La Voz de Almeria

Política

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La noticia está en Dinamarca. No todo ha de ser el famoso olor podrido shakespiriano. Una alianza compuesta por cuatro partidos de izquierda ha derrotado al Partido Popular Danés, partido xenófobo y de extrema derecha. La socialdemocracia se asegura de este modo la mayoría absoluta con el apoyo de verdes, socialistas y socialiberales. El Deus ex maquina de este acontecimiento político, único en Europa, ha sido por supuesto la crisis pero a años luz de los niveles de déficit y de paro juvenil que aquí manejamos. En los países nórdicos un diez por ciento de desempleo ya es un batacazo socioeconómico capaz de echar del poder al partido gobernante. La noticia resulta aleccionadora en relación con lo que ocurre aquí donde se piensa que la socialdemocracia ya está muerta y que Rubalcaba debiera dedicarse a supervisar nubes tras la huella de Zapatero. Bien, hagamos comparaciones. En Dinamarca están mejor informados. La prensa no es de derechas. Allí se supo desde el principio que la crisis era propia del sistema capitalista. Por consiguiente no esperan que banqueros, altos empresarios y burócratas vayan a sacarnos del abismo. Tal vez confíen más en el kenesianismo llevado a la práctica por un Estado empleador. Además, el ciudadano danés ha creído que su alto nivel de bienestar estará algo menos amenazado con un Gobierno socialdemócrata dedicado al progreso de la mayoría que con una derecha acumuladora de capital, privilegio y hábitat de grandes ricachones. El ejemplo danés indica también que los acontecimientos de Grecia y Portugal no han influido mucho que digamos en el descrédito del socialismo como régimen político. Así que los españoles entramos ahora en un tobogán tan peligroso como apasionante. Y es saber si el PP, una vez transpuesto el 20-N y ganadas las elecciones generales, es capaz de crear los empleos que anuncia. Al menos en teoría sabemos que la derecha en el poder tiene más querencia hacia lo privado que a lo público y que sus falsas prédicas de austeridad desembocan con frecuencia en recortes vitales como la sanidad, la educación y otras urgencias. En fin, esperar y ver.

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