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La pareja acusada de tener una cobra en Roquetas: "No somos maltratadores, somos activistas por los animales"

La pareja, a la que piden cinco años de prisión, niega que la Guardia Civil encontrara una cobra en su vivienda

GUARDIA CIVIL - Archivo

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Víctor Navarro
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En una vivienda de Roquetas de Mar, la presencia de varias serpientes ha situado a una pareja en el centro de un proceso judicial. La Fiscalía de Almería solicita penas que alcanzan hasta cinco años de prisión por la supuesta tenencia ilegal de varios reptiles —entre ellos una boa, una pitón albina y una presunta cobra india— y por los riesgos que, según el Ministerio Público, habrían supuesto para los vecinos.

Tras meses de silencio, la pareja ha decidido romperlo y contar su versión de los hechos, cuestionando de lleno el eje central de la acusación. Lo que para la Fiscalía es un caso de tenencia ilegal y peligro potencial, para los acusados es una historia construida sobre desinformación que está marcando su vida. En el corazón de la polémica está una serpiente que, aseguran, nunca existió: la supuesta cobra india que habría mordido a uno de los implicados y desencadenado toda la investigación.

Según su relato, todo comenzó el 27 de agosto de 2024, cuando su pareja acudió al Hospital Universitario Poniente tras sufrir una mordedura que él mismo creyó, en un primer momento, “que podía ser la de una cobra”. Ese episodio, recogido posteriormente en el escrito de acusación provisional de la Fiscalía, desencadenó una investigación del Seprona de la Guardia Civil que terminó semanas después con el registro de su vivienda en un bloque residencial de Roquetas de Mar.

Pero la mujer insiste en que la versión oficial parte de una premisa equivocada. “La mordedura no ocurrió en casa ni en el jardín. Fue en un descampado, cuando salimos a pasear a los perros por la colina”, explica. Según su testimonio, la sospecha de que pudiera tratarse de una cobra surgió por la inflamación y el aspecto de la herida, pero nunca llegó a confirmarse médicamente. “No le pusieron antídoto y le dieron el alta a las 24 horas. Si realmente fuera una cobra, lo normal es que mueres", afirma.

Microchips y compra legal

La pareja reconoce que sí tenían serpientes, pero recalca que su tenencia era legal en el momento de la adquisición. “La pitón tiene microchip y contamos con todos los papeles correspondientes. Cuando la compramos, era completamente legal. Con la boa pasó lo mismo”, afirma. Además, corrige errores sobre la especie: “Dicen que la pitón es birmana, pero ni siquiera lo es. Es una pitón molurus. Tenemos cartillas, documentación veterinaria, carné de manipulador de serpientes… todo. Podemos enviarlo si hace falta”.

Reconocen que la legislación sobre la tenencia de reptiles ha cambiado desde que adquirieron sus animales. Pero insisten en que que nunca actuaron fuera de la ley vigente en el momento de la compra y que siempre han cuidado de sus animales cumpliendo con todas las normas y requisitos establecidos entonces.

El registro de la vivienda, según explican fue intenso "como si estuvieran buscando droga. Miraron congeladores, armarios, rompieron muebles...una locura. Y aún así no encontraron ninguna cobra". De acuerdo con el escrito de acusación, en este registro se habrían encontrado dos tarántulas.

Tarántulas y un cane corso

La pareja también ha querido los rumores sobre otros animales exóticos en su vivienda. “Tarántulas o arañas? Solo teníamos una. No, no teníamos más”, asegura la mujer.  y destaca además que nunca pusieron en peligro a los vecinos, que los animales jamás escaparon ni causaron problemas, y que todos los ejemplares que tenían contaban con la documentación necesaria y los permisos legales vigentes en el momento de su adquisición.

Del perro maltratado (referente al cane corso que tienen)… me he sentido muy dolida que se diga esto. Si esto hubiera sido así, yo imagino que se lo hubieran llevado, también habrían hecho algún vídeo de cómo supuestamente estaba bien, pero me lo dejaron ahí. También se sintió maltratado.”

En este sentido, la pareja asegura que la acusación ha tenido un efecto devastador en su reputación. “Nos llaman maltratadores de animales cuando nos hemos gastado dinero en veterinarios, incluso por una paloma de la calle”, señala la mujer. Para ellos, la versión publicada por los medios y difundida por la Fiscalía no refleja la realidad de su relación con los animales, que siempre ha estado marcada por el cuidado y la protección de especies domésticas y exóticas.

Antes de esta investigación, la pareja era conocida en la zona por su activismo y labor con los animales y asociacione sprotectoras. “Antes nos llamaban a nosotros para rescatar animales; ahora nos llaman otra vez con esta historia antigua… y todo mentira”, explica. Para ellos, la sensación de injusticia es evidente: denuncian que se les acusa de conductas contrarias a su ética y su historial, lo que les genera frustración y dolor personal.

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