Detrás de la pantalla (IV): Malos tiempos para la mandanga

“Unos audios que esta cuarentena viajan por WhatsApp son una auténtica oda al cine quinqui”

Una agente de la Guardia Civil en una plantación de marihuana.
Una agente de la Guardia Civil en una plantación de marihuana. La Voz

Una de las historias virales de esta cuarentena ha viajado de WhatsApp en WhatsApp a través de unos audios que son una auténtica oda al cine quinqui.


En ellos se narra con todo lujo de detalles una desgarradora tragicomedia. En Pinos Puente, Granada, un muchacho que tiene asuntos pendientes con la ley se ha negado a pararse en un control, ha atropellado a un agente de la Guardia Civil y ha ido a refugiarse en un edificio donde un clan distinto al suyo tenía plantada marihuana como para abastecer a toda Andalucía durante la cuarentena coronavírica.


Es la historia del Banano (que termina siendo cazado por la Guardia Civil) y los Mindolos, que vieron cómo un ejército de la Benemérita aparecía para llevarse al temerario conductor y, de paso, limpiar aquello de ‘maría’.


En este guion, que podría haber escrito Roberto Saviano si el italiano hubiera nacido de Despeñaperros hacia abajo y no en Napolés, aparecen también Los Mocos, Los Chuminos y otras familias involucradas



Vamos, como Shakespeare con los Capuleto y los Montesco, pero con motes de película española casposa, que es lo que le da gracia al asunto, además de la propia narración que hace una señora vía WhatsApp.


El caso es que viajan por internet también otros audios, esta vez jiennenses, de un grupo de WhatsApp creado para que varias personas que se dedican al comercio de productos químicos que no venden en estancos ni en farmacias se vayan avisando de dónde hay controles.


Y en Almería pillaron a un repartidor de algún tipo de droga en pleno Paseo, yendo a entregar un pedido. El negocio debe estar muy mal.


Total, que la reflexión esta vez está clara: qué complicado debe estar siendo dedicarse a lo ilegal en estas semanas de pandemia.


También debe haber caído la afluencia en las casas en las que se dan caricias por dinero. En mi barrio hay un sitio de esos. El Empuje, se llama, por una razón tan tonta como que el cartel que hay en la puerta invita a entrar así: “Empuje”. Convendría pasarse a preguntar si todo va bien, porque el negocio debe estar fatal. Malos tiempos para la mandanga y otras hierbas no legalizadas.

 

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