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Piero abre su corazón

`No me queda nada por hacer en el voleibol, el dinero ya no me importa`, afirma

Piero Molducci sonríe en los exteriores del Pabellón Moisés Ruiz.

Piero Molducci sonríe en los exteriores del Pabellón Moisés Ruiz.

Rafa Góngora
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Un señor en las distancias cortas. LA VOZ descubre hoy a ese Piero Molducci que pocos conocen: un tipo encantador con el que mereció mucho hablar de voleibol y de la vida en un día lluvioso en Almería.


¿Quién es Piero?
(risas). Un italiano que comenzó en el voleibol con 15 años; ahora tengo 62 y sigo. He estado en la Liga italiana, en España... soy una persona a la que le gusta la vida buena y por eso estoy en la ciudad de Almería.


El voleibol es...
En verano cuando no hay Liga me falta algo, y lo echo en falta demasiado, pero me pongo a mirar partidos y siempre hablo con los viejos amigos de voleibol; cuando empiezas con este bonito deporte no puedes parar ni un solo día, y la verdad es que no sé cuáles son las causas de esta pasión.


¿Y Almería?
Es mi segunda casa porque la primera está en Italia, donde vive mi familia; Almería es una ciudad muy similar en la que yo nací: hay mar, tiempo bueno, buena gente, comida riquísima como aquí... nací en una ciudad pequeña como Aguadulce. En Almería he encontrado la vida que me gusta, que buscaba hace tiempo.


¿Recuerda el primer día que llegó aquí?
¡Claro que sí! El primer día que estuve aquí fui a la playa con Kiko González y estuvimos hablando de todo, de la ciudad, del club...


Un rincón...
Me gusta mucho el centro de Almería. Me gustaría vivir en el centro de la ciudad, pero el problema es que no hay plaza de garaje; estoy bien en Aguadulce con la tranquilidad que hay allí todo el día. Tengo que ir y volver todos los días, pero soy feliz en esta bonita tierra.


Nació en Cervia (Italia), ¿echa en falta su ciudad, sus gentes...?
No, y digo no porque tengo una vida buena. Estoy desde septiembre a mayo en Almería y los otros meses en mi cuidad con mis familiares. Allí tengo un hotel, mi casa... es una ciudad muy turística. En Cervia hay mucha movida en los meses de verano; se vive muy bien allí. Es todo muy bonito, invito a conocerla.


Algo típico...
La sal. Hay unas salinas como en el Cabo de Gata. Los romanos siempre estaban en guerra por la sal de Cervia. Hay también muchos árboles, con mucho verde.


¿Qué le queda por hacer en el voleibol?
Nada porque siempre he hecho las cosas que me gustaban más y he entrenado en el equipo y en la ciudad donde quería trabajar. Me han llamado muchas veces de Rusia o Turquía ofreciendo mucho dinero, pero allí no hay la calidad de vida que me gusta, por lo que siempre respondía con un no. Ya solo miro la calidad de mi vida y no si gano 30.000, 40.000 ó 50.000 euros más en mi profesión, por lo que pienso que el voleibol estará en mi vida hasta que me marche, me muera...


La entrevista completa en la edición impresa de LA VOZ del 30 de diciembre. 
   


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