Juan de la Cruz deja Cajamar y le releva Eduardo Baamonde
El Grupo Cooperativo renovará también a seis consejeros en la próxima asamblea que se celebra el 27 de abril

Juan de la cruz cárdenas centró ayer la atención del sector financiero nacional al oficializarse su relevo al frente de la primera cooperativa de cré
Nuevo relevo en la cúpula de Cajamar: Juan de la Cruz Cárdenas Rodríguez (Almería, 1951) cede el testigo a Eduardo Baamonde, como antes a él se lo entregó Antonio Pérez Lao y a éste, uno de los fundadores Juan del Aguila Molina.
Ayer, con semblante emocionado, Cárdenas, que entró en la caja como botones hace 47 años, escenificó con elocuencia el traspaso de poderes: “me retiro a los cuarteles de invierno y dejo paso a una nueva generación de personas en la entidad, dando ejemplo a otras entidades que podrían hacer lo mismo”.
Desveló el aún presidente su decisión de no presentarse a la reelección para un nuevo mandato a los órganos de gobierno de la entidad que han de renovarse en la asamblea que se celebrará el 27 de abril. El Consejo Rector ha propuesto una candidatura encabezada por Eduardo Baamonde, ingeniero agrónomo y director general de Cooperativas Agroalimentarias de España hasta el pasado 31 de diciembre.
El todavía presidente de Cajamar había puesto su decisión de no acceder a la reelección el pasado septiembre para iniciar la preparación de una nueva candidatura.
Precisó Cárdenas que “nada me obligaba a dejar la caja pero he llegado a la conclusión de que mi sustitución puede facilitar que el Grupo Cooperativo Cajamar pueda dar pasos de concentración en un sector conformado aún por 59 entidades”. En este sentido, ha hecho referencia a los procesos de concentración que la banca cooperativa está llevando a cabo en estos momentos en Holanda, Alemania e Italia, modelo que en España defiende el Grupo Cooperativo Cajamar y para lo que en 2014 se promovió la constitución del Banco de Crédito Cooperativo, que desde entonces actúa como su entidad cabecera.
En los últimos años, un total de 26 cajas rurales se han agrupado en torno a un proyecto común al frente del cual se encuentra Cajamar, si bien el presidente no lo considera suficiente.
“Llevamos trabajando más de dos décadas para unir a todas las cajas rurales españolas en torno a un único grupo financiero cooperativo consolidable, con un modelo similar al que estamos viendo desarrollarse en otros países europeos”.
En este sentido, ha considerado que en España "no ha sido posible" este objetivo "ante las visiones contrapuestas que existen sobre el modelo a seguir, que incluso han provocado un proceso paulatino de distanciamiento y agravios por parte de otras entidades hermanas, cuyos presidentes o directores generales, antes amigos, han terminado llevando su desencuentro y desapego incluso al terreno personal".
Sonó agridulce la despedida de Juan de la Cruz Cárdenas, el último infanzón de la rural almeriense, con nombre de santo y apellido de conquistador. Con voz trémula, en la gran sala ovalada del Consejo, por cuyas ventanas no entraba ayer sol alguno, el hasta ahora mariscal de campo, ante flashes y micrófonos, se sinceró: “me voy dolido, han intentado hacernos daño hasta en lo personal”. Allí, solo ante el peligro, como Gary Cooper, vino a decir ‘mi reino ya no es de este mundo y me retiro a los cuarteles de invierno’.
Se convierte Juan de la Cruz en jubilado -que viene de júbilo- pero sus ojos húmedos parecían atribulados, decepcionados con algunas personas de otras entidades hermanas, que no han sabido digerir la jerarquía de la entidad que fundara Juan del Aguila y Jesús Durbán en 1968.
Ya no tendrá, a partir de ahora, este hijo de un dependiente de la calle Las Tiendas, que enfilar el camino de Obispo Orberá a la Avenida de la Estación, como ha hecho durante más de 40 años.
Ahora tendrá todo el tiempo del mundo para disfrutar de lo que no ha podido hacer en este tiempo de balances y ratios de eficiencia. “Tengo mi música, mis libros, mis proyectos de viajes con mi mujer y cuatro nietos -dos mellizos- para que no se me caiga el techo encima”, dijo liberado a los periodistas, como el que se deshace del nudo de la corbata. Le costará tiempo, no obstante, deshacer ese maridaje con la caja que ha durado casi toda una vida, como el bolero. Con 18 años entró de la mano de su padre a la primera oficina de esa caja neonata de cooperativas uveras y naranjeras, en la calle Méndez Núñez, con Juan del Aguila portando su eterna carpetilla bajo el brazo.
Y allí se quedó esa fría mañana de febrero del 69 hasta ayer, casi medio siglo después, haciendo realidad el paradigma del self made man, el hombre hecho así mismo, desde simple botones a presidente. Se va con alegría, claro, por el trabajo bien hecho, con la cooperativa almeriense como la locomotora del sector, con 1,2 millones de socios y 3,5 millones de clientes.
Pero al mismo tiempo quiso -o no quiso quizá- dejar también constancia de su desencanto con algunos colegas, añorando un poco más de fair play, de que alguien le enviara un tarjetón de felicitación cuando Cajamar pasó con nota el test de estrés de Bruselas, la primera rural española en ser sometida a tamaño examen.
Sonrisa a medias
Sonreía a medias ayer, Juan, con dulzura y amargura a un tiempo, teniendo que dar un paso al lado para que otros más jóvenes, sin mochila ni pasado, puedan hacer lo que él intentó pero no pudo: aglutinar, bajo el liderazgo de Almería, a más de tres cuartas partes del sector para que el cooperativismo deje de ser la hermana pobre del sistema financiero patrio, como ocurrió en Holanda con Rabobank o en Francia con Credit Agricole.
Se va Juan de la Cruz y deja la sensación de que se va el último de Filipinas, el postrero alcabucero de un imperio cooperativo a la antigua usanza que debe zarpar, casi a la fuerza, hacia nuevas singladuras.
Ayer dijo adiós, este hijo de un querido tendero, con su perilla plateada de franciscano, este laborioso profesional que nunca soñó con ser el auriga de esa gran malla financiera de préstamos a labradores y ganaderos cuando ingresó en ella, de la mano de su progenitor, una fría mañana de hace 47 años.