La academia del profesor Garres
Era un centro de enseñanza en la calle Alcalde Muñoz que floreció en los años de la República y murió con ella

Don Ramón, en el centro la fotografía, con un grupo de alumnos y alumnas de su academia. Enero de 1934.
Oficialmente se llamaba liceo Xigara, pero en Almería todo el mundo la conocía como la academia del profesor Garres. Era una escuela preparatoria, instalada en el número uno de la calle Alcalde Muñoz, que floreció en los años de la República y vino a morir con ella.
Al frente del colegio estaba el maestro don Ramón Garres Jiménez, toda una institución en la ciudad, donde había alcanzado una alta cota de popularidad por sus ideas librepensadoras y por ser un experto en preparar a los jóvenes opositores.
Era don Ramón un hombre cordial, bueno en el sentido machadiano de la palabra. Tenía unas cualidades innatas para la pedagogía, sabía transmitir los conocimientos de forma sencilla, sin que el aprendizaje fuera un acto exclusivamente memorístico. Se esforzaba por hacerles ver a sus alumnos que una idea o un concepto había que entenderlos antes de intentar memorizarlos. Tenía don Ramón la virtud de la palabra fácil, del verbo que llegaba directo, sin florituras y una habilidad especial para el resumen, lo que lo convirtió en el profesor más valorado de la ciudad a la hora de preparar oposiciones.
La especialidad de la casa era el examen oposición para entrar en la Escuela Normal en la que se formaban los futuros maestros. Todos los años, las mejores notas las alcanzaban los alumnos que pasaban por la academia del profesor Garres. En aquella Almería de los años treinta, la demanda de aspirantes a maestros nacionales se multiplicó por dos cuando las autoridades republicanas dignificaron la profesión dotando a los profesores de mejores medios y sobre todo, dándoles un sueldo más digno, que en 1932 era ya de tres mil pesetas mensuales. Hasta entonces, la célebre frase de “pasa más hambre que un maestro de escuela” estaba plenamente justificada.
Por las tardes, la escuela se llenaba de adolescentes que iban a las clases de refuerzo de Bachillerato, especialmente las que se impartían de Lenguaje, Química y Matemáticas. El centro disponía de un aula aparte donde iban a prepararse los aspirantes al cuerpo de carteros que entonces tenían que ir a examinarse a Granada.
Don Ramón Garres era un hombre forjado en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza y no dudó en colaborar con las nuevas autoridades republicanas en el complicado proyecto de cambiar el rumbo de la educación desde las bases. Siempre estuvo en la batalla, llegando a ser uno de los fundadores en Almería de la llamada Junta Provincial para la sustitución de la enseñanza religiosa, creada en junio de 1933. Don Ramón Garres era el vicepresidente de aquella asociación que tenía como objetivo planificar, coordinar y ejecutar el reemplazo de las escuelas controladas por órdenes religiosas y convertirlas en centros públicos y laicos. Como esta medida iba a dejar a cientos de niños sin escuela en la capital y en la provincia, ya que los principales colegios estaban en manos de las autoridades religiosas, el primer paso de la junta fue la de proyectar la apertura de nuevas escuelas con los principios que pregonaba el modelo republicano: escuela laica, mixta, científica y de progreso.
En junio de 1933, don Ramón Garres, junto al presidente de la junta, don Guillermo García Alonso, empezaron a trabajar por esa nueva educación que parecía venir de la mano de los nuevos tiempos. El trabajo de los maestros fue incesante, pero pronto cayó en saco roto. Cinco meses después de constituirse la organización que pretendía cambiar el rumbo de la enseñanza, los partidos de derecha obtuvieron el triunfo en las elecciones celebradas en el mes de noviembre, lo que paralizó el cambio de modelo.
Esa revolución que pasaba por quitarle el poder de la educación a la Iglesia se frustró definitivamente con el estallido de la guerra civil. Con ella se perdió también la pista del maestro don Ramón Garres Jiménez, del que no he encontrado un solo dato después de la contienda.