Salmerón, donde no querría estar

Renunciaría a ocupar el monumento de mármol donde en 2011 colocaron su busto

El busto de Nicolás Salmerón rodeado de un pórtico de columnas en el Parque Viejo.
El busto de Nicolás Salmerón rodeado de un pórtico de columnas en el Parque Viejo. La Voz
Eduardo de Vicente
07:00 • 10 ene. 2021

Si Nicolás Salmerón pudiera, seguro que pediría al ayuntamiento que quitaran su busto del lugar en el que está instalado en el Parque Viejo para no ocupar el espacio que le corresponde a otro colega. 



Una ocurrencia política, allá por el mes de abril de 2011, que no respetó la historia, mandó colocar el busto de don Nicolás que hasta entonces permanecía en una sala de la casa consistorial, delante del pórtico de columnas que fue morada durante más de cuarenta años de otro ilustre político, Carlos Navarro Rodrigo.



A don Carlos se lo llevaron al comienzo del Parque, frente a la estatua de los peces, desterrándolo de su lugar de origen, y al bueno de don Nicolás le concedieron el puesto que no le correspondía, tal vez con el único argumento de que al llevar el Parque su nombre merecía un espacio más importante. 






De haber sido consciente de este cambalache, seguro que Salmerón se hubiera negado al cambio, como ya renunció en su día a otros puestos que moralmente no le satisfacían.



Hay que recordar, la renuncia del ilustre alhameño a la auxiliaría de la cátedra de Historia Crítica y Filosófica de la Universidad Central de Madrid en 1865. Fue a raíz del expediente que el Gobierno de Narváez abrió contra Emilio Castelar, propietario de la cátedra, por unos artículos que había publicado criticando el reinado de Isabel II. Castelar fue destituido del cargo y unos días después, Nicolás Salmerón dimitió de su auxiliaría para no tener que ocupar la cátedra del compañero castigado.



Don Nicolás fue un ejemplo de justicia y de no ambicionar nada que no le correspondiera. Por eso, se hubiera llevado las manos a la cabeza cuando las autoridades municipales de nuestra ciudad le quitaron su sitio a Navarro Rodrigo para otorgárselo al ilustre alhameño.



La historia de la estatua de Carlos Navarro Rodrigo fue larga y a veces tortuosa. Su busto era una parte más de la memoria de la ciudad desde que en 1903 el ayuntamiento decidió su construcción. En la sesión extraordinaria del 24 de diciembre, tras conocerse su fallecimiento, se llegó al acuerdo de rendirle el homenaje “por la constante y generosa protección que desde las alturas del Gobierno dispensó siempre a Almería”.


A pesar de no haber nacido en nuestra tierra, a Carlos Navarro Rodrigo se le consideraba una figura clave para el desarrollo de la ciudad moderna. Para demostrar el reconocimiento a tan notorio político, la corporación municipal acordó mandar construir una lápida para colocarla en el salón de sesiones, con el nombre y méritos del finado, hijo adoptivo de Almería. Se dispuso también, por iniciativa del concejal don Antonio Pérez Cordero, convocar a los vecinos de la ciudad y provincia para llevar a cabo una suscripción popular para erigirle una estatua en el centro de la Glorieta de San Pedro, encabezando la lista de suscriptores la corporación con la cantidad de quince mil pesetas. 


La idea de levantar un busto en homenaje a Navarro Rodrigo tardó en hacerse realidad. Se le encargó al artista almeriense Juan Cristóbal y se terminó de esculpir más de veinte años después de aprobarse la iniciativa. El cinco de diciembre de 1928 llegó a la estación, en el tren de Madrid, el busto y el pedestal de granito, en un  gigantesco paquete de 1.935 kilos de peso. Unos meses después se procedió a su colocación en el corazón del Parque Viejo y no en la Glorieta de San Pedro como estaba previsto.



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