El Lugarico: La mejor foto del franquismo

El documento gráfico es posiblemente una de las más sobresalientes fotos del régimen franquista

Franco recorre el Paseo hacia arriba en un rolls descapotable
Franco recorre el Paseo hacia arriba en un rolls descapotable
Francisco Giménez-Alemán
22:18 • 18 mar. 2023

Si Domingo Fernández Mateos hubiese sido americano, con esta foto de Franco en Almería 1943 hubiese ganado el Premio Pulitzer (Feature Photography) y estaría desde entonces en el cuadro de honor de los grandes fotoperiodistas de la historia codeándose con Robert Capa, Henri Cartier-Bresson y sus otros geniales compañeros de la Agencia Magnum. El documento gráfico publicado por Manuel León en estas páginas el pasado día 11, es posiblemente una de las más sobresalientes fotos del régimen franquista en sus cerca de cuarenta años. Es una imagen de la dictadura sólo comparable a las de Franco con Moscardó en el Alcázar de Toledo, con Saliquet en el desfile de la Victoria, con Eisenhower en Barajas, con De Gaulle en El Pardo, con la mano vendada por un accidente de caza, con bata de casa en el hospital cuando la flebitis, con el Príncipe Juan Carlos en el balcón del Palacio Real semanas antes de morir o la del helicóptero llevándose sus restos mortales del Valle de los Caídos. Y alguna se me olvidará; si claro, pero no quiero ni mencionar las fotos canallas que le hizo su yerno cuando agonizaba.



Lo he recordado estos días en los que vuelvo a leer la extraordinaria biografía actualizada de Franco, de Paul Preston, que domingo a domingo está ofreciendo a sus lectores el diario El País. Fue aquella una visita a Almería el 9 de mayo de 1943 en la que, por cierto, y desde la tribuna instalada en la Puerta de Purchena, el caudillo dijo una frase que dio la vuelta al mundo: “Hemos llegado a lo que suele llamarse un punto muerto en la lucha: ninguno de los dos beligerantes tiene fuerza para destruir al otro”. A este discurso Paul Preston le da la máxima importancia porque, según el gran historiador británico, Franco aceptaba por primera vez la posible derrota del Eje.



Pero volvamos a la foto que ya puede verse en los Museos de Terque que con tanto acierto dirige y promueve Alejandro Buendía.  Desde el punto de vista periodístico, la imagen contiene todos los ingredientes imprescindibles del scoop, como los anglosajones definen a esas impactantes primicias informativas que atrapan la atención del público. Esta imagen tiene, sobre todo, movimiento. En el Rolls Royce Phantom IV, adquirido por el Estado durante el reinado de Alfonso XIII, Franco navega sobre el mar de las adhesiones de falangistas, militares y partidarios (los sospechosos permanecían detenidos durante la visita), en un instante de la secuencia en el Paseo a la altura del ficus centenario que se enseñorea de la avenida en el cruce de Lachambre. Con resonancias cinematográficas del Novecento, la avanzadilla trota al paso del automóvil, adivinándose detrás el coro multitudinario (¡Franco, Franco, Franco!) de miles y miles de almerienses agradecidos o temerosos por la presencia del nuevo César que en solitario cabalga sin miedo a quienes le rodean, incluso pudiendo tocarle la casaca. Llama la atención la falta de escoltas de seguridad, su renombrada guardia mora, aunque no cabe la menor duda de que si alguien hubiese intentado la menor hostilidad habría sido reducido al momento. Es de suponer que los agentes de guantes blancos y el oficial que a la izquierda porta en la mano una vara o instrumento inidentificable, no le perdían ojo al vehículo y al ocupante en su triunfal ascenso hacia la céntrica plaza de la ciudad. No tiene desperdicio esta inmensa fotografía de Domingo Fernández Mateos, pionero del fotoperiodismo almeriense. Conocí a Domingo y a su hermano Ángel, perfumistas de dispar fortuna, el primero con su fábrica de polvos de talco y el segundo con su empresa de fragancias Nike, que lo convirtió hacia los sesenta en uno de los pocos millonarios de Almería, en competición con Antonio López Jiménez, fundador de Briseis, que triunfaría en los mercados con su Tulipán Negro, entre otras esencias de enorme éxito popular.



Franco volvió a Almería hasta en tres ocasiones más: 1956, 1961 y 1968, esta última en avión para inaugurar el aeropuerto. Pero ninguna tuvo como la de mayo de 1943 la fuerza mediática que hoy podemos valorar, pese a que la fotografía a que nos referimos nunca fue publicada. Acaso los severos censores de los años cuarenta advirtieron el exceso de entusiasmo desbordado, aunque la realidad no desmentida por ningún historiador es que la derecha almeriense recibió el final de la guerra con algo más que alivio: con verdadero regocijo, después de tres interminables años de atroces asesinatos, de destrucción de buena parte del patrimonio artístico de la Iglesia y de ocupación de propiedades privadas mientras que el Gobierno del Frente Popular miraba para otro lado. Esa sensación de liberación está plasmada en la inapelable imagen tomada por DFM, que trasluce asimismo el grado de adhesiones unánimes e inquebrantables a que obligaba el nuevo régimen y su temible Causa General, especialmente dura aquellos años de posguerra. 







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