El robo de cáñamo que acabó en crimen: “Todo esto es mío, nos lo vamos a llevar”

LA VOZ accede a informes de la Policía Nacional sobre el crimen del agricultor de La Cañada

Pasillo de acceso a la parte trasera de la finca
Pasillo de acceso a la parte trasera de la finca La Voz

La Policía Nacional bautizó la investigación como Operación Cementerio, en alusión a la cercanía del camposanto de La Cañada de San Urbano (Almería), aunque la elección bien encaja con la macabra condición del episodio. Un agricultor murió y sus dos hermanos resultaron heridos graves tiroteados en un invernadero del Paraje Las Cintas el pasado 30 de septiembre. Cinco meses de instrucción evidencian el plan violento perpetrado por un grupo de jóvenes que apenas cumplen los 20 años.


Los informes del Grupo IV de la Policía Nacional (Homicidios), a los que ha tenido acceso LA VOZ DE ALMERÍA, evidencian que la agresión se gestó unos días antes con un plan para  “robar marihuana”, no exento de torpezas. Según las diligencias, entre ocho y diez jóvenes acordaron hacerse con una plantación ubicada en un invernadero de La Cañada de San Urbano.


Los presuntos agresores no conocían a los propietarios de la finca agrícola (totalmente legal) y ni siquiera está claro que supieran que “la marihuana” que perseguían era en realidad un cultivo de “cáñamo industrial” sin toxicidad (menos de un 0,2 por ciento).




La noche del 29 al 30 de septiembre, las víctimas escucharon el sonido de unas tenazas rajando la banda del invernadero y comenzaron a gritar para espantar a los ladrones. En el interior había tomates, calabacines y una pequeña superficie de cáñamo industrial, convenientemente legalizado.



Orificio de impacto de una bala en la malla del invernadero
Orificio de impacto de una bala en la malla del invernaderoLa Voz




Según la investigación, M. F. (luego muerto a balazos) sorprendió a tres chicos. Españoles, delgados, pelo rapado en los lados y flequillo. “Somos policías”, aseguraron a modo de defensa. Cuando la víctima les inquirió para que se identificaran, uno de ellos respondió a modo de advertencia. “Vamos a llamar a más gente y vamos a entrar por todos lados”. Luego se marcharon del Paraje Las Cintas.


Esa noche los perros volvieron a ladrar a las cuatro de la madrugada y en el horizonte se escucharon detonaciones que algunos testigos identificaron como “disparos” y otros como “petardos”. Un presagio.

Una noche antes
Los afectados habían sufrido anteriormente otros intentos de robo y, en esta ocasión, no denunciaron ante la Policía Nacional. No en vano, el llamado Sector Cuatro es un sitio especialmente complicado desde el punto de vista de la delincuencia, en muchas zonas laberíntico. En el entorno se mezclan robos de productos hortícolas en invernaderos y alhóndigas con un incipiente mercado de la marihuana. Los propietarios optaron por reforzar la seguridad del invernadero e incrementar la vigilancia.


Sobre las 19 horas del 30 de septiembre, según consta en los informes del Grupo IV de la Policía Judicial, mientras los hermanos y algún familiar más trabajaban entre tomates, volvieron a escuchar el desgarro de la malla. Allí estaban los tres asaltantes de la noche anterior con sus refuerzos, según las declaraciones aportadas al Juzgado de Instrucción número Seis de Almería.


Entre los atracadores estaba presuntamente A. M. de 21 años, señalado por varios de los detenidos como el autor material del crimen y principal cabecilla del grupo. También es el último de los detenidos por parte de la Policía Nacional en la Operación Cementerio, según informaron fuentes oficiales de la Comisaría Provincial de Almería.


Primero encañonaron en la cara a un vecino de una finca colindante a un metro de distancia y luego atacaron a M. F. y a sus dos hermanos. Había “unos nueve o diez individuos”, según el relato de uno de los testigos oculares. “Todo esto es mío y nos lo vamos a llevar”, dijo presuntamente A. M. antes de subirse a una pequeña tapia de una balsa, a unos tres o cuatro metros, y comenzar a disparar sobre la banda del invernadero.



Muro de la balsa (derecha) desde donde disparo al invernadero (izquierda)
Muro de la balsa (derecha) desde donde disparo al invernadero (izquierda)La Voz


M. F. cayó herido de muerte con un balazo que alcanzó un pulmón y el corazón y otro impacto en la zona abdominal. Su cuerpo yacía en el interior del invernadero cuando llegaron los agentes. Mientras, una ambulancia trasladó hasta Torrecárdenas a sus dos hermanos en estado grave. Las víctimas nada tenían que ver con los agresores y contaban con una plantación legal de cáñamo, usado para la industria textil y para ciertos trabajos en mobiliario y ornamentación.  


La investigación ha necesitado cinco meses para capturar a los presuntos agresores, aunque las primeras pistas eran sólidas. No solo había, al menos, cuatro testigos oculares, sino que además los asaltantes utilizaron dos vehículos identificados. Uno de ellos era una furgoneta gris con cristales tintados y ciertas características estéticas que la hacían “única en toda la provincia de Almería”, según revela la Policía Nacional.

Cataluña

Esa furgoneta estaba a nombre de una familia de El Puche y era un hilo fundamental del que tirar. Ni era el ataque de ansiedad que simuló la mujer en la Comisaría de Almería cuando le dijeron que su vehículo estaba siendo investigado en un crimen (conocía el caso por su hijo y llevaba días planificando una estrategia, como señalan las escuchas) pudo desviar el punto de mira de los investigadores.


Los arrestos se fueron sucediendo. A lo largo del mes de noviembre cayeron seis detenidos (cinco enviados a El Acebuche). Sin embargo, quedaba pendiente el supuesto autor material. A. M. se había marchado a Tarrasa (Barcelona) tras un breve parada por Santa Fe de Mondújar, según los investigadores.


La captura no fue sencilla. “Las extremas medidas de seguridad adoptadas por él y su entorno dificultaban considerablemente su detención en la vía pública”, expuso la Policía Nacional. Salía muy poco de la vivienda y, cuando lo hacía, usaba una moto y un casco que entorpecía su identificación.


El 1 de diciembre pasado el entorno detectó a agentes de paisano. A. M. huyó a Sabadell, según fuentes oficiales de la Comisaría Provincial de Almería. En este segundo emplazamiento fue localizado y detenido hace una semana.


Además del supuesto crimen, del que es culpado por otros de sus compañeros, tenía dos requisitorias judiciales vigentes. La Policía Nacional considera esclarece el suceso con su arresto y la magistrada instructora Almudena Nadal ha levantado el secreto de sumario, tras cuatro meses de discreta búsqueda de los autores.


Se abre ahora la ventana del futuro juicio por un homicidio, dos tentativas de homicidio y un robo con fuerza. La determinación de las presuntas responsabilidades de los acusados será, sin duda, clave para el destino de esta Operación Cementerio. La marihuana vuelve a matar, incluso cuando no es ni siquiera una droga.

 

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