Los amigos de Gabriel Amat
Los amigos de Gabriel Amat
Ellos, los amigos, serán los que te harán llorar, se debe estar diciendo don Gabriel en estos días de cuitas. El nombramiento de la directora de la residencia asistida no le duró mucho tiempo (hubo que buscarle otro puesto de confianza) y encima le costó al presidente el enfrentamiento con cierto sector del empresariado almeriense con mando en la Cámara de Comercio. ¿También en Asempal? Y ahora le ha llegado la historia del presidente del Instituto de Estudios Almerienses y la Asociación de la Prensa. No se trata de defender a quien comparte la misma forma de ganarse la vida, sino de decirle al señor Aguilera, don Rafael Leopoldo, que si quiere representar a la cultura “oficial” almeriense y vivir de ella a través de los impuestos de los ciudadanos, lo primero que tiene que hacer es aceptar la crítica que pueda levantar su trabajo. No sé si don Gabriel le ha llamado la atención, tampoco creo que lo haga, no es de ello, pero le ha creado, y lo debe saber don Rafael, un serio problema al hombre que lo nombró como presidente del IEA. ¿Se equivocó el señor Amat en la confianza otorgada? Evidentemente. Pueden contarnos y hasta cantarnos milongas desde el equipo de gobierno de la institución, pero con amigos así apañados van los señores políticos. No es lo mismo la metedura de “pata” de un amigo en Roquetas que hacerlo en Diputación, y le avisamos en su día a don Gabriel. No tiene el presidente suficientes problemas con la crisis económica que le enfrenta a los alcaldes de algunos pueblos, para que encima se le creen “guerras” con la Asociación de Periodistas. ¡Dimite, Rafael!