La Voz de Almeria

Sucesos

"Necesito protección antes de que ocurra una desgracia": una almeriense que denunció una agresión sexual pide auxilio

Cinco años después de denunciar una agresión sexual tras una sumisión química, María sigue atrapada en una sucesión de acoso, quebrantamientos y condenas pese a las órdenes judiciales dictadas para protegerla

María lanza un mensaje desesperado para que la Justicia actué contra el hombre que, dice, la agredió sexualmente.

María lanza un mensaje desesperado para que la Justicia actué contra el hombre que, dice, la agredió sexualmente.Imagen generada con IA

Miguel Antonio Rodríguez Cárdenas
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María vive presa del miedo, en tratamiento psiquiátrico y en una vida que cada vez es "más pequeña". No solo por lo que asegura que ocurrió hace cinco años, sino por lo que sigue ocurriendo ahora. El hombre al que denunció por una agresión sexual tiene prohibido acercarse a los lugares donde se encuentre la joven, comunicarse con ella e incluso acudir al municipio donde reside. A pesar de ello, ya existen tres condenas firmes por incumplir las medidas dictadas por la Justicia para protegerla y otras cuatro denuncias por hechos posteriores siguen todavía su curso.

Por eso, más que volver una y otra vez a aquel día de agosto de 2021, María quiere hablar ahora de todo lo que ha venido después. De las órdenes judiciales que, asegura, no han conseguido devolverle una vida normal. De los mensajes, de los encuentros denunciados, del miedo a volver a verlo y, sobre todo, de una petición que repite desde hace meses: que se adopten medidas eficaces antes de que haya que lamentar una desgracia mayor.

María no se llama María. Este periódico utilizará un nombre ficticio para preservar la identidad de esta joven almeriense, sobre la que su representación legal sostiene que vive desde hace años sometida a una situación de miedo constante. El hombre al que denunció continúa en libertad, se ha saltado todas las sentencias judiciales que le impedían acercarse y comunicarse y, por si fuera poco, las últimas cuatro denuncias presentadas contra él se encuentran todavía en tramitación.

La agresión sexual

Su abogada, Marina Corral Smirnova, reclama que esos nuevos episodios sean examinados con rapidez y que la Justicia disponga de medios suficientes para responder en casos en los que ya existen antecedentes de quebrantamientos. "Nos llevamos las manos a la cabeza cuando ocurre una desgracia, pero la protección se demuestra antes, cuando todavía puede evitarse. Sobran los discursos populistas si después no damos a la Administración de Justicia los medios para responder con la urgencia que un caso así exige", sostiene.

Detrás de esta exigencia hay una sucesión de procedimientos que se prolonga desde 2021. Todo comenzó a primeros de agosto de aquel año, en Herrera del Duque, un pequeño municipio de Extremadura. María se encontraba de fiesta con unas amigas cuando, según denunció después ante la Guardia Civil, sufrió una agresión sexual.

La joven sostiene que fue víctima de sumisión química. Según relata, se encontraba semiconsciente y conserva recuerdos fragmentados de lo sucedido, aunque identifica al hombre al que denunció y recuerda determinados momentos de aquella noche: estaba en el suelo, él encima de ella, gimiendo y manoseándola.

Tal y como asegura su representación legal, posteriormente se detectaron varias sustancias en su organismo. María había vomitado en numerosas ocasiones, llegó a quedarse dormida en plena calle y horas después acudió a denunciar lo sucedido.

Las sentencias

Pero, cinco años después, el procedimiento por esos hechos continúa pendiente de juicio y no existe todavía una sentencia sobre la agresión sexual denunciada en 2021. Sí existen, sin embargo, tres condenas firmes posteriores relacionadas con el incumplimiento de las medidas adoptadas para proteger a María.

De este modo, poco después de la denuncia, un juzgado prohibió al investigado acercarse a la joven, a su domicilio, a su lugar de trabajo y a otros espacios que frecuentara. Tampoco podía comunicarse con ella por ningún medio.

Pero el acusado de la agresión sexual se saltaba cualquier orden de la Justicia y, con el tiempo, las medidas fueron endureciéndose. Así, en 2023, el juzgado llegó a prohibirle residir o acudir al municipio donde vive María. Y, de nuevo, a pesar de ello, los tribunales han concluido en tres ocasiones que el hombre incumplió las prohibiciones que pesaban sobre él e incluso una de las condenas declaró probado que, siendo plenamente consciente de la orden de alejamiento, quebrantó las medidas en varias ocasiones. En otro procedimiento, la defensa sostuvo que uno de los encuentros había sido casual, pero el juzgado no aceptó esa explicación.

Acoso a través del padre de María

Tras las condenas, no cesó en su acoso, aunque sí cambio la manera en la que lo llevaba a cabo. Según las resoluciones judiciales y la representación de María, en múltiples ocasiones el hombre comenzó a utilizar el teléfono del padre de la joven como vía indirecta para hacerle llegar mensajes.

Esa forma de contacto ya ha sido analizada por un tribunal y, en este sentido, una resolución consideró probado que el progenitor fue utilizado como intermediario para trasladar a María mensajes pese a existir una prohibición expresa de comunicación. Audios, fotografías, vídeos y mensajes relacionados con ella, con los procedimientos judiciales y con las causas abiertas terminaron formando parte de su día a día.

Una situación a la que María se enfrenta a diario y que parece no llegar a su fin y que llevó, en uno de esos procedimientos, a la Justicia a considerar probado que aquella conducta buscaba intimidarla, hacerla sentir vigilada y alterar gravemente su tranquilidad.

Por esos hechos llegó una nueva condena este mismo año. A pesar de que la Fiscalía solicitaba inicialmente dos años de prisión y una indemnización de 3.000 euros, finalmente, tras un acuerdo de conformidad, la pena quedó en dieciocho meses de multa por quebrantamiento continuado y otros seis meses de multa por acoso. María renunció a reclamar responsabilidad civil en aquel procedimiento.

Cuatro denuncias más

Pero la historia no terminó con aquella sentencia. Después llegaron otras cuatro denuncias.

La abogada de María asegura que están respaldadas por mensajes, audios y otras pruebas que ahora deberán ser valoradas judicialmente y sostiene, además, que varios de los episodios denunciados coinciden con fechas próximas a actuaciones judiciales y considera que esa reiteración tiene una finalidad intimidatoria.

Uno de esos hechos se produjo este mismo año en las inmediaciones de una sede judicial. María se encontraba con parte de su familia en un establecimiento próximo al juzgado, esperando para entrar a una audiencia, cuando volvió a encontrarse con el hombre al que había denunciado por agredirla sexualmente cinco años atrás.

De este modo, según consta en la denuncia presentada posteriormente, el presunto agresor se habría situado frente al establecimiento y habría permanecido observándola a una distancia inferior a la permitida. La reacción de María, incapaz ya de sorportar el acoso, fue inmediata: sufrió una fuerte crisis de ansiedad, comenzó a llorar y tuvo que refugiarse en el interior del local.

El escrito presentado posteriormente sostiene además que el hombre se habría reído de ella antes de apoyarse junto a un vehículo, lo que la abogada Marina Corral interpreta como una nueva forma de intimidación.

El acoso no termina

Dos meses después de este encuentro traumático a las puertas de los juzgados se produjo otro de los hechos ahora denunciados. Y, de nuevo, el contacto se produjo a través del teléfono del padre de María. Así, en esta ocasión, en el enésimo episodio de acoso contra María, el hombre le envió un audio en el que hacía referencia expresa a un juicio previsto para pocos días después. "Eso va a tener consecuencias" o  "Nos vemos allí el día 13, a ver qué pasa" fueron algunas de las amenazas que recibió la joven.

Para la abogada de María, estos mensajes no estaban dirigidos realmente al padre. "Él se cree impune y sigue saltándose las órdenes de protección a pesar de las condenas", resume Corral.

Ante esta situación ya "insostenible", la joven ha vuelto a acudir al juzgado y a la Guardia Civil de Herrera del Duque. Según explica su abogada, algunas de las últimas denuncias presentadas ante un juzgado de guardia fueron remitidas después al órgano considerado competente para investigarlas. Así las cosas, la abogada insiste en que su crítica no va dirigida contra los profesionales que trabajan en los juzgados. Su reclamación apunta a la falta de medios y a los tiempos de respuesta de una Administración de Justicia que, sostiene, debería poder reaccionar con especial rapidez cuando existen tres condenas firmes anteriores y vuelven a denunciarse nuevos incumplimientos.

Tratamiento psiquiátrico

Pero mientras esos procedimientos siguen su curso, la vida de María se ha ido haciendo cada vez más pequeña. La joven veinteañera continúa en tratamiento psiquiátrico y las consecuencias del trauma inicial y de los episodios posteriores se han ido acumulando con los años. "Ha tenido intentos autolíticos, sufre ataques de ansiedad, no quiere salir a la calle ni trabajar por miedo", explica su abogada.

Y ese es precisamente el mensaje que María quiere trasladar ahora. No quiere esperar a una nueva sentencia para sentirse protegida. No quiere que una orden de alejamiento sea solo un documento. No quiere tener que comprobar una vez más si el hombre al que denunció vuelve a aparecer en un lugar donde no debería estar o si llega otro mensaje por una vía indirecta.

Y aunque el juicio por la agresión sexual que denunció en 2021 no llega todavía, su miedo si está hoy. En las tres condenas firmes que ya existen. En las cuatro denuncias que siguen pendientes. En cada mensaje. En cada comparecencia judicial. En la posibilidad de volver a encontrárselo, de volver a sufrir.  Y en una sensación que, cinco años después, María no ha conseguido abandonar: la de que las medidas adoptadas para protegerla no son suficientes.

Por eso vuelve a pedir auxilio. No cuando haya que lamentar una desgracia, sino antes. Un grito desesperado que quiere, que necesita, que se escuche ahora.

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