María (75 años), en la concentración por la vivienda: "No hay nada más fuerte que echar a un ser humano de su casa"
Entre 300 y 400 personas se han movilizado este martes en Puerta de Purchena por una vivienda digna en el marco del caso Maricarmen

Eran tres: María, Loli y Antonia. Tres mujeres mayores, con toda una vida a sus espaldas y la memoria de haber visto cambiar Almería con el paso de los años. Una de ellas, Antonia, caminaba ayudándose de un andador. Pero eso no les ha impedido acudir este martes a la Puerta de Purchena para sumar su voz a la de los cientos de personas que se han concentrado en el centro de la capital, convocadas por el Sindicato de Inquilinas de Almería.
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"Ni una Maricarmen más": Almería se concentra en Puerta Purchena por la vivienda
Elena Ortuño
"Dicen que las mujeres no quieren tener hijos. Pero la realidad es que no tienen un hogar donde meterlos. Nosotras preguntamos: ¿Cómo van a tenerlos?", pregunta María, una de las amigas. Mientras habla, Loli asiente con la cabeza. Ella ha pasado media vida en Alemania, donde, recuerda, la situación era muy distinta a la que se encontró en Almería y España a su regreso, hace ya 30 años: "Allí había viviendas sociales asequibles. Mucha gente vivía en viviendas sociales".

Si bien sus historias de vida son distintas, las tres coinciden en dos ideas que hoy las han llevado hasta Puerta de Purchena. La primera tiene nombre propio: Maricarmen. Su caso, dicen, ha marcado un antes y un después y la ha convertido en un símbolo de una lucha que hoy las reúne: "Es un icono, porque ella ha logrado que todos nosotros estemos aquí hoy", asegura, señalando a las más de 300 personas, según fuentes policiales, que se han concentrado a su alrededor. La segunda mira hacia delante, hacia quienes todavía tienen toda una vida por construir: "La gente joven no se puede pagar ni un alquiler ni una casa. ¿Cómo van a construir un futuro? ¿Cómo van a formar una familia?".
Esa preocupación que resuena en las palabras de las tres amigas parece trascender edades y circunstancias. Como prueba, la plaza a reventar: pequeños, mayores y familias comparten hoy espacio y reivindicación. Entre los más jóvenes el diagnóstico no es más alagüeño: independizarse se ha convertido para muchos en una carrera de obstáculos, marcada por alquileres que se comen buena parte del sueldo y por la incertidumbre sobre un futuro que cada vez cuesta más imaginar: "Hay mucha gente que está trabajando y en casa de sus padres, porque no se puede permitir salir", cuenta una de las asistentes. "Me veo sin casa y sin trabajo", resume otra joven cuando se le pregunta cómo imagina su futuro.
Un manifiesto contundente
La concentración no se ha quedado solo en los testimonios de quienes se han acercado hasta Puerta de Purchena. Tras la lectura del manifiesto, los asistentes han protagonizado una sentada y han ido tomando el micrófono para compartir sus propias experiencias y poner voz a un problema que, según los convocantes, va mucho más allá de los desahucios.

"La vivienda se ha convertido en un negocio cuando realmente debería ser un derecho", ha resumido uno de los participantes. Silvio de Miguel, portavoz de la Plataforma en Defensa del Sistema Público de Pensiones, ha señalado durante la concentración que en Andalucía se producen alrededor de siete desahucios al día y ha cifrado en unas 70.000 las viviendas vacías en la provincia de Almería, de las que cerca de 19.000 estarían en la capital y unas 18.000 en Roquetas de Mar.
"A su juicio, la proliferación de alquileres temporales y turísticos está dificultando cada vez más el acceso a una vivienda estable, especialmente para los jóvenes, que ven cómo se estrecha la posibilidad de independizarse y construir un proyecto de vida", ha señalado el manifiesto. Por eso, las reivindicaciones planteadas no se han limitado a frenar los desahucios, sino que han reclamado también unas condiciones de acceso a la vivienda que permitan vivir de forma digna y estable.

Una petición que no ha dejado fuera a las personas en condición de calle ni a los migrantes que pasan sus horas en situación de infravivienda, en los asentamientos de Níjar. "No puede ser que dejen a la gente dormir en la calle, porque se nos mueren", ha denunciado Loli; una realidad que, en el caso de los migrantes y según el Servicio Jesuita, se traduce en cientos de chabolas repartidas por los campos, donde viven miles de personas, hasta 7.000 en temporada alta.
La concentración de este martes termina, pero no la reivindicación. Así lo ha prometido el Sindicato de Inquilinas de Almería, que ya ha anunciado que habrá nuevas movilizaciones para seguir reclamando que tener un techo digno deje de ser una excepción y se convierta en un derecho efectivo.