De padres a hijos, una merienda con sabor a Feria
La Dulce Alianza, experiencia y tradición que perduran en la memoria de Almería

Propuesta de Feria de La Dulce Alianza.
Hay tradiciones que forman parte de la Feria de Almería y que se repiten cada año. Una de ellas llega cada tarde de toros y tiene como protagonista una caja de La Dulce Alianza. Una merienda que, año tras año, continúa reuniendo a varias generaciones alrededor de la misma mesa y que se ha convertido en parte de la experiencia de muchas familias almerienses. Carlos Cano, gerente de La Dulce Alianza, ha sido testigo de cómo esta costumbre se mantiene viva entre las familias. “Es muy generacional”, explica. Padres, hijos y ahora también nietos han convertido la merienda de la plaza en parte de su particular ritual de Feria. “Hay familias que llevan haciéndolo toda la vida”, añade.
Para facilitar que esta tradición se mantenga, La Dulce Alianza también ofrece la posibilidad de entregar los pedidos directamente en la plaza de toros. A ello se suma el catering de los palcos, con servicio de camarero y bebida, una propuesta pensada para completar la experiencia y acompañar las tardes de Feria.
Tradición de futuro
Para la histórica pastelería, esta relación con las familias almerienses también supone una responsabilidad de cara al futuro. “Dentro de 20 años esperamos que nos sigan asociando a la tradición y al ambiente festivo de estas fechas”, apunta Cano. Un vínculo que va más allá del propio producto y que se construye alrededor de momentos compartidos generación tras generación, ligados a esta época del año.
La expectativa también está puesta en la afluencia de estos días. “Siempre es positivo que haya una buena respuesta por parte del público y que la Feria siga teniendo ese respaldo. Para nosotros es una fecha muy importante, no solo por el volumen de trabajo, sino porque nos permite seguir acompañando a los almerienses en unos días tan especiales y formar parte de sus celebraciones”, explica Cano.
Porque, al final, la merienda de La Dulce Alianza no es solo una propuesta gastronómica. Para muchas familias almerienses forma parte de un ritual que se repite cada año y que ha conseguido sobrevivir al paso del tiempo. Entre bollitos, aperitivos, bizcochadas, pastelitos y pepiyos, padres, hijos y nietos vuelven a compartir una experiencia que ya forma parte de la memoria de la Feria.