Un Almería anárquico
Y sin identidad en Cádiz

Fidel.
Era evidente, se palpaba en el ambiente que la afición esperaba el duelo del Almería en el Ramón de Carranza con una nueva ilusión alimentada por la llegada de dos jugadores con cartel en la categoría. El final de la historia no sólo no fue feliz, sino depresivo, desesperante y frustrante.
No es nuevo, salvo en contadas ocasiones el Almería de Fernando Soriano ha sido un equipo anárquico, sin identidad y sin saber a lo que juega.
En el primer tiempo el buen trabajo de Morcillo, que volvía, junto al temple que aportaron al equipo Borja y Javi Álamo, hizo que el Almería cumpliera un buen trabajo en defensa, pero sin tener el balón y sin inquietar a su rival en la zona de castigo.
Lo mejor de los rojiblancos llegó en los primeros diez minutos de la continuación. Los almerienses dieron un paso adelante y ofrecieron sus mejores minutos con Álamo y Borja como principales protagonistas. Pudieron incluso adelantarse cuando Corona envió al palo un medido centro de Álamo. Pero la cuerda ofensiva fue muy corta, tan corta que no dio ni para inquietar a Cifuentes, ni siquiera jugando más de 40 minutos en superioridad. Este Almería es un equipo sin identidad, da la impresión de que no sabe a lo que juega, que trata de llegar al éxito a través del esfuerzo individual, pero colectivamente anda despistado y sin ideas. Las ayudas, como en el gol encajado, llegan tarde, la pelota les dura bien poco en os pies, no hay movimientos sin balón y casi nula capacidad de sorpresa.
El colectivo da la impresión de estar moralmente hundido y que afronta cada partido sin la convicción de que puedan ganar y finalmente acaban perdiendo.