Cuevas del Almanzora

Torralba cede a Cuevas la propiedad del principal yacimiento argárico

Fuente Alamo embrujó a los hermanos Siret cuando le llamaban el Cabezo de los Muertos

Fuente Alamo
Fuente Alamo

Fuente Alamo, el monte antiguo que embrujó a los hermanos Siret cuando arribaron a Cuevas del Almanzora en 1880, pasará a ser patrimonio municipal mediante la cesión gratuita del propietario, la empresa murciana Torralba. Allí arriba, desde donde se divisa toda la tierra áspera del Almanzora, está escrito en piedra buena parte del relato de cuando el hombre empezó a ser civilizado, los primeros atisbos de nuestros tatarabuelos argáricos, esos de los que tanto se ha escrito pero que ahí permanecen, bajo las terreras de Antas sin que se libre un duro para poder saber un poco más sobre cómo vivían, qué comían o cómo copulaban. 


El ayuntamiento cuevano que preside Antonio Fernández llevaba tiempo tras la pista de Fuente Alamo y al final ha ocurrido lo más sensato: que este Bien de Interés Cultural, el principal yacimiento argárico excavado en la provincia con permiso de Antas, con la falda festoneada de naranjos, pase a ser de titularidad pública, gracias al empeño municipal y a la generosidad de sus hasta ahora dueños, que no estaban obligados a cederlo.


El Ayuntamiento tendrá ahora mayores facilidades para poder pedir ayudas para su conservación, para que no ocurra lo que ocurrió con la tumba neolítica, también de la época argárica en el Cerro del Oficio, en la pedanía de Grima, donde un aficionado a la arqueología, Francisco Parra Rojas, descubrió hace menos de un año un agujero de un metro en una tumba documentada a la que se le expolió el ajuar.



Habrá ahora más posibilidades, por tanto, de seguir excavando en las laderas de esa Capilla Sixtina del hombre de 2000 años antes de Cristo que es fuente Alamo. "Sabemos que aún puede dar más de sí y queremos hacerlo porque hasta ahora solo se ha excavado la cima", explicaba ayer el alcalde cuevano.


La historia de esta caja de sorpresas arqueológica arranca con los trabajos de los belgas Enrique y Luis Siret cuando ascienden entusiasmados al promontorio tras haber escuchado hablar a los campesinos del lugar referirse a él como el Cabezo de los Muertos. Y publicaron sus conclusiones y la trascendencia de sus hallazgos en el libro Las primeras edades del metal en el Sudeste de España, reeditado por Arráez Editores hace unas décadas, situando el yacimiento en la Edad del Bronce, aunque con vestigios romanos y medievales.



Después de los Siret, Fuente Alamo ha sido marco de siete campañas arqueológicas impulsadas por el Instituto Arqueológico Alemán, entre 1977 y 1999, dirigidas por los profesores Schubart y Arteaga.


Entre esos terrones está escrito mucho de nuestro pasado remoto hace 2.000 años, cuando nuestros antecesores empezaron a fabricar joyas, a explorar manantiales, a perfeccionar sus vasijas, sus construcciones y sus urnas funerarias. Y todo eso está ahí arriba, en ese viejo Monte de Los Muertos, al menos las señales de que estuvo. Urge, por tanto, una futura ruta del Argar entre Antas y Cuevas, que dé sentido a lo que hicieron los que nos antecedieron. 

 

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