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Dónde desayunar en Almería: tostadas republicanas frente al escudo de Falange

Donde reinan la tostada y la palomica, se respira un ambiente dicharachero de otra época y dicen que sus desayunos "son los más baratos"

Tostada de lorenzana y café con leche en el Kiosko Matías.

Tostada de lorenzana y café con leche en el Kiosko Matías.Víctor Navarro

Víctor Navarro
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En un mundo dominado por tostadas de diseño, panes de mil cereales y harinas de múltiples exquisiteces, romper con esa tendencia y reivindicar algo tan almeriense y humilde como una tostada de lorenzana siempre es un gesto de agradecimiento.

Esta mantequilla salada no llegó a Almería por casualidad ni se perpetuó en la provincia por arte de birlibirloque. Su historia está marcada por el clima: las altas temperaturas ponían en riesgo su conservación, y la sal se convirtió en su mejor aliada para evitar que se echara a perder.

Aquella lata de Lorenzana—porque sí, era el nombre de la fábrica que la comercializaba en los años 30 del siglo XX—se hizo tan popular en Almería que, de golpe y porrazo, le quitamos la L propia del nombre y la convertimos en un sustantivo escribiéndolo con una minúscula. Como ocurrió con los kleenex que utilizamos cada vez que necesitamos un pañuelo de papel.

La cultura de la Lorenzana y la palomica

No es difícil encontrar establecimientos que ofrezcan esta tostada en su carta, es universal en Almería. Algunos, incluso, tienen un ejército de clientes fieles a este desayuno que, si no es ‘made in Almería’, poco le falta, porque no hace falta mucho más hacer de esta tostada algo grandioso, el toque salado eleva a otro nivel cualquier tipo de mantequilla. 

Muchos la acompañan con otra de las delicatessen más castizas de la provincia: la palomica de anís dulce y seco, en su versión clásica o con el toque refrescante del limoncillo.

En las cafeterías y bares donde reinan la tostada y la palomica, se respira un ambiente dicharachero de otra época, donde no es raro que una conversación animada arranque más de una risotada.

En el barrio de Las 500 Viviendas, en la Plaza del Niño Jesús con la calle Darrícal, frente a los bloques que en 1967 elevó el Instituto Nacional de la Vivienda, existe un pequeño kiosko que comenzó a atender a sus vecinos a principios de los años 80. Su nombre fue Kiosko Matías y, a pesar de su reducido tamaño, se convirtió en uno de los centros neurálgicos del barrio.

Dispone de varias mesas al aire libre alrededor de la estructura, donde los clientes pueden disfrutar al sol de un café con leche o un botellín de cerveza. Si se prefiere la barra, siempre está la opción de apoyar el codo en una pieza de mármol blanco que, aunque baja en altura, luce impecable. Allí se reúne la sabiduría popular del barrio: conversaciones de ida y vuelta sobre todo tipo de temas, algunas con confrontaciones, pero siempre con buen humor.

Dame un café para Felipe VI y el ciudadano Felipe

Y es que este espacio ofrece un contraste costumbrista. Como si se tratase de una película de Berlanga o José Luis Cuerda, el Kiosko Matías presenta una peculiar decoración basada en los colores rojo, amarillo y morado. Sus pequeñas paredes, están cubiertas con banderas, calendarios y pegatinas de la Segunda República Española. Y aquí viene lo berlanguiano del asunto, justo delante de ese oasis segundorrepublicano, el yugo y las flechas de la Falange lo miran constantemente en las placas de las fachadas de Las 500 Viviendas. Cualquiera diría que se cumple el dicho de que, en casa del herrero, cuchara de palo. Siendo dos vecinos que están obligados a convivir.

Placa de construcción de las viviendas de protección oficial de Las 500 Viviendas.

Placa de construcción de las viviendas de protección oficial de Las 500 Viviendas.Víctor Navarro

Más allá de las convicciones de su propietario, la decoración en nada afecta a la actividad de este establecimiento hostelero, al contrario, el fuerte consternaste de simbología a un lado y otro de la calle Darrícal, y la libre opinión de cada cual, convierten a este kiosko de la capital en un sitio divertido y singular: clientes y camareros interactúan con una familiaridad asombrosa, eliminando cualquier postura política. Casi se diría que, tanto Felipe VI para unos o simplemente el ciudadano Felipe de Borbón para otros, se tomaría aquí un café con gusto pagando con su propio retrato.

"Los desayunos más baratos"

Desde el momento en que llegas, basta una palabra para sentirte entre amigos. La atención del camarero que maneja el kiosko es amable y jocosa, y los precios, desde luego, son a tener en cuenta. No en vano, se atreven a bromear con que tienen “los precios más bajos de Almería” para desayunar. Y, echando cuentas, parece que no les falta razón.

Por apenas 2,50 euros, un desayuno completo incluye media tostada de lorenzana, un café con leche en vaso de caña y una palomica con limón. Pero en ese precio también van incluidos los beneficios del sol y del humor de sus parroquianos, que convierten cada visita en una pequeña celebración cotidiana, donde no existen nostálgicos, sino vida de barrio con historia del S.XX.

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