El Lugarico: Pérez Siquier y Juan Goytisolo

Un acierto unir la letra de Goytisolo a las imágenes de belleza tomadas por Pérez Siquier

Imagen de archivo de Carlos Pérez Siquier.
Imagen de archivo de Carlos Pérez Siquier.

Dentro de la modestia de su talante, Carlos Pérez Siquier no quiso decir nunca públicamente que el libro La Chanca de Juan Goytisolo se inspiró en su colección fotográfica que mediados los años cincuenta hizo pacientemente nuestro gran artista de la cámara hoy desaparecido. El propio Goytisolo lo comentó en más de una entrevista al revelar el impacto emocional que le produjeron esas imágenes en blanco y negro, y que a partir de ahí comenzó a escribir la que sería una de las grandes obras del realismo literario español. Años después la Junta de Andalucía tuvo el acierto de maridar en una sola edición texto y fotos, de suerte que el lector tiene así la realidad de La Chanca narrada con viva crueldad por un excelso escritor e ilustrada por un genial fotógrafo almeriense.


De las muchas ocasiones que tuve de conversar con Pérez Siquier recuerdo especialmente el buen rato que echamos en el teatro de la Maestranza de Sevilla cuando recibió la medalla de oro de Andalucía de manos del presidente Manuel Chaves, como reconocimiento a su trabajo, a su incansable dedicación a la fotografía y a su acendrada pasión por nuestra tierra, porque si algo llevaba Carlos en el fondo de su alma era un almeriensismo sin fisuras. Una vez le pregunté que cómo se veía Almería por el objetivo, y en lugar de contestarme me cedió la máquina y solo me dijo: “Mira”. Comprendí entonces el verso de Antonio Machado: “El ojo que te ve no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve”. Es decir, lo que el artista ve a través de su objetivo no es una foto porque tú la estés viendo, sino que es un plano que te capta a ti. No de otra forma puede entenderse el arte de este gran maestro de la fotografía, cuya habilidad consistía, por ejemplo, en retratar a la niña de La Chanca en su puerta con esa naturalidad expresiva de la que solo son capaces quienes están tocados por el don de la excelencia. Carlos era un genio al que podías ver con su guayabera paseando o tomando una caña sin dárselas de nada que no fuera su sentido de la amistad y de la empatía.


Algo distinto era al parecer Juan Goytisolo a quien solo he alcanzado a conocer a través de los escritos de nuestro paisano Federico Utrera. Un tanto distante y como encerrado en su mundo interior descubrió el paraíso en Almería de la que quedaría prendado de por vida. No se explicaba cómo se podía hablar de la belleza telúrica sin referirse a los paisajes de estas tierras, como así lo comentaba José Ángel Valente llegado, y anclado junto a la Catedral, de la mano del autor de Campos de Níjar. Así pudimos verlo por última vez en la tele cuando los Reyes le entregaron el Premio Cervantes y supimos que vestía un traje prestado con cierto desaliño indumentario. Acaso porque La Chanca, prohibido por la censura franquista -no se editó hasta 1962 y en París- fue considerado por la intelectualidad orgánica como libro maldito, o porque ponía de relieve las vergüenzas de nuestra ciudad, el caso es que Goytisolo no disfrutó de la popularidad que una obra tan descarnada podía haberle reportado. Y, además, su carácter apocado y ciertamente tímido no le ayudaba en nada. Revisen, si no, las imágenes del solemne acto al que me refiero en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, 23 de abril de 2014, en las que parece estar deseando que aquello termine cuanto antes, seguramente por su nula simpatía hacia la Corona y su aversión a la pompa y circunstancia.  



Sin embargo, personalidades tan distintas coinciden en la narración literaria y gráfica del drama secular de La Chanca, a la que uno y otro, con la pluma y con la cámara, le sacan el máximo partido en un libro que pasa a la historia de Almería como exponente de la incuria de los sucesivos gobiernos locales y nacionales que permitieron la pervivencia de tal submundo, reino de la miseria, de la insalubridad y del tracoma. Fue un acierto por parte de la Consejería de Obras Públicas de la Junta, en edición de 2008, unir la letra de Juan Goytisolo a las imágenes de rarísima belleza tomadas por Carlos Pérez Siquier a lo largo de horas de caminatas por los vericuetos de La Chanca, sus cuevas, sus chabolas y sus fachadas multicolores.


He recordado estos días a Carlos Pérez Siquier recibiendo la máxima condecoración andaluza en el Maestranza y la medalla de Bellas Artes entregada por los Reyes con el retraso que impuso la pandemia. Y me ha llenado de legítimo orgullo que un almeriense discreto y buena persona, artista genial e innovador de las artes fotográficas esté recibiendo el reconocimiento de toda España cuando, a los noventa años, se le ha cerrado para siempre el obturador de su retina. 




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