La Voz de Almeria

Sucesos

Los que apagan la luz de la marihuana: dentro de un cultivo desde la piel de un técnico

La provincia se sitúa como la tercera de Andalucía en fraude eléctrico vinculado a la marihuana

Técnico de Endesa durante un operativo contra la marihuana.

Técnico de Endesa durante un operativo contra la marihuana.La Voz

Víctor Navarro
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La Policía entra primero. Recorre la vivienda, asegura las estancias y despeja todo lo que pueda parecer impredecible. Cuando los técnicos cruzan la puerta, la intervención ya está en marcha. Ellos no buscan plantas. Buscan electricidad en negro. Siguen cables que trepan por paredes y techos, conexiones que no deberían estar ahí, enganches ocultos en instalaciones manipuladas.

Su trabajo empieza justo donde acaba el de los agentes: localizar el fraude y cortar la luz que mantiene en marcha el invernadero industrial de marihuana. Entonces llega su turno.

Se ajusta los guantes, el pasamontañas, respira y espera luz verde. Lo llamaremos Eusebio. No es su nombre real. Ninguno de los técnicos puede ser identificado.

En intervenciones vinculadas al cultivo de ‘maría’ trabajan con la cara tapada, en vehículos sin rótulos y con matrículas ocultas. Que te reconozcan fuera puede ser un problema. J.M., responsable de inspecciones en Andalucía y Extremadura dentro de Endesa, lo resume con claridad: operan sobre instalaciones controladas por mafias dedicadas al narcotráfico. Lo que encuentran son sistemas eléctricos alterados, fuera de cualquier norma técnica, diseñados para alimentar cultivos intensivos sin control.

Antes de entrar, hay un momento clave. Policía y técnicos comparten información y riesgos. Primero acceden los agentes. Después, ellos. Dentro, el ambiente cambia al instante. No solo por lo que se ve, sino por lo que puede haber oculto. En este tipo de viviendas no es raro encontrarse con trampas: desde cuadros eléctricos manipulados hasta puertas electrificadas o conexiones preparadas para dificultar el acceso. Trabajan sobre un sistema fuera de control, donde cualquier error puede convertirse en una descarga.

Dentro de la plantación

Antes de llegar hasta los criaderos de ‘maría’ que proliferan por la provincia, hay un trabajo invisible. Sistemas basados en Big Data rastrean patrones de consumo eléctrico que delatan la presencia de cultivos indoor en Almería. Esos indicios permiten señalar dónde se oculta el fraude e impulsan la investigación policial. En Almería, este tipo de fraude vinculado a cultivos indoor ha situado a la provincia como la tercera de Andalucía, con cientos de expedientes abiertos en pocos meses y una media cercana a la decena de casos diarios.

Pero al otro lado también evolucionan. El fraude ya no es solo un cable enganchado a la red. Los técnicos se encuentran cada vez más con manipulaciones dentro de los propios contadores: sistemas alterados desde el interior, difíciles de detectar y, en algunos casos, modificados incluso mediante software para falsear el consumo real.

El calor es constante. La humedad se queda pegada a la piel. Ventiladores distribuidos por la vivienda mantienen el aire en movimiento para que el cultivo funcione sin descanso. Todo está diseñado para producir. Hasta que se corta la luz. Hay la humedad y el olor de la marihuana empieza hacer de las suyas entre los técnicos. “Se te queda en la ropa, en el pelo. Y a veces provoca mareo”.

Durante un tiempo, el consumo eléctrico cae de forma brusca. Es la señal de que el fraude ha desaparecido. Pero dura poco. En cuestión de horas, los niveles vuelven a subir. Alguien se ha vuelto a conectar. Ocurrió en Los Almendros. Tras retirar cientos de metros de cableado ilegal, el consumo cayó… y volvió a dispararse poco después. Las conexiones reaparecen.

Plantación indoor de marihuana localizada en el interior de una vivienda.

Plantación indoor de marihuana localizada en el interior de una vivienda.

El ciclo no se rompe. La rapidez para reconstruir los enganches y la percepción de bajo riesgo hacen que todo vuelva a empezar. Los técnicos lo saben antes de entrar. Saben que reducen riesgos, que evitan incendios, pero que su trabajo rara vez es definitivo. Entran, localizan, cortan, se marchan. Y el ciclo eléctrico de la ‘maría’ vuelve a empezar.

Fuera, el problema tiene cifras. Solo en el primer trimestre del año, en Almería Endesa abrió 867 expedientes de fraude, casi diez al día. Pero el choque no está solo en los números. Sino en un involuntario efecto llamada. Los pinchazos saturan las redes. 

Ese subidón provoca cortes en el suministro y Endesa tiene que dar más potencia para rehabilitar la red. Esta nueva potencia crea una especie de efecto llamada para nuevos enganches. Los propios técnicos hablan de una dinámica difícil de romper: más capacidad genera más fraude. A eso se suma la baja percepción de riesgo penal. Sin un endurecimiento de las penas, advierten, el ciclo se repite.

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