De Almería a Berja: un tranvía llamado deseo

El ingenio fue proyectado por don José de Roda en un remoto 1902 aprovechando un salto de agua

El primitivo camino de tierra que salía de Almería dirección al Poniente, con San Telmo arriba. A la derecha, José de Roda.
El primitivo camino de tierra que salía de Almería dirección al Poniente, con San Telmo arriba. A la derecha, José de Roda.
Manuel León 11:20 • 29 may. 2022

A estas alturas puede que no quede ya nadie vivo que nos lo aclare, que dirima si don José de Roda era un hombre cuerdo o un sonámbulo; en este tiempo ya parece que no será posible conocer la pasta de este voluntarioso ingeniero de caminos afincado en Almería, que en 1902 se atrevió a hacer la petición de una  concesión, publicada en La Gaceta, para explotar un tranvía eléctrico desde Almería hasta Berja. No parece que fuera la simple extravagancia de un díscolo perito de aquella época: presentó una instancia con el proyecto íntegro a la Dirección General de Obras Públicas y depositó una fianza de 500 pesetas. 


Cómo fue posible que un técnico de primer nivel apostara en época tan remota por una modernidad como era entonces un tranvía eléctrico en Almería, esa Almería de la que solo unos años antes,  el también ingeniero Echegaray -antes de ser Nóbel de literatura- dijera que en esa provincia no había ni un sólo kilómetro de carretera útil, solo ramblas y quebrados para animales de tiro. El primer tranvía eléctrico circuló por Berlín en 1879, obra del ingeniero Siemens y Bilbao fue la aventajada ciudad donde llegó primero este invento a España en 1896 en un corto trayecto urbano. Y tan solo seis años después, el ingeniero Roda quiso hacer un ingenio eléctrico en Almería, que cubriera una distancia de 56 kilómetros desde la capital hasta la uvera Berja, que quizá fuera comparativamente tanto como pretender ahora que el Ayuntamiento de Almería, por su cuenta y riesgo, con su alcalde Ramón, se propusiese encabezar una expedición al planeta Saturno para buscar indicios de vida.


No salió adelante -como no podía ser de otra manera- el tranvía eléctrico de Roda, como no salieron tantos proyectos que vinieron después (como siguen sin seguir saliendo, ¡ay!), pero no deja de emocionar el empeño de este técnico quijote por plantearse hace  120 años una empresa tan romántica como inaudita.



El proyecto presentado por Roda -miembro de una de las más acrisoladas familias almerienses oriundas de La Alpujarra y Adra- era el de un tranvía eléctrico sin miseria ninguna, para viajeros y mercancías. El recorrido literal era el siguiente: “Arrancará el tranvía del señor Roda frente al tinglado número 1 del Muelle de Poniente de Almería, entrando por la carretera de Málaga, atravesando el poblado de Aguadulce y siguiendo por la misma carretera hasta encontrar la de Berja a la Venta del Olivo, por la que continuará pasando por la travesía exterior de Dalías y siguiendo por la carretera hasta la Plaza de la Verdura de Berja donde terminará el trayecto”. La Dirección de Obras Públicas terminaba el anuncio dando un plazo de un mes para presentar otras peticiones que mejoraran el proyecto. 


El as en la manga de Roda para llevar a cabo tamaña iniciativa que necesitaba de una fuerza motriz, era el del aprovechamiento hidroeléctrico de un salto de agua junto al manantial de Fuente Nueva en la Sierra de Gádor.  Y para ello,  José de Roda, junto a su pariente Francisco Roda Spencer, según ha estudiado Francisco Espinosa, hicieron una propuesta a la sociedad  San Miguel, propietaria de Fuente Nueva y se formalizó un contrato privado elevado a escritura pública en Berja el 8 de abril de 1900.



Nunca salió adelante ese  pintoresco y exagerado proyecto, que ni siquiera hoy día sería viable por su complejidad y anacronismo (nada se queda anticuado más rápido que el futuro), pero durante años fue como un sueño que mantuvo en vilo a los exportadores de uva y a los propios naturales. José de Roda López, sin embargo, no era precisamente un chalado: dirigió los tendidos de cinco tranvías y estaciones en España (Nador-Zeuluán, Aldealengua, Babilafuente, San Morales y Villar de Gallimazo, todos entre 1911 y 1914. El de Nador, promovido por el Ministerio español de Fomento en tiempos de Canalejas, fue construido en seis meses. Dirigió también los trabajos del primer ferrocarril Avila-Salamanca y por su celo incansable, el pueblo de Peñaranda le dedicó un homenaje y una calle a su nombre.


Su biografía, muy desconocida en Almería, arranca en 1869 en el pueblo de Albuñol, hijo de Cecilio de Roda Pérez, un cacique alpujarreño que dio cobijo al escritor Pedro Antonio de Alarcón en su célebre viaje por la comarca. Pariente de los Roda Spencer almerienses, el ingeniero se afincó también en Almería y matrimonió con Araceli Cassinello Núñez, hija del prócer Juan Cassinello y Cassinello. En Almería tuvo su casa principal en el Paseo del Príncipe número 30, aunque recorrió distintas ciudades por el desempeño de su profesión. El matrimonio Roda Cassinello cedió un solar de su propiedad en 1926 para la construcción de un grupo escolar en la parte norte de la Plaza de Toros. 




Roda ganó unas oposiciones como jefe de Explotación en el Ejército y se jubiló como comandante honorario en 1939. Los últimos años de su vida, ya viudo y con seis hijos, los pasó en Madrid, en una casona del Paseo del Cisne, hasta su muerte en 1961. Nunca le devolvieron la fianza de aquel sueño de juventud, el de unir  Berja y Almería a través de su tranvía, un tranvía llamado deseo. 


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