Un retrato para la mujer más querida de Almería

El diplomático almeriense Inocencio Arias pregona a la Virgen del Mar

Álvaro Hernández
07:00 • 12 ago. 2019

En pleno desierto estadounidense, en territorio navajo, un monumento marca las llamadas ‘Cuatro esquinas’, el lugar en el que confluyen cuatro estados fronterizos (Utah, Nuevo México, Arizona y Colorado). Quizás por su condición de diplomático y hombre de mundo, el albojense Inocencio Arias convirtió ayer su pregón a la Virgen del Mar en eso mismo, en el punto común de cuatro lugares: a medio camino entre lo didáctico, lo evangelizador, lo nostálgico y lo lírico; ahí hizo su pregón Inocencio Arias.




Con pajarita, porque sin ella no sería él, Inocencio Arias arrancó su pregón con una anécdota de la Primera República, nada más y nada menos. Porque el que fuera presidente (y “mejor orador de la historia de España”, según Arias), Emilio Castelar, explicó en su día que, a pesar de haberse alejado de la religión, siempre volvería a su niñez para postrarse ante la Virgen María. “Algo parecido le pasó a Luis Buñuel”, apuntaba Arias en esta introducción a la que sería la idea fundamental de su pregón: el almeriense, por el mero hecho de serlo, es de la Virgen del Mar.




Porque da igual que no se ponga un pie en la iglesia o no haber visto nunca a la patrona más que en viejas estampas: “Los almerienses que de niños han venido al santuario, han hecho aquí la Comunión o le han pedido a Ella un favor, siempre sienten a la Virgen del Mar”, apostaba Arias.




Quizás sea por rememorar una procesión vivida en la niñez, quizás por haber hecho alguna promesa a la talla o, simplemente, por haber ido a la Feria. O por llamarte María del Mar. El caso es que ser de aquí es ser de la Virgen del Mar.




Y, a partir de ese planteamiento, Arias recordó aquel momento en el que Andrés de Jaén, “el telonero de esta historia”, avistó algo brillante en el mar, que no era otra cosa que la virgencita de algún barco naufragado. Porque “la Virgen del Mar nos vino”.

El retrato



Una vez hecho el repaso histórico y didáctico, Arias se planteó el reto de retratar a “la mujer más amada y más invocada de la humanidad, a la mujer más querida de Almería”. Porque lo sabemos casi todo de Napoleón, conocemos mucho de Isabel la Católica y ahora vemos en la tele vidas y vidas. Pero de la Virgen María “no sabemos si tenía amigos íntimos y desconocemos el momento en el que enviudó”.




Y tras ese retrato de “una mujer valiente”, Arias hizo la lista de peticiones a una Virgen en pleno siglo XXI. Porque a Ella, “emigrante y exiliada”, le solicita que a inmigrantes y refugiados se les dé un trato humano (lejos de “la utopía de abrir de par en par las puertas”), así como “mitigar el paro en nuestra tierra” y acabar con las guerras por motivos religiosos.




Y con unos versos de Ana María Yebra, Arias puso el punto final lírico de un pregón acompañado exquisitamente por la música de la Camerata Arthur Rimbaud.


Fausto

Antes del pregón, el periodista almeriense Cristóbal Cervantes presentó a Arias. No sin antes dedicar las primeras palabras de este atípico domingo de pregón fuera de Feria a Fausto Romero-Miura, también pregonero de la Virgen del Mar y fallecido hace tan solo unos días.


“Entendía la vida como una cuestión de intensidad, no de extensión”, recordó Cervantes. Y qué razón tenía Fausto.


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