La Voz de Almeria

Tal como éramos

El carruaje negro de la desinfección

En marzo de 1909, empezó a funcionar en Almería el Parque Municipal de Desinfección

El carruaje negro de desinfección donde se llevaban las ropas de los infectados en las epidemias. En la foto se ve la fachada del parque, en la actual calle Alcalde Muñoz.

El carruaje negro de desinfección donde se llevaban las ropas de los infectados en las epidemias. En la foto se ve la fachada del parque, en la actual calle Alcalde Muñoz.Mar Sánchez

Eduardo de Vicente
Publicado por

Creado:

Actualizado:

La epidemia de cólera que sufrió Almería en el verano de 1885 dejó una profunda huella en la memoria de los almerienses y obligó a las autoridades a tomar medidas para garantizar la salubridad de la ciudad y mejorar los medios sanitarios con los que contaba, que eran escasos. El cólera dejó su rastro en todos los barrios. En la capital, la aglomeración de víctimas colapsó los escasos servicios fúnebres. El carro de los muertos no disponía nada más que de un tiro de caballos, por lo que después de dar cuatro o cinco viajes seguidos al cementerio, los animales no podían ni con sus huesos, por lo que los cadáveres tenían que permanecer en las casas entre doce y quince horas antes de ser enterrados. Ante tan alarmante situación, un grupo de comerciantes se encargó de agilizar el traslado de víctimas y de enterrar a las decenas de cadáveres que se acumulaban en el cementerio. En aquellos días alguien compuso una coplilla que después se hizo muy popular en Almería, que venía a decir: “Todo el que se crea grande, que vaya al cementerio, y verá el mundo metío en dos varas de terreno”.

Cuando no era el cólera era la viruela, o el tifus, que constituían una amenaza constante en la vida de los almerienses. Afrontamos la llegada del siglo XX con grandes frentes abiertos en política sanitaria, entre ellos la de tener nuestro propio parque de desinfección con la maquinaria y el personal necesarios para actuar cuando llegaran estas malditas enfermedades. Tras años de gestiones, por fin, en 1909, la muy noble ciudad de Almería tuvo el honor de inaugurar el Parque Municipal de Desinfección, que quedó instalado en lo que en aquel tiempo se conocía como la Carrera de Santa Rita, hoy calle Alcalde Muñoz. El 21 de marzo fue un día grande. Todas las autoridades acudieron a la bendición del añorado establecimiento sanitario que suponía una mejora necesaria para la saluda pública de los almerienses.

El local contaba con dos grandes naves completamente incomunicadas, con una ventana cerrada, entre los dos tabiques, que servía para que el personal se comunicara por señas. El primer departamento era la cámara de objetos desinfectados y el segundo, la cámara de objetos infectados, donde estaba instalado el horno donde se quemaban las ropas de poco valor y donde reina la máquina lejiadora encargada de depurar las ropas de los infectados. Las dos cámaras estaban conectadas por un tubo que comunicaba las estufas donde se depositaban las vestimentas.

En la cámara de objetos infectados existía un rincón donde se guardaba el coche del parque, un carruaje negro tirado por un caballo zaino en el que se depositaban las ropas que los empleados del parque iban recogiendo por las casas. El coche, en su interior, era como una caja fuerte, forrada metálicamente. Cuando el oscuro carruaje aparecía por un barrio de la ciudad con su lento trote, parecía anunciar una desgracia. Era habitual entonces que los vecinos corrieran a esconderse y que cerraran a cal y canto las puertas y ventanas por temor a un contagio cercano.

La comitiva de la desinfección la formaban el citado carro de la ropa, un pulverizador de aire comprimido, preparado para soluciones de ácido fénico, que se empleaba para sanear las paredes y los suelos de las casas, y un pulverizador para vapores de formol, que se usaba para limpiar de virus y bacterias los muebles, las cortinas y las alfombras.

Toda esta maquinaria estaba en manos del personal del parque, que cada vez que actuaba tenía que llevar un uniforme especial para evitar contagios, que consistía en una blusa larga de dril cerrada al cuello, con mangas que encajaban los guantes de goma con los que se protegían las manos y unas gorras especiales cerradas por la parte de atrás. Cuando los sanitarios aparecían en escena con el carro negro y sus extraña indumentaria, la gente se ponía a rezar.

tracking