El primer almeriense que hizo cine

Victoriano Lucas, un delineante de Gérgal, cumplió su sueño de convertirse en un Lumière

Victoriano Lucas nació en Gérgal en 1870 y falleció en Almería en 1932. Fue uno de los más reputados fotógrafos de su época y un pionero del cine.
Victoriano Lucas nació en Gérgal en 1870 y falleció en Almería en 1932. Fue uno de los más reputados fotógrafos de su época y un pionero del cine.

Un 23 de noviembre de 1896 -el mismo año que llegó el ferrocarril de Linares- un pequeño grupo de almerienses que hacía cola para entrar en el Teatro Novedades (actual sede de la Agencia Tributaria en el Paseo) vio por primera vez el cine. Uno se imagina la cara que podrían aquellos precoces espectadores entre tinieblas rotas por un haz de luz dentro de ese primitivo armazón de madera que de teatro tenía solo el nombre. 


Era el cinematógrafo un invento revolucionario llegado al corazón de  la ciudad de la Alcazaba tan solo dos años después de que lo mostraran por primera  vez al público parisino los hermanos Lumière y seis meses después de que el aparato se proyectara por primera vez en Madrid, en el Hotel Rusia. Fue esa antelación cinematográfica almeriense como un anticipo del idilio de todo lo que vendría seis décadas más tarde con Tabernas y Leone como arietes.


La primera película que vieron aquellos antepasados nuestros aquella tarde de otoño, justo donde hoy ajustamos cuentas con el fisco, fue ‘Vistas de París’.  Entonces se les llamaba a las películas ‘cuadros de imágenes en movimiento’ y según narran las crónicas que se conservan de los diarios de la época, algunos de los asistentes se tapaban los ojos espantados al creer que el Hispano Suiza que veían en la pantalla circular por la rue Saint-Denis los iba a atropellar. ¡Ohhhh! se oía en el patio de butaca cada vez que se veía un plano general de la ciudad de la luz y ¡ahhhh!   con la boca abierta cuando la cinta enfocaba a señoritas con lentejuelas y a caballeros caminando con sombrero y bastón con el acostumbrado paso acelerado del cine mudo.



Debió ser para toda esa gente de antaño como cuando años después nosotros recibimos la primera llamada en un móvil o como cuando descubrimos que con el Nestcape  y un ratón se podía navegar por el mundo desde nuestro escritorio.


El antecedente del cinematógrafo en Almería fue la linterna mágica, un artefacto óptico basado en la cámara oscura que recibía imágenes y las proyectaba en el exterior. El industrial almeriense Agustín Morales colocó la primera en 1891 en la Plaza Circular y también se proyectaron imágenes en la calle del Mercado y en el  terrao de la Posada de los Alamos. A esta fiebre por reflejar imágenes en movimiento contribuyó la llegada de la energía eléctrica a Almería en 1890 con la fabriquilla La Constancia ubicada en El Quemadero.



A partir de esa proyección en el Novedades, los primeros escarceos del cinematógrafo en la ciudad llegaron a través de pabellones ambulantes que se instalaban como circos en descampados y que la gente veía como cosa misteriosa  y hechicera. También hubo cinematógrafo en el Teatro Principal y al aire libre en la fiestas de 1898 en el Malecón, que era del empresario foráneo Antonio de la Rosa, y en el Salón Actualidades, de José Cánovas, en el Boluevard del Príncipe.


El verdadero artífice, sin embargo, de la revolución del cine mudo en Almería, fue un fotógrafo y fino pintor gergaleño llamado Victoriano Lucas Martínez, que había llegado muy joven a Almería a trabajar como aprendiz de delineante. Con el tiempo abandonó los lápices y el compás para abrir en 1898 un estudio de fotografía y pintura al óleo en el Paseo del Príncipe, 43, donde hoy está la Galería Comercial. Allí, en ese establecimiento que bautizó como Centro Artístico en la Almería de entre siglos, empleó como aprendiz a Antonio Mateos, que sería luego competidor, e invirtió en la mejor tecnología fotográfica del momento con papel platino y el radiotin. 


El virtuoso Victoriano, que aprendió de los fotógrafos ambulantes que aparecían de cuando en cuando por la ciudad, se convirtió en el retratista oficial de la burguesía almeriense -fotografió, por ejemplo, al niño Federico García Lorca  y a un hijo de empleado de aduanas llamado Camilo José Cela- y desbancó de ese puesto de jerarquía al célebre Balonga.

 

Tuvo este pionero la ayuda de su esposa, Ascensión Espinosa, quien retocaba y perfilaba en el laboratorio los negativos de su maestro, con la pericia que luego también destiló Guerry. Uno observa un retrato de Lucas, por ejemplo el del consignatario José López Guillén, e imagina en sus ojos toda la atmósfera portuaria de los barriles y en sus arrugas toda esa lucha de la estiba diaria. Sabía sacar el alma a esos caballeros que posaban frente a un lienzo blanco, sentados en una silla de damasco con un sombrero de copa entre las manos o esas damiselas que se hacían tarjetas de visita antes del casamiento con las mejillas coloreadas y un ramo de rosas sobre el pecherín. Fue también, este Victoriano magnífico, de ideología republicana, un acendrado inventor con seis  ingenios registrados. Uno de ellos, un tipo de barril uvero combinado para el que abrió un almacén en la calle Navarro Rodrigo y que gozó de un notable éxito al garantizar una mejor conservación de la fruta en sus envíos transoceánicos.


Pero donde más brilló el espíritu explorador de este almeriense difícil de clasificar fue en sus escarceos con el cine, cuando todavía estaba lejos de ser una industria. En 1902 creó  junto a Antonio Mateos y Primitivo Vidal una sociedad llamada 'La Luz', con maquinaria traída de París, que fue la primera experiencia cinematográfica genuinamente urcitana. Todo estaba por hacer, pero ese verano instalaron en el Real de la Feria un artístico pabellón con un cinematógrafo que fue itinerando por ferias de la provincia como las de Berja, Dalías y Cuevas del Almanzora.


En esa sociedad, que se diluyó en 1907 por razones desconocidas, Victoriano no se limitaba solo a ejercer de empresario sino que filmó las primeras películas mudas almerienses, que eran como anticipos de documentales de la época: las corridas de toros de la feria, la faena de la uva en el cortijo que el propio Lucas poseía en El Alquián o la llegada del tren botijo de Almería a Albolote


Fue, por tanto, Victoriano no solo empresario de la prehistoria del cine, sino también productor y realizador de las primeras imágenes en movimiento en las que aparecían calles, plazas y almerienses de la época; fue este gergaleño polifacético, como nuestro Lumière particular, aunque la pátina que deja el tiempo haya difuminado su rastro. Solo quedan hoy sus retratos guardados en viejas cajas de lata o de cartón o pegados en álbumes de charnela, pero ninguna de sus antediluvianas películas, que valdrían hoy como un potosí.



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