Sesenta años de servicio a través del sacerdocio

Cinco curas han celebrado su aniversario. Carlos Fernández Revuelta es uno de ellos

Don Carlos muestra la foto del día de su Ordenación, dando la Comunión a sus padres.tyle>.
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Marta Rubí
22:21 • 15 jun. 2014

Repasa los nombres y no cabe duda de que su generación ha marcado a la iglesia almeriense. La semana pasada, cinco sacerdotes diocesanos celebraron conjuntamente los 60 años desde su ordenación: Agustín Martínez Gilabert, Alberto Beltrán Berenguel, José García Sánchez, Manuel Navarro Ponce y Carlos Fernández Revuelta. Del mismo año son también José Francisco Serrano García y Justo Mullor García, “aunque él se ordenó el 8 de diciembre”.
Hablamos con Carlos Fernández Revuelta, que era el más joven de los diáconos aquel año de 1954. “Terminé los estudios antes de tiempo pero me tuve que esperar porque no tenía la edad suficiente, 22 años, que marca la Iglesia para ordenarme”, recuerda. Una regla que permanece ahora, “aunque como ahora entran más tarde no suele darse este problema”, afirma el sacerdote. Él tenía tan sólo diez años cuando ingresó en el seminario menor, cuyo edificio se encontraba en el solar donde ahora se levanta la Casa Sacerdotal San Juan de Ávila, donde ahora viven cuatro de aquellos siete sacerdotes. “Fíjate que voy a terminar mi vida precisamente donde la empecé”, señala don Carlos ante la curiosidad.




Llamados Su vocación fue quizá empujada por un tío paterno, sacerdote. “Lo recuerdo muy bien en los años de la guerra. Yo tenía cinco años y cuando tocaban la alarma para que nos fuéramos a los refugios, yo veía que se quedaba haciendo algo...; hasta que descubrí que estaba celebrando misa”, relata.
Para sus padres, José Fernández Martínez y Amalia Revuelta Caja, fue una alegría que Carlos fuera llamado al sacerdocio. Sus palabras son de admiración hacia ellos, especialmente su madre. “Éramos cinco hermanos varones, mi padre y un tío que vivía con nosotros. Así que estaba ella para todo hombres”. Muestra entonces una fotografía del día de su ordenación, en el momento en el que les está dando la Comunión.
“Los años de seminario fueron muy duros, si se pasaba hambre fuera, imagínate dentro”, describe don Carlos. Fue entonces cuando el seminario menor se trasladó al edificio actual y no sabía el almeriense que allí pasaría sus primeros 15 años de servicio. “Fue curioso. Estaban mis compañeros en ejercicios espirituales y yo estaba sin hacer nada. Me llamó el padre Méndez, que era el rector del seminario, para pedirme que fuera a echarle una mano unos días. Me llevé un pijama y un libro, y me quedé 15 años como formador, aunque sin nombramiento”, ríe.
Después sería capellán de las Siervas de los Pobres, consiliario de las JOC y HOAC, que nacieron de su mano, y párroco en Los Ángeles, La Chanca (“que ha sido lo que mayor bien me ha hecho”) y  18 años en San Juan Evangelista del Casco Histórico. Allí celebró el sábado los 60 años desde su primera misa, con el mismo espíritu de servicio de entonces.










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