Los chiringuitos de playa calientan motores con la duda del pago del canon

La normativa que esperan desde hace más de una década hace que algunos vivan en un limbo legal

Uno de los chiringuitos de la capital, El Sevillano, en la playa del Zapillo.
Uno de los chiringuitos de la capital, El Sevillano, en la playa del Zapillo.

Los chiringuitos de playa, junto a los hoteles, son uno de  los segmentos de negocio más sacrificados por la crisis sanitaria del coronavirus. En la provincia de Almería operan 110 empresas ligadas a la actividad hostelera a pie de playa junto a otros negocios auxiliares como el de los propietarios de instalaciones de hamacas. 


Con la entrada de la provincia en la Fase 2 del Estado de Alarma, los chiringuitos almerienses han empezado ya a desperezarse, dos meses después de lo que  es habitual en este negocio. Ya hay algunos abiertos como es el caso de El Sevillano en la playa del Zapillo,  el Torero en Aguadulce o el Cid y El Cid y Neptuno, en Mojácar.


Los demás van poco a poco calentando motores para adaptarse a la nueva normativa en medidas de protección e higiene y con la incertidumbre de no saber cómo va a evolucionar la clientela. 


El presidente de la Asociación de Empresas de Playa de Almería (Aeplayasal), José Ramos, explica que “el principal problema que tenemos en el gremio es que no hay gente del exterior, sobre todo para chiringuitos que viven de los hoteles y de los residenciales”.



Es el caso del negocio de Ramos, Chiringuito Koral, junto al Club Tropicana de Roquetas de Mar, que prevé  abrir a principios de junio. “No nos queremos arriesgar mucho porque si abrimos un domingo, lo tenemos lleno, pero el resto de días de la semana qué hacemos, sobre todo si pillamos días de viento”. Añade que “la mayoría de los establecimientos asociados abre por el Día de Andalucía o para Semana Santa, pero este año el coronavirus lo ha cambiado todo en el peor momento”.


José Membrives, gerente del Chiringuito Tío Pepe, un clásico enfrente del antiguo chalet de Briseis, está preparando ya el establecimiento para abrir a partir del ocho de junio. “Llevamos ya media temporada perdida y no sabemos cómo irán la cosa en lo que queda de ella”.


Membrives está acomodando el negocio a la nueva situación, preparando las mesas y las sillas a la distancia reglamentaria y abasteciéndose de geles y otros complementos sanitarios para recibir a la clientela con las mayores garantías.


“Tenemos muchas ganas de volver, pero queremos hacerlo bien, de momento empezaremos los cuatro hermanos, cuando ha habido épocas en las que hemos tenido hasta 22 camareros”, expresa el empresario hostelero.


El sector está aún a la espera de que se resuelva la nueva normativa andaluza sobre los negocios de hostelería en la playa. Llevan esperando más de una década para poder arbitrar una serie de medidas con la nueva ley como el periodo de las concesiones y el canon anual, sobre todo en la capital. 

 

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