La Voz de Almeria

Economía

Izan las banderas amarillas del fastidio por la persecución a los barcos de Almería

Pescadores de la capital se suman a la flota gallega y asturiana contra el acoso de la Administración

La bandera amarilla ayer en un barco de Almería

La bandera amarilla ayer en un barco de Almería

Manuel León
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Cada vez que salen de madrugada por la bocana, con botas de agua e impermeables, no saben lo que van a ganar ese día, lo que van a repartir en el ajuste para armador, patrón y marinero. Pocos oficios tan eventuales como el gremio de pescadoras y, sin embargo, a tenor de las reiteradas inspecciones de las que son objetos, pocos tan exhaustivamente controlados por las autoridades y las fuerzas de orden.
Por esta razón, la Asociación de Armadores de Almería, Asopesca, presidida por Mari Angeles Cayuela, compuesta por 34 embarcaciones de la bahía, han decidido sumarse a la campaña nacional ‘Yo vivo del mar’, con una bandera amarilla ondeando en el palo mayor. Es la enseña del disgusto, del fastidio, diseñada en amarillo y negro y que luce en los barcos asturianos, gallegos, cántabros y ahora también Almería que ha sido uno de los primeros puertos del Mediterráneo en sumarse a esta iniciativa que trata de expresar que “así no se puede vivir de la mar”. Lo indicaba hace unas fechas la nueva presidenta Mari Angeles Cayuela, “somos los primeros en querer practicar una pesca sostenible, porque va nuestro futuro en ello, pero no nos dejan respirar”. Añade que “por ello queremos llevar a cabo esta protesta pacífica, aunque no sirva para mucho”.
El sector pesquero almeriense, desde Garrucha hasta Adra, se siente maltratado por las distintas administraciones. Con la reforma de la política pesquera, la normativa europea no atiende a la diversidad de arrastres ni tipos de pesca.


“Como delincuentes” El gerente de Asopesca, José María Gallart, ha transmitido también ese malestar del sector, “nos están martirizando con multas y controles, pidiéndonos papeles continuamente, haciendo que los barcos pierdan días de pesca y si no hay faena, no hay ingresos”.
Añade que “no hay un sector con tanta presión, con tanta vigilancia, como si fuésemos delincuentes”.


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