Víctor Matellano: “La maldad humana se parece demasiado a lo que mostró Leone“

Tras presentar en octubre en Tabernas su tercer largometraje de ficción, ‘Parada en el infierno’, el director, guionista y escritor madrileño Víctor Matellano regresa a Almería, uno de sus lugares favoritos, para hablar de Sergio Leone, uno de sus directores imprescindibles. Será el 12 de julio en la jornada de clausura del curso de verano ‘El cine en Almería. De Lawrence de Arabia a Juego de Tronos’ que analizará del 10 al 12 de julio en el campus de La Cañada el pasado, presente y futuro del séptimo arte en la provincia.


Participa en este curso de verano hablando acerca de ‘Sergio Leone y la trilogía del dólar’. A pesar de los cincuenta años transcurridos, su vigencia es más actual que nunca. ¿Cuáles son las claves? Sinceramente, creo que la modernidad del western llegó con Sergio Leone. Es cierto que se asocian las películas de Peckinpah o de Penn al giro del género. Pero la reinvención, la reinterpretación, la desmitificación, llega con Leone y su estilo. La trilogía del dólar no envejece, porque muestra unos personajes complejos como la vida misma, y porque el paso del tiempo nos ha enseñado que la veleidad, el cinismo y la maldad humana real y actual se parecen demasiado a lo que nos mostró Leone.


Aunque la trilogía se rodó en varias localizaciones españolas, la vinculación con el paisaje almeriense es total. De hecho, en el imaginario colectivo se asocia el binomio Almería-Eastwood al resto de westerns que el actor rodó en aquellos años. ¿A qué cree que se debe esta conexión? Sí, es cierto, ese binomio está plenamente asociado. Por un puñado de dólares se rodó prácticamente en Hoyo de Manzanares (Madrid) y El bueno, el feo y el malo fundamentalmente en Burgos, pero siempre prevalece en el imaginario colectivo toda la parte de la trilogía rodada en Almería. El paisaje fue la singularidad. Y me atrevo a decir que a la parsimonia interpretativa y por otro lado muy efectiva, de Eastwood en aquellos años, le va el desierto de Tabernas como anillo al dedo.



¿Cuánto cree que aportó Leone y cuanto Eastwood a la construcción del icono -hombre duro, parco en palabras, con un peculiar sentido de la justicia- que luego ha marcado su carrera como actor? El éxito de Por un puñado de dólares estuvo plagado de casualidades. Una es la propia participación de Eastwood, quien no era a priori el actor deseado por Leone, y sin embargo resultó ser definitivo. Leone no decía ni “good morning” en inglés e Eastwood no sabía italiano, ni español, ni alemán, que eran las lenguas que se escuchaban en el rodaje, por tanto de alguna manera estaba aislado. Sin embargo, a la hora de rodar, Eastwood no prestaba atención al intérprete inglés, porque Leone explicando con sus manos lo decía todo. Estoy seguro de que el resultado de la mezcla del envaramiento natural del actor en aquellos años, con la situación de aislamiento en el rodaje y los contrastes aplicados por Leone, queda la imagen inicial que Eastwood explota después. Ahí nació el estilo. Y no olvidemos el tercer nombre importante en la construcción del mito, el músico Ennio Morricone.


Una complicada: ¿cuál es su momento favorito de la trilogía del dólar?



Sé que cada espectador tiene una película favorita de la trilogía. La mía sin duda es La muerte tenía un precio. Y dentro de la misma, los momentos del carillón del reloj de bolsillo, especialmente en la era, inolvidable. Esa melodía, el objeto en sí, la manera de mostrarlo, tiene un significado brutal.


¿Cree que Almería aún tiene mucho camino que recorrer en el partido que le puede sacar a sus fortalezas como escenario de rodajes?

Por supuesto que sí, a todos sus elementos naturales e históricos, a todos sus paisajes. En Almería se ha recreado cualquier parte del mundo para el cine. Estuvo de moda hace décadas y lo sigue estando dentro de la industria cinematográfica y la televisiva. Tiene todo el futuro del mundo, hay que aprovecharlo, fomentarlo. Tan sólo hay que inventar historias para la pantalla, porque el escenario, espectacular e inolvidable, siempre está ahí.


Tras dos largometrajes de ficción de terror (Wax y Vampyres) se ha adentrado en el género del oeste en Parada en el infierno (Stop Over in Hell), estrenada en la última edición del Almería Western Film Festival de Tabernas. ¿Cuándo podremos verlo en salas comerciales en nuestro país?

Pues falta muy poco para poder ver Parada en el infierno en las pantallas de cine en España. Mientras, se sigue vendiendo fuera del país con el título de Road to Hell, estuvo en los mercados de Cannes y Berlín. Para mí ha sido un sueño rodar un western, aunque en clave moderna y con mixtura de otros géneros, pero un western al fin y al cabo. Y además porque Almería ha estado muy presente en la película desde su concepción. En el Almería Western Film Festival de Tabernas se gestó el arranque del proyecto con el apoyo de Enzo G. Castellari, y ya rodada es en el mismo festival donde el público la pudo ver por primera vez en pantalla grande. Además, una de las secuencias tiene presente al decorado Oasys Mini Hollywood, el poblado mítico de La muerte tenía un precio.


La película, coescrita por el almeriense Juan Gabriel García, no es un western al uso sino que se atreve a pasear por la fina línea que separa la violencia del género del horror. ¿Era su intención inicial?

Cierto, este western tiene mixturas, del horror, del ‘weird western’, del thriller, del cine de acción. Es algo así como una película de secuestros en el oeste, pero sin abandonar las claves del género. Juan Gabriel García, que sabe mucho de esto, con el otro guionista Antonio Durán, el productor ejecutivo Andrés Acevedo y yo mismo, teníamos claro que había que trabajar la historia en clave moderna y de conexión entre géneros, es la corriente que se está produciendo ahora en películas del mismo estilo. Es más enriquecedor, y adecuado para cada momento de la historia. Como decían en la trilogía del dólar, ‘“cada revólver tiene su música”.

 

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