Hablemos de la Virgen del Mar

Un análisis alrededor del Santuario tras un intenso fin de semana con la Virgen del Mar

Misa estacional en honor a la Virgen del Mar, presidida por el obispo de Almería.
Misa estacional en honor a la Virgen del Mar, presidida por el obispo de Almería.
Álvaro Hernández
22:36 • 28 ago. 2022

“Almerienses, ¡viva la Virgen del Mar!”. Tras cantar el himno a la patrona de Almería en la mañana de este domingo, Enrique Marín rompía el silencio con su fervoroso, necesario y ya tradicional clamor. Y hago mías sus palabras en las primeras líneas de este análisis para dejar clara una premisa: todo lo escrito a continuación es, como casi siempre en mi vida, a mayor gloria de Dios. O, dicho de otra forma, pensando en qué puede ser mejor para la Virgen del Mar y su popular devoción en las calles de Almería.


Es cierto que este 2022 ha traído consigo cosas inolvidables por buenas. La ofrenda floral ha regresado al sábado, festividad de la Virgen del Mar, lo cual ha permitido que los almerienses vuelvan a regalarle flores a su patrona en su día, no antes. San Indalecio ha vuelto a salir a la calle, después de muchos años enclaustrado. Y lo ha hecho con la Virgen del Mar, como lo hizo un día, décadas atrás. Lo mejor, claro, nos lo ha dado la gente (sin la que nada de esto tendría sentido): después de la pandemia y tras dos agostos sin procesión, los almerienses se han volcado en todo lo relacionado con su patrona, desde el pregón hasta la procesión, pasando por los cultos organizados por la Hermandad de la Virgen del Mar.


Pero (porque siempre hay que poner alguno, como bien diría mi amiga Isabel María del Pilar) no todo lo que hemos visto alrededor de la patrona de Almería estos días ha sido para enmarcarlo. Hay algunas cosas que cambiar, y muchas de ellas tienen como protagonistas a esos devotos que le dan sentido a todo.



Porque el día de la calurosa ofrenda floral, bajo la cuidadosa y milimétrica batuta del Grupo Joven de la Hermandad de la Virgen del Mar, los almerienses anónimos que llevaban flores a su Virgen acabaron relativamente malparados: ‘encajonados’ entre la parte trasera de la Escuela de Arte y una valla, accediendo  de rato en rato -entre institución e institución- y a toda prisa, los ciudadanos de Almería no disfrutaron de la ofrenda floral. Mientras tanto, el ritmo del acto hizo que las hermandades, citadas en la calle Álvarez de Castro tuvieran que esperar hasta dos horas bajo el sol de agosto. 


Como estas líneas no son sino para hacer una crítica constructiva (y partiendo de la base de que los toros desde la barrera se ven estupendamente), cabe plantear que la ofrenda floral empiece a las 9 o 10 de la mañana, que las instituciones políticas estén citadas de 12 a 13 horas (por ejemplo) y que el acto sea un continuo ir y venir de almerienses, hermandades, asociaciones y ese largo etcétera que compone la ofrenda floral.



La procesión

Con la procesión sucede algo similar respecto a los devotos de la Virgen del Mar. Si bien es cierto que las largas filas de almerienses con velas entorpecían el cortejo y dificultaban a los almerienses ver la procesión, apartar a los devotos de la patrona no parece la solución perfecta.



No en vano, la procesión la componen ahora una larga ristra de representaciones de hermandades de Almería y provincia, la Legión, la Agrupación Musical Nuestra Señora del Mar, la Banda de Música Santa Cecilia de Sorbas y, una vez más, la intensa representación política que cierra la procesión. No hay espacio para la devoción en la procesión de la patrona de Almería.


Y, una vez más, por proponer que no quede: un tramo, de espacio y número limitado, para hermanos de la Hermandad de la Virgen del Mar y devotos dispuestos a pagar una papeleta de sitio que les otorgue derecho a participar en la procesión parece una buena forma de equilibrar la balanza, entre lo ingobernable de antes y lo ausente de hoy. 


Mención aparte merece el itinerario de la procesión de la Virgen del Mar, un melón difícil de abrir pero más difícil aún de abordar.


Visto sobre el mapa, el paseo de la patrona de toda una ciudad (y arrabales) se queda escaso. Apenas consiste en llegar hasta Obispo Orberá, bajar el Paseo y regresar a su Santuario.


Y aquí es cierto que no hay una solución clara. ¿Llegar hasta la Rambla para subir por esta céntrica pero desangelada calle de la capital? ¿Cruzar otra frontera más y llegar hasta Artés de Arcos? ¿Acudir a las puertas de la Catedral? Lo cierto es que es difícil plantear una opción correcta, pero no es menos cierto que tampoco es posible alargar mucho un recorrido cuando el cortejo lo componen otras hermandades. Hacer un cortejo propio y un itinerario más completo puede ser clave. 


Y, ahora sí, como diría Enrique Marín, ¡viva la Virgen del Mar! 


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