Almerienses en la Segunda Guerra Mundial: Los primeros de la URSS

Tercera entrega de la serie en la que el investigador rescata hazañas olvidadas

El campo de concentración de Buarfa fue el destino de muchos al llegar a Argelia.
El campo de concentración de Buarfa fue el destino de muchos al llegar a Argelia.

En los últimos días de existencia de la República, y tras la definitiva puntilla del golpe de Casado, la situación de miles de almerienses que permanecían en la provincia y en los  frentes de guerra se tornó oscura.


La única salida que les quedaba a los almerienses que veían peligrar su vida era Argelia, en aquel momento colonia francesa. 


Almería esperaba, viendo el fin de la guerra, barcos para huir de las tropas franquistas que se acercaban a la provincia tras fracasar el intento de una paz negociada entre Casado y Franco. Sin embargo, esos barcos jamás llegaron hasta Almería y miles de republicanos quedaron abandonados a la suerte de la represión franquista. Pero ese es otro capítulo que no trataremos aquí.

 



Huida

Sea como fuere, la única posibilidad de huir pasaba por marchar hasta Alicante, donde barcos ingleses estaban atracados para evacuar hacia Orán a miles de republicanos. Una marabunta de gente salida desde Almería consiguió llegar hasta el puerto alicantino


Muy pocos llegaron a embarcar. La mayoría fue llevaba al campo de concentración de Albatera


Mientras tanto, en Almería, la disolución del Frente Popular provocó la ruptura entre los partidos y el encarcelamiento de decenas de comunistas. Poco antes de la llegada de las tropas franquistas, los reorganizados cuadros comunistas pudieron sacar a algunos camaradas de las cárceles y marchar hacia Argelia. 


Famosos combatientes, como “El Campesino” escaparon por el puerto de Adra. Así terminaba la guerra para los almerienses: con las fuerzas republicanas intentando salvar sus vidas y con el miedo a la represión que se avecinada. Comenzaba para los exiliados otra etapa: la de la II Guerra Mundial. 


África

Nada más pisar Argelia, tanto los cuadros políticos como la gente corriente fueron encerrados en los campos de concentración del desierto: Morand, Buarfa, Djelfa, Boghari y un largo etcétera que no merecen menos fama que los campos de Bram, Argelès o Saint-Cyprien, en la Francia metropolitana. Allí permanecieron la mayoría de los almerienses y los españoles entre 1939 y 1942, cuando las fuerzas aliadas liberaron parte del Norte de África. 


La construcción del tren subsahariano, las fortificaciones y toda suerte de trabajo semiesclavo fue el orden del día para miles de españoles y centenares de almerienses. La disyuntiva entre los campos bajo el sol abrasador y vivir bajo el yugo franquista supuso un dilema para muchas familias que creían que Francia les acogería de mejor forma de la que lo hicieron.


 En cambio, los cuadros políticos, especialmente los comunistas, conocieron mejor suerte: el mismo Moscú intercedió por ellos y muchos de ellos consiguieron embarcar hacia la Madre Patria. 


Entre los agraciados se encontraban los almerienses Juan García Maturana, Secretario General de Almería; Federico Molero, Comandante de Ingenieros del Ejército Centro y al que le dedicaremos un capítulo en próximas entregas; Antonio Molina García, director de “Diario de Almería; Juan Martínez Ibáñez, Secretario de Organización; Bartolomé García Pozuelo, Secretario de Propaganda; y otros miembros de la dirección como Ángel Herráez Coma, los hermanos Juan y Pedro Fernández Viguria, Juan Aguilera Berlanga, juez municipal; o Luis Galdeano Cortés, director de “Altavoz del frente” . Todos ellos se encontraban en el campo de Morand. 


Por parte de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) también intercedió Moscú y hasta allí marcharon Juan Amate Ufarte, Manuel Membrives Galindo, Félix Pérez Gómez o Bartolomé García Pozuelo. 


Otros almerienses anónimos como Manuel Sánchez García, Juan Martínez Andújar, Antonio Ruiz López o Diego Mazo Carmona no tuvieron tanta suerte y permanecieron en los campos de concentración o enrolados en las distintas Compañías de Trabajo. 


URSS

Muchos solicitaron marchar a la URSS pero les fue denegado el permiso al no tener carnet de militante comunista o al no conseguir una fuente fiable que diese el visto bueno por él. Aun así cerca de 1000 almerienses acabaron desembarcando en los puertos de Odessa. Aquí termina la primera etapa de este grupo de almerienses que poco a poco fueron trasladados hasta la URSS y pronto se verían inmersos en la Gran Guerra Patria, que es como denominaban a la II Guerra Mundial los soviéticos. En próximas entregas de esta serie de “Almerienses en la Segunda Guerra Mundial” veremos cómo, en una tierra tan lejana, la participación de muchos paisanos fue decisiva en numerosas operaciones de guerra contra los nazis y contra sus compatriotas de la División Azul. 

 

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