Telas del siglo XXI: Tejidos Olga

Uno de los siete retratos de mujeres que forman parte del tejido social de la Almería de hoy

Olga García Aguado, entre los mostradores de Tejidos Olga, donde se acumulan metros y metros de telas.
Olga García Aguado, entre los mostradores de Tejidos Olga, donde se acumulan metros y metros de telas. La Voz

La confección a medida ya no es lo que era. Las que ahora son las abuelas de Almería, eran hasta no hace tanto la última generación de madres que nos cosían por sistema los vestidos para las fiestas o nos hacían los disfraces para la función del colegio. Y antes de eso, de treinta años para atrás, quien no se lo confeccionaba ella, lo hacía su modista. En todas las casas había un nombre de mujer a quien visitar por estaciones, para lucir a medida las indumentarias de fiestas de guardar. Además, aquella sociedad del aprovechamiento pasaba también porque de una camisa vieja de hombre se sacara un vestidito para la niña. Y cuando ya se tiene ya una edad y se pasea por lo que hoy es el caso viejo de Almería, se puede rememorar sus calles llenas de infantes vestidos con ropa casera, en contraposición  con otro paisaje actual bastante más vacío, sobre todo de madres con niños de compras. Con respecto a la ropa, hemos pasado al usar y tirar como premisa, que se nutre prácticamente de la confección que suministran las grandes franquicias, cuyo patrón suele ser: bonito y barato. Nuestras modistas de hoy no nos han visto crecer, no tienen rostro y viven a miles de kilómetros de unas medidas sin alma.


Y de ahí que las tiendas de telas como tal hayan desaparecido de las calles de Almería casi por completo. La plaza de San Pedro, la parte alta de la calle Real y la de la calle de las Tiendas, históricamente constituían el costurero de Almería y provincia, ya que aglutinaba, con una docena de comercios, el grueso de la demanda del corte y confección, sobre todo de la indumentaria femenina. Existía un tejido empresarial sólido alrededor de la confección a medida, hasta el punto que, los retornados de América con dinero a principios del siglo XX, abrían una tienda de telas, lo que no podía fallar como inversión. De aquellos años podemos recordar los ecos de: La Pajarita, La Tijera de Oro, El Blanco y Negro, Marín Rosa, Tejidos Crespo, El Nido de los Retales y Tejidos Olga. De todos los nombrados solo queda Tejidos Olga como baluarte de aquel mundo femenino por antonomasia, el de la aguja con rostro, y que sobrevive a duras penas.


Y paseamos hasta ella. Es una de las tiendas de telas más emblemáticas de Almería. Cuentan nuestras mayores que cuando buscaban las piezas de seda y organdí más preciadas, siempre había que hacer una visita a Tejidos Olga. Para mi sorpresa encuentro al frente del mostrador a una treintañera, Olga García Aguado. Ella no concede espacio a la nostalgia de tiempos mejores, mira hacia delante y directamente a los ojos cuando habla. Al entrar al local me llama la atención un pequeño cartel que advierte: No se cortan piezas de menos de 25 cm. “Es que tú no sabes la gente, hay muchas que pretenden llevarse un dedo de tela y eso no puede ser”, dice Olga cuando se lo refiero.

Cuéntanos algo de la historia de la tienda original.
La tienda tiene unos setenta años. Empezó en la calle Real. Mi padre entró de aprendiz siendo casi un niño y con los años mi familia se quedó con el negocio. Entonces se trasladó a la plaza de San Pedro en los años ochenta. Yo me llamo Olga por la tienda y he crecido ordenado telas desde muy chica.  Me gusta, tengo un trabajo que me encanta.

¿Cómo ha evolucionado la clientela, quién compra telas hoy?
La clientela ahora es más variada, incluso vienen a comprar tejidos chicos jóvenes que son los nuevos diseñadores de ropa, pero no nos engañemos, la clienta mayoritaria es la mujer que cose para su casa. Nosotros echamos mucho de menos como cliente a la sastrería de hombre, que ya no existe. Por otro lado, tenemos a las chicas jóvenes que compran mucho ahora para los modelos de las bandas de graduación,  porque quieren algo exclusivo que la confección no les puede dar. También vivimos de los arreglos de modistería. Los tejidos para confección de trajes de flamenca tampoco lo tocamos ya, porque han surgido otros mercados y no se nos costea.

Tenéis página web. ¿Os encargan por internet, es ese el futuro?
Tenemos página web desde 2017, sí, pero nuestra clientela es la del cara a cara y la del boca a boca. Las redes sociales tampoco es que sean significativas en Tejidos Olga, nos llega algo por Facebook, pero este negocio funciona por el asesoramiento personal, por mantener una conversación y tocar las telas, ver colores…, eso por ahora no lo da internet.

¿A las mujeres jóvenes les interesa la ropa a medida hoy en día?
Sí les interesa, lo que pasa es que según qué perfil entran equivocadas en la tienda. Hay un tipo de clienta que en seguida te dice que por ese dinero que le vale la tela se lo compra hecho. Entonces es cuando yo pienso que las dos estamos perdiendo el tiempo, porque eso no es así. Esta tela que yo le ofrezco no la encuentra confeccionada por el precio que dice. Luego están las que no entienden de costura que, por ejemplo, se empeñan en encontrar exactamente el mismo tono de color del forro de un vestido que del tejido exterior, dándole una importancia que no tiene. De hecho, ni existe una amplia carta de colores de forros. Esos detalles hacen que también perdamos el tiempo ante una realidad, pero claro, no lo puedes decir abiertamente.

¿La clientela entiende de telas o se deja asesorar?
Hay de todo, pero cuando llevo hablado un minuto con la clienta, ya sé si se va a dejar asesorar o no. El mostrador da mucha psicología y el trato con el personal da tablas para poder asesorar. Sobre todo para que las clientas se vayan contentas y vuelvan. Yo lo que tengo es mucha clientela fija.

Según el retrato de la sociedad actual, tenéis que luchar con  la competencia mundial de la ropa confeccionada. Además está la vida de las mujeres de hoy, que no cosen. ¿Con qué armas contáis?
Nuestra arma es la calidad del tejido, la exclusividad. La tienda también ofrece servicio de modista.  Aquí se encuentran telas que no están en el mercado confeccionado. Pero la presión de la confección barata y que las mujeres, que son las que visten a la familia en general, no tienen tiempo para coser, la verdad es que nos llevan asfixiados. Por ejemplo, no hace tanto trabajábamos mucho con la confección de disfraces de pastores para Navidad, pero ahora los traen hechos desde China por cinco euros y las madres ni se lo piensan, aunque sean espantosos.

¿Cuál es tu tejido favorito?
No tengo tejidos favoritos, sí tengo confección favorita. Me encanta la planta baja del local dedicada a confección de ropa del hogar, cortinas, cojines, decoración en general. También me gustan los estampados  para vestidos de calle. Quizá lo que menos disfruto es la sección de fiesta o la de bebé, no me identifico mucho con esas telas.

¿Qué es lo más peculiar que tú recuerdes como venta?
Lo más peculiar sería, por ejemplo, una clienta que vino acompañada por una amiga, y esta le aconsejó para las cortinas de su casa en todo. La clienta se dejó guiar por su amiga, y aunque yo vi que se iba a equivocar, no pude hacer nada. Hay gente que se empeña en estrellarse y hay que dejarla. Volvió al tiempo muy descontenta, ya sin amiga, y tuvimos que volver a empezar con el encargo.

¿Qué se te ocurre como idea para activar el centro de la ciudad, estarías de acuerdo con más peatonalización de las calles?
Para mi negocio no se me ocurre nada, por desgracia. Más  peatonalización del centro dificultaría mucho, por ejemplo, la carga y descarga de la mercancía, así que yo no iría por ahí. Pasear por aquí sin coches no creo que me trajese más clientela. Tampoco un cambio de horario donde no se cerrase a medio día y se acabase antes por la tarde, porque las horas fuertes para mis clientas son a última hora de la tarde o a media mañana, cuando los niños los tienen recogidos. Sin cambio de costumbres yo no puedo cambiar el horario. Lo que sí ha cambiado es que la gente joven en general pasea por los centros comerciales y los que bajan al centro van buscando bares, no este tipo de comercio. Donde sí habría que generar cambios es en la ayuda al  autónomo. En general está muy asfixiado en este país, los alquileres son muy caros, y los gastos fijos se disparan. Yo propondría medidas económicas para poder respirar un poco más como empresarios y no tener que cerrar.

¿Qué es lo que más te molesta que te digan detrás del mostrador y que te tengas que morder la lengua cuando lo oyes?
Pues mira, me da mucha rabia cuando hablo con alguna clienta con la que tengo cierta confianza, de las que tienen su sueldo fijo, que cuando sale la conversación les digo que viven muy bien, que no se quejen. Y me contestan que yo vivo de ellas y que si no me gusta lo que hago que hubiese estudiado. Lo que no les contesto es que yo sí he estudiado y que he elegido seguir al frente de este negocio porque me apasiona. Yo creo que tiene que haber de todo en la sociedad y todos nos necesitamos. También echo de menos más apoyo entre las mujeres.

Intercambiamos algunas opiniones más sobre la solidaridad femenina, pero no quiero entretener más a Olga. Hay una viajante gallega esperando para mostrarle las novedades y quiero que siga trayendo a Almería los estampados más bonitos de la temporada, esos que envuelven los tubos de cartón de siempre y que vestirán a nuestras mujeres más originales. La viajante se dirige a mí cuando nos escucha al final de la entrevista y me dice: —Yo no soy feminista. —Será por desconocimiento—, le contesto muy tranquila recogiendo mis cosas—, porque el feminismo no pretende ni más ni menos que la igualdad de oportunidades, y a eso no creo que se niegue nadie sensato—. No me contesta.

Salgo contenta de la tienda de telas, deseándole a la Olga de hoy toda la suerte del mundo para que siga muchos años en la plaza de San Pedro. Pese a las flamencas y pastoras chinas, creo que aquí queda Olga para rato. Esta almeriense peleona tiene aún tela que cortar. Vayan  a conocerla dándose un paseo al centro de la ciudad y llévense al menos medio metro para una camisa fresquita de tirantes, oiga, que son dos costuras y se van a alegrar cuando la estrenen. No habrá otra igual.


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