes y que también tendrán su estrella, no en el Paseo de la Fama, sino en la Casa del Cine.



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