Qué tienen en común la desaladora de Cuevas y una vieja cafetera

El ingenio arrasado por la riada de San Wenceslao ha hurtado 200 hectómetros a los regantes

Acto de inauguración de la desaladora en 2011.
Acto de inauguración de la desaladora en 2011.
Manuel León 23:38 • 13 sept. 2022 / actualizado a las 23:49 • 13 sept. 2022

Cuando pasa uno por su lado, transitando el camino que une Palomares con Villaricos, se da de bruces con un ingenio más solitario que un campo de concentración en el siglo XXI. Está ahí quieta, la infausta desaladora almanzorí,  entre caballones de hortalizas, esperando ser resucitada como Lázaro. Pero no. Aún duerme. Desde la zaína riada de San Wenceslao -ese santo bohemio patrón de los checos- desde que reventaron los cauces de los ríos, se inundaron los zaguanes y los coches nadaron entre las olas. Está a punto de cumplir diez años, una década, dos promociones universitarias, y sigue ahí varada entre terrones de secano, hurtando agua, por ende riqueza, a cientos de agricultores comarcanos: concretamente, a razón de 20 hectómetros anuales, 200 hectómetros en total, los que se ha perdido la sociedad de regantes de Aguas del Almanzora, toda una bendición extraviada para brócolis, naranjos, lechugas y tomates. “Esto no pasaría en Alemania” dice un propietario agrícola de Palomares. Ni en Palomares ni en ningún otro sitio del mundo. Lo que ha pasado -aun sigue pasando- con la desaladora del Almanzora no debe tener demasiados antecedentes.


La historia es la siguiente, para quien no la recuerde: fue proyectada frente a la antigua Fábrica del Duro, incluida en el Plan Agua del Gobierno de Zapatero de 2004, con un presupuesto de 76 millones. Los regantes, hijos de los que regaban al rumor de la caracola, celebraron la idea, aunque, sobre la marcha, se cambió la ubicación de la curva interna del río al arco exterior en 2007 por presiones de algunos expropiados, siendo director de Acuamed Adrián Baltanás. Y esta fue su acta de defunción anticipada al instalarse sus tuberías en zona inundable. Nadie pagó ni ha pagado por ese error. Ni PSOE ni PP ni PP ni PSOE, cuando han gobernado, han sido capaces de deshacer este nudo gordiano que frena el desarrollo de la agricultura en el Levante. Con el Negratín y el Tajo Segura sin trasvasar agua desde hace más de un año, la desaladora hubiera sido el bálsamo de fierabrás para tantas hectáreas de cultivo, en una comarca que necesita más que nunca diversificar su principal fuente de ingresos que es el turismo, muy anclado a la estacionalidad. 


La ministra de Medio Ambiente entonces, la cordobesa Rosa Aguilar, presidió una preinauguración en 2011, antes de que la tromba de agua la asolara. La constructora FCC se quiso evadir de responsabilidad y mientras tanto fue incluida también por negocios turbios en la Operación Frontino. Su arreglo fue adjudicado el pasado mes de febrero a Sacyr por 16 millones de euros, pero, por ahora, sigue sin funcionar la instalación, a punto de cumplir una década averiada como una vieja cafetera.






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