La peste de Almería

Pasear por Las Almadrabillas es como con la nueva factura eléctrica: hay horas punta y valle

Estado lamentable del final de La Rambla de Almería.
Estado lamentable del final de La Rambla de Almería. La Voz

Así, sin paños calientes: la peste de Almería. Porque es peste lo que flota allí, en ese punto fatídico de la rambla de Las Almadrabillas. Unos pasan como cagándose en los muertos de los otros por el hedor, al tiempo que los otros miran a los ojos de los que se cruzan y piensan "ehh, a mi no me mires, que yo no tengo la culpa". Como cuando éramos escolares y en la clase alguien se pegaba un pedo y olía fatal. "Que yo no he sido", jurábamos todos al maestro. Pero alguien era -siempre era alguien- quizá el maestro. En Las Almadrabillas pasa lo mismo: alguien debe de ser. Después de lustros aguantando ese estercolero, ese olor fétido junto a la ballena, el Cable Inglés -el olor llega a veces hasta el Gran Hotel- alguien debe de ser. 


Los almerienses, por tanto, a la hora del paseo ribereño, como en la nueva factura eléctrica, tienen también sus horas punta, llanas y valle, dependiendo del hedor, dependiendo del viento que sople en la bahía. Si hace Poniente, a partir de las cinco de la tarde, no es nada recomendable pasar por allí, es hora punta, evítelo. Cruce mejor por el semáforo de Carretera de Ronda; si hay bajamar, malo también: el mal olor aumenta y el espectáculo que se deja ver allí, junto a la locomotora estacionada, es dantesco: riachuelos fecales saliendo por debajo del puente, basuras acumuladas, cartones, botellas vacías, zapatos viejos, roedores, insectos, aguas negras convertidas en un tarquín infumable donde picotean palomas llevándose adheridas en las patas, quién sabe dónde, restos de inmundicia. La hora valle, cuando menos apesta, es de madrugada, cuando a veces amaina el aire y vuelve un poco la marea. Por tanto, si tiene que pasear, hágalo a las 3 de madrugada, al igual que hemos descubierto que es la mejor hora para planchar.


El otro día, al atardecer, un despistado se sentó romántico con su pareja en la pequeña dársena junto a la ballena, le echó el brazo por la espalda y solo duraron cuatro minutos de reloj. Hay también quien, optimista, echa la caña creyendo que puede pescar algún pez.



La peste de las Almadrabillas es ya un clásico en Almería. No es un problema de primer orden: no es la falta de trenes ni el aumento del cultivo de marihuana. Es solo un área muy pequeña de la ciudad, "una simple cosa", que cantaría Mercedes Sosa. Por allí caminan o circulan en bicicleta a diario cientos de ciudadanos en dirección al Paseo Marítimo para un rato de relax o muchachos rumbo al Ego o señoras que salen a sacar al perrito y no se merecen ese bochorno ya casi naturalizado, como si hubiera que olfatear a mierda por narices, como cuando se entraba a la letrina de una caseta de feria a las cinco de la mañana. 


Para el Gobierno Municipal no debe ser un tema prioritario: el año pasado se adoptó un acuerdo plenario por unanimidad para limpiar y solucionar de una vez el problema de las aguas fecales de Las Almadrabillas. Antes aún, en 2015, Luis Rogelio anunció mejoras para evitar los vertidos en la zona. Lo que se ha hecho hasta ahora, para evitar males mayores y que se convierta en un problema sanitario, es apagar el geiser y la fuente de los 102 pueblos. 



Es como tener un estercolero en la parte más bonita de la ciudad, junto a ese Cable Inglés que se está rehabilitando y desde el que se verá en toda su plenitud esa pequeña playa llena de inmundicias y oliendo como cuando se abre una tajea. "Hacia allí no miren, por favor", aconsejarán los guías turísticos a los visitantes cuando se reinaugure el ingenio. Es raro que Miguel Arranz, siempre tan cáustico, no haya hecho hasta ahora una caricatura con la situación.


Quizá no tenga solución, quizá haya que convivir con ello eternamente, como convivimos con los derrumbes del Cañarete o con el PERI de San Cristóbal.


Desde Aqualia, que lleva la gestión de la distribución y saneamiento de aguas de la ciudad,  aseguran que se produce por estancamientos de agua y que se han hecho varios estudios para solucionarlo con un proyecto para hacer un desvío bypass y alargar el emisario hacia Levante. Las instalaciones portuaria también lo sufren y su presidente, Jesús Caicedo, entiende que el proyecto debe de ser muy costoso y debe pasar por alargar el tubo. Mientras tanto, los almerienses tendrán que encomendarse a los vientos y a las horas valle, como con Endesa, para dar dar una vuelta y estirar un poco las piernas cada tarde por Las Almadrabillas. 


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