1964, el año de La Casera y el Spar
En agosto de 1964 empezó a funcionar la fábrica de Almería de la popular gaseosa

Almacén de la cadena Spar, abierto en octubre de 1964 en el paraje de San Silvestre. A la dcha. instalaciones de la fábrica de La Casera.
El paraje de San Silvestre, un descampado en una de las márgenes de la carretera de Almería a Murcia, se transformó en un polígono industrial en los años sesenta cuando dos firmas importantes eligieron aquellos terrenos en las afueras de la ciudad, ya en el término municipal de Huércal, para instalarse.
La primera empresa que llegó fue La Casera, que en el verano de 1964 montó sobre una superficie de 800 metros cuadrados una fábrica para elaborar en Almería su popular gaseosa. La Casera empezaba a ser entonces el refresco nacional, el que estaba presente los domingos en las mesas de los comedores como un invitado especial. Los niños de entonces fuimos hijos de La Casera en la misma medida que nos unía una relación casi sentimental con los Danone o con la Nocilla que vino después.
La factoría hizo posible que todo el proceso de fabricación se hiciera en Almería, desde la depuración del agua hasta la mezcla de los ingredientes que se hacía de forma automática y los retoques finales de precintado de las botellas, que se remataban de forma manual. Tener la fábrica en casa dio algunos puestos de trabajo y sobre todo, permitió que el precio de la botella de gaseosa de litro nos costara un poco más barato. Cuando la tenían que traer de Murcia La Casera costaba cuatro pesetas en las tiendas y cuando empezó a elaborarse en Almería la pudimos comprar por una peseta menos.
Los niños, cuando veníamos de la calle sudando y con la boca llena de sed, no buscábamos como consuelo el austero vaso de agua de Araoz de toda la vida, sino que nos íbamos directamente a la nevera, la abríamos a escondidas de nuestras madres y en silencio, a hurtadillas, disfrutábamos de ese enorme placer de empinarnos la botella de La Casera.
La fama del refresco vino de la mano de sus grandes campañas publicitarias por televisión y por saber llegar al público infantil con sus promociones. De todas aquellas promociones que puso en marcha la marca de gaseosa, ninguna dejó tanta huella en los niños almerienses como la del gran álbum de la liga de fútbol que salió a la calle en octubre de 1964. Probablemente, nunca se vendió tanta Casera como aquella temporada en la que aparecían los cromos de los futbolistas junto al cierre de la botella. El más difícil de conseguir, la estampa fantasma que siempre le sale a todas las colecciones, era la de un delantero del Barcelona que se llamaba Seminario, y el de Llompart, defensa del Elche.
El mismo año que empezó a funcionar la fábrica de La Casera llegó al paraje de San Silvestre un gran almacén que se convirtió en la central distribuidora de la cadena de tiendas Spar, que en 1964 ya contaba ciento veinte comerciantes almerienses adheridos a su marca. Allí, junto a la carretera, se levantó una nave con cerca de mil metros cuadrados de extensión que se convirtió en un lugar de referencia para los camiones y las furgonetas que iban y venían cargados de género para llevarlos por las cooperativas y las tiendas de la ciudad.
La llegada al mercado de la cadena Spar fue un soplo de aire fresco y una oportunidad de crecer para muchas pequeñas tiendas de barrio que se mantenían ancladas en formas primitivas de entender el negocio. La mayoría seguían utilizando el cajón para guardar el dinero y el lápiz y el papel de estraza para hacer las cuentas.
El impulso de la marca Spar les permitió a muchos tenderos emprender la aventura de una máquina registradora moderna, de cambiar la báscula que funcionaba con pesas y hasta de comprar una moderna cortadora para los embutidos.