Adela Alcocer: “Archivar es un trabajo arduo pero muy enriquecedor”

Entrevista con la exdirectora del Archivo Municipal

Adela Alcocer, en el Archivo.
Adela Alcocer, en el Archivo. La Voz

Con motivo del Día Internacional de los Archivos, el Ayuntamiento quiere poner en valor este centro cultural a través de la realización de un programa especial que Interalmeríatv emitirá en directo el próximo 9 de junio desde el Palacio de Los Marqueses de Cabra. Desde el año 2013 el Archivo Histórico Municipal recibe el nombre de Adela Alcocer Martínez, una mujer referente en este ámbito que durante más de 40 años ha estado al frente del Archivo.


¿Recién terminado el bachiller se desplazó a Madrid con la intención de estudiar Turismo, pero todas sus dudas sobre su futuro académico y laboral se disiparon cuando visitó la Escuela de Documentalista de la Biblioteca Nacional?

Así es, en cuanto visité el centro lo tuve claro, me quedé maravillada y no tuve ninguna duda en matricularme en el Grado Medio de Ayudante de Archivo y Documentación. Volví a Almería en verano con la idea de volver en octubre para preparar las oposiciones. Sin embargo, don Vicente Fernández Capel, abogado del Ayuntamiento y vecino de mi familia en Ciudad Jardín, me animó a que me presentará en el Ayuntamiento porque por aquel entonces no había nadie ejerciendo esa labor en el Archivo Municipal. Unos años después me licencié en Historia y Geografía y opté a la plaza de Técnico Superior de Archivo y Bibliotecas en 1984.



En la actualidad, el Archivo Histórico Municipal está inmerso en un importante proceso de digitalización. ¿Usted recuerda su primer día?

Si, nada más presentarme en el Ayuntamiento me comunicaron que podía empezar a trabajar al día siguiente. Mi primera impresión fue bonita porque el archivo se ubicaba en la biblioteca de la Casa Consistorial, eran unas dependencias de estilo inglés cuya construcción fue terminada por Trinidad Cuartara en 1910. Aunque tengo que reconocer que tras realizar las practicas en el Histórico Nacional, entré en una sala con un altillo donde se encontraban todos los documentos metidos en legajos. En el almacén contiguo todo estaba muy oscuro y las ventanas no se podían abrir porque todos los boletines oficiales estaban agolpados. No sabía por dónde empezar así que lo que primero que pensé fue “voy a abrir las ventanaspara que entre la luz”.



Y a partir de ese momento se puso manos a la obra, ¿por dónde empezó?

Para mi sorpresa todos los documentos estaban desordenados, comencé abrir todos los boletines creyendo que en el número uno estaría toda la documentación más antigua pero no fue así, lo recordaré toda la vida: había información sobre las elecciones municipales de 1913, informes de aduanas, documentos de personal, todo mezclado… Así hasta 22 boletines, me di cuenta que me sería imposible hacer series documentales así que los cerré y decidí organizarlo de acuerdo al sistema de catalogación orgánica y funcional que yo había estudiado.


No me imagino el arduo trabajo que usted tuvo que realizar sola.

De vez en cuando contaba con la ayuda de auxiliares administrativos, mientras tanto con y sin ayuda iba avanzado “lento” pero iba avanzando. En los años 70 apenas existía la ciencia archivística como tal y yo fui ejerciendo esta labor conforme este campo iba evolucionado en todo el país. Cuando me preguntaban en que trabajaba, yo contestaba archivera. Y me decía ¿archi qué?. Por aquellos años nadie acudía al archivo a investigar, aunque afortunadamente la llegada del Colegio Universitario favoreció su difusión y su apertura a la sociedad.


Tras un bagaje grande de formación comenzó a organizar los documentos del Archivo.

Durante estos años participé en muchas jornadas, me iba poniendo al día, me fui formando con referentes en archivística como Antonia Herrera o la recientemente fallecida, Vicenta Cortés. Pedía permiso y me desplazaba para hacer cursos que me ayudaban a su vez aprender a organizar los documentos con las nuevas técnicas de clasificación. Y empecé a hacerlo área por área.


¿Recuerdas alguna visita especial por parte de algún investigador, estudioso o curioso?

Si en los años 70, recibí la visita de Ian Gibson, autor especializado en biografías, en especial, en la vida de Federico García Lorca. Su visita me emocionó, estaba interesado en conocer la dirección dónde el poeta y dramaturgo vivió en Almería bajo la tutela de su profesor. Con mucha paciencia logramos averiguar la ubicación y para mí fue una satisfacción enorme. También recibí la visita de un descendiente de Los Coloraos, de apellido Bustamante.


Imagino que guardas una estrecha relación con investigadores e historiadores almerienses.

Por aquella época el Archivo recibía la visita de jóvenes investigadores, historiadores y estudiosos que en la actualidad ejercen su labor en la Universidad. Profesionales como Fernando Martínez, Julián Díaz, Andrés Sánchez Picón o un joven Rafael Quirosa que acudían al centro en busca de la información que necesitaban para sus tesis, ponencias, artículos.


Evidentemente no había Internet, todo se consultaba en el Archivo.

Sí y, además, muchos de estos investigadores me ayudaron en el proceso de catalogación, me subía con ellos a los altillos porque si yo iba por el legajo trescientos, ellos necesitaban avanzar en sus investigaciones. Íbamos abriendo documentos y yo iba describiéndolos. En una ocasión, descubrimos los libros de la Desamortización de Mendizábal, me ayudaron Paco Andújar y Julián Díaz a bajar estos libros forrados en piel del archivo.


Recuerda alguna mujer que durante esos años también se implicó en esta labor.

Si, con permiso del que por aquel entonces era alcalde, Santiago Martínez Cabrejas, conté con la ayuda desinteresada de Pilar Pérez, madre del también alcalde, Luis Rogelio Rodríguez. Me ayudó como voluntaria durante más dos años, catalogó todos los libros que se encontraban en el sótano de Martínez de Castro. Entre otras mujeres investigadoras cabe destacar a Mª Dolores Durán, Mª del Mar Nicolás o Rosario Torres entre otras muchas.


¿Le hizo ilusión localizar algún documento en concreto?

Si, me encantó hallar el Catastro del Marqués de la Ensenada porque hasta ahora sólo había encontrado un volumen. También descubrí y me llamó la atención que en el siglo XVII había esclavos en Almería o el hallazgo del Libro de Repartimentos que ofrecía información muy valiosa sobre esos siglos. Llegué a hacer una revisión de todas las dependencias del Ayuntamiento para localizar documentación incluso había documentación en un matadero.


El traslado al Palacio de los Marqueses de Cabra fue un sueño cumplido.

Si, me preocupaba mucho la falta de espacio, las concejalías emitían mucha información. Fueron muchos años de retrasos, fui muy pesada…los concejales me decían “háblame de lo que quieras menos de los Marqueses de Cabra”. Por fin, mi sueño se hizo realidad y se inició el proceso de organización y traslado a finales de los 90. En esos años, el Ayuntamiento se hizo con el programa para informatizar la documentación.


Estas dependencias supondría un salto cualitativo.

Claro, este inmueble fue adaptado con control de temperatura, humedad, sistema contraincendios para dar una mejor atención a los usuarios. Terminar mi carrera como funcionara dejando organizada la historia de Almería ha sido una gran satisfacción.


Ahora, el Archivo Histórico Municipal está inmerso proceso de digitalización que está en manos de excelentes profesionales.. El broche de oro llegó justo con tu jubilación.

Si, para mi fue un orgullo que la Corporación Municipal encabezada por Luis Rogelio Rodríguez decidiera por unanimidad denominar el Archivo con mi nombre. En ese momento, me quedé paralizada, sorprendida, de repente me acordé de mi padre y de mi madre. No me lo esperaba, el día que descubrimos la placa fue maravilloso.

 

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