La Salle de los frailes y el ‘artisteo’
En 1970 al colegio católico llegó la música y los grandes artistas que veíamos por la tele

El famoso presentador de TVE José María Iñigo en el escenario de los jardines del colegio La Salle en 1972. Era la tercera edición del Festival de la Canción de Almería.
La Salle, a comienzos de los años 70, era uno de los centros educativos con más prestigio en la ciudad. Estudiar en la Salle te daba caché y en muchos casos era una garantía de éxito. El colegio del andén de la Rambla había sido durante décadas una referencia no solo por la mano dura de los frailes y el nivel de la educación que impartía, también por su vocación deportiva, por la importancia que tuvo para varias generaciones de almerienses ese patio de juegos donde salieron grandes equipos y célebres deportistas.
La Salle lo tenía todo, hasta un museo de Ciencias Naturales, el del Hermano Rufino y hasta un patio con jardines que se convirtió en uno de los escenarios artísticos más notables de Almería cuando allá por el verano de 1970 empezaron a organizarse allí los festivales de la canción, un gran acontecimiento con el que los políticos de aquel tiempo intentaron que el nombre de nuestra tierra se escuchara más allá de nuestros límites provinciales.
Quisimos parecernos a Benidorm, que con sus festivales musicales se había ganado un prestigio internacional antes de que en Europa conocieran su sol y sus playas. Quisimos subirnos a ese último vagón del turismo al que llegamos demasiado tarde porque nuestras intenciones, sumadas a un clima indiscutible y a unas playas aún por descubrir, no fueron argumentos suficientes para convencer a los operadores europeos que exigían unas infraestructuras que aquí no teníamos.
En esa búsqueda desesperada de un protagonismo imposible, nuestras autoridades, lideradas por el alcalde don Francisco Gómez Angulo, pusieron en marcha el llamado ‘Festival Internacional de la Canción de la Ciudad Luminosa de la Costa del Sol’, que con su título interminable trataba de reivindicar, sin levantar polémica, el nombre que nos había quitado Málaga cuando aquí teníamos más sol que ellos.
La aventura comenzó en el verano de 1970 y como tampoco teníamos un gran escenario para recibir un festival internacional que tuviera repercusión en toda Europa, tuvimos que echar mano de los místicos jardines del colegio de La Salle, que apretando un poco las sillas podían llegar a recibir a cuatro mil espectadores. En un principio, se había pensado que el mejor escenario para que el festival exportara una imagen más completa de Almería era la Alcazaba, pero las obras que se estaban realizando en aquellos años en la zona del segundo recinto obligaron a buscar otra alternativa. Tampoco se pudo utilizar la Plaza Vieja, que acababa de renovar sus jardines y no estaba para multitudes, por lo que hubo que improvisar un tercer recinto que no estaba preparado para grandes eventos artísticos, pero que debidamente decorado podía resultar atractivo. El patio y los jardines de la Salle reunían las condiciones por estar en un sitio céntrico y porque aunque fuera con calzador podía tener una capacidad suficiente para crear un ambiente propicio como el que caracterizaba a los grandes festivales.
Como había que parecerse a los grandes acontecimientos, los organizadores recurrieron a los mejores presentadores de la época y a los mejores artistas del panorama musical para que engrandecieran el festival con sus actuaciones fuera de concurso. A lo largo de las seis ediciones del festival, por el escenario del colegio de los frailes pasaron artistas de la talla de Manolo Escobar, Donna Hightower, Juan Pardo, Karina, Jorge Cafrune, Mari Trini, Tip y Coll y Camilo Sexto, entre otros.
También trajeron a la mejor orquesta para que arropara a los participantes, la de Televisión Española que dirigía el maestro Rafael Ibarbia; al mejor trío de voces del momento, las chicas del ‘La, la, la’, que estuvieron una década viviendo del éxito alcanzando con Masiel en el Festival de Eurovisión; y a presentadores que eran ídolos televisivos como José María Iñigo y Kiko Legard, o que triunfaban en la radio como Pepe Domingo Castaño, que en aquel tiempo era un dios con el programa ‘El Gran Musical’ de la Cadena Ser.
Entre los cantantes que buscaron en Almería el trampolín de la fama, destacaron Emilio José, que en 1972 consiguió el premio a la crítica con su canción ‘Campo herido’; el grupo almeriense Los Puntos, que fue tercero ese mismo año con ‘Magdalena’; Nubes Grises, que venció en 1975 con ‘El Solitario’, llegando a ocupar los primeros puestos de ventas; y los artistas locales ‘Cal y Canto’, Leandro Sánchez Ruiz, Paco Urrutia y Andrés Caparrós.