El alga asiática deja de ser una amenaza lejana y pone en riesgo el ecosistema marino de Cabo de Gata
Los expertos coinciden en que ya es imposible de erradicar y solo se pueden tomar medidas para mitigar sus efectos

El alga exótica e invasora china hace estragos en las costas almerienses y andaluzas.
El alga asiática invasora -‘Rugulopteryx okamurae’- ha dejado de ser un problema limitado al Estrecho de Gibraltar, donde fue detectada por primera vez hace una década, y ya se extiende por las cinco provincias costeras andaluzas, incluida Almería, como han confirmado los últimos informes oficiales de la Junta.
Esos estudios constatan una “amplia distribución” en localidades como Aguadulce o Roquetas, y también en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.
La gravedad de esta ‘invasión’ ha alertado a la comunidad científica y a las administraciones ante una dura realidad: en la actualidad no se conocen métodos para erradicar esta ‘plaga’, de forma que por ahora solo se pueden adoptar medidas para mitigar sus efectos.
Esta realidad ha llevado a que la Administración autonómica declarara el pasado abril como ‘situación de fuerza mayor y extrema necesidad’ la llegada masiva de arribazones de la especie invasora. No obstante, esta declaración tiene un alcance limitado a permitir su retirada y a eximir a los ayuntamientos del pago del impuesto por el depósito de residuos en vertederos.
Pero el problema no son solo los residuos que se acumulan en las playas. El verdadero peligro de esta alga es mucho más profundo, puesto que altera de manera muy significativa los ecosistemas marinos a los que llega. Y en el Cabo de Gata su presencia puede ser especialmente peligrosa para uno de sus mayores tesoros submarinos, las praderas de posidonia, un refugio de biodiversidad y una auténtica fábrica de oxígeno. Pero no solo ellas están en peligro, puesto que su ‘voracidad’ también está esquilmando prácticamente todas las demás comunidades que viven sobre los fondos rocosos.
Un alga "okupa"
Antonio Vegara, de Ecologistas en Acción Andalucía, se muestra contundente al valorar la situación. “Toda la biodiversidad que alberga el medio marino de Cabo de Gata está en riesgo”, asegura. Y explica que la razón está, en buena medida, en la capacidad de esta especie para colonizar los fondos duros y en desplazar a las especies autóctonas: “Es un alga ‘okupa’ de suelo duro, y muy rápida”.
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En su acuerdo de 29 de abril de 2026, en el que el Consejo de Gobierno andaluz declaró de fuerza mayor y extrema necesidad la situación generada por la masiva llegada a las costas andaluzas de los arribazones, la Junta reconoce que la situación generada por esta alga exótica invasora también “afecta gravemente a la actividad pesquera, complicando las prácticas artesanales y, en su mayoría, los trabajos de arrastre, dificultando el acceso de los peces a las redes de pesca y obligando incluso a los pescadores a tener que sacarlas a la superficie para deshacerse de ellas y después reparar sus herramientas de trabajo”.
Por otro lado, advierte de que en las playas andaluzas destinadas al baño “está generando problemas a los usuarios, con una incidencia significativa en la salubridad, el turismo, medio ambiente y en el paisaje, ya que su fermentación y putrefacción provoca malos olores y lixiviados que podrían tener efectos en estos ámbitos en las zonas afectadas”.
La Junta también reconocía en su ‘Plan de Gestión frente al alga invasora Rugulopterix Okamurae en la costa’ de 2025, que al menos a medio plazo no es posible eliminarla, ni devolver los ecosistemas invadidos a la situación anterior, por lo que se planteaba el objetivo de intentar reducir sus efectos y realizar un seguimiento de los hábitats afectados.
Este documento también contempla medidas para favorecer un posible control biológico, mediante especies herbívoras que hayan demostrado capacidad para consumirla.
Sin enemigos naturales
José Luis Guil, profesor de la Universidad de Almería y uno de los investigadores que más ha trabajado sobre esta alga y sus posibles aprovechamientos, también afirma que es imposible ahora mismo evitar la expansión del alga. “No se puede contener; lo que todavía se puede hacer es mitigar”, resume.
El investigador confía en la capacidad de autorregulación de los ecosistemas, aunque reconoce que la falta de enemigos naturales de la especie complica mucho el proceso.
Antonio Vegara advierte además de la velocidad con que se está produciendo la expansión. Según sus estimaciones, mientras en algunas zonas del Estrecho se han alcanzado coberturas cercanas al 90% de los fondos duros, en Almería se situarían ya alrededor del 40%, pese a que su llegada se ha producido mucho después. Y lo peor es que, a su juicio, este escenario puede empeorar rápidamente. “No pasarán más de cinco años para que alcance una cobertura altísima”, advierte.
Una de las claves del avance del alga exótica está en su capacidad reproductiva. Vegara explica que un pequeño fragmento desprendido puede dar lugar a nuevos individuos y que la especie es capaz de producir varias generaciones al año, una capacidad muy superior a la de otras especies autóctonas.
A ello se suma que el alga invasora china contiene compuestos que dificultan su consumo por parte de los herbívoros. En el Estrecho, señala, una de las consecuencias más visibles de la invasión es ya la desaparición de especies vinculadas a los fondos rocosos, entre ellas el erizo.
Daño al turismo
Pero la expansión del alga no afecta únicamente al medio natural. La Junta reconoce en su declaración de abril que también en las playas los arribazones generan otros problemas, peusto que cuando las acumulaciones comienzan a fermentar aparecen malos olores y lixiviados, mientras que el deterioro del paisaje puede terminar afectando al atractivo turístico de las zonas donde se acumulan.
Por otro lado, la Administración admite que encontrar un uso para esta biomasa sigue siendo complicado. La presencia de arena y sal, su inestabilidad y la necesidad de inactivar previamente el alga para evitar que continúe expandiéndose dificultan su valorización. Por ahora, la Junta considera el depósito en vertedero la alternativa más viable, mientras no existan tecnologías capaces de aprovechar esta biomasa a escala industrial.
Precisamente en este punto aparece una de las líneas de investigación desarrolladas por la Universidad de Almería, puesto que José Luis Guil y su equipo han estudiado la utilización de ‘Rugulopteryx’ como biofertilizante y han obtenido resultados positivos en cultivos de lechuga frente a extractos procedentes de otras algas comerciales.
También han experimentado con su utilización para la cría de insectos como Tenebrio molitor y Acheta domesticus, que posteriormente pueden emplearse en la alimentación de peces de acuicultura. “No hay duda de que el alga tiene un aprovechamiento comercial”, asegura Guil.
Hay además investigaciones sobre la obtención de biomateriales y sobre la actividad biológica de la especie. Guil señala que se han realizado ensayos ‘in vitro’ con extractos del alga exótica sobre células tumorales, aunque insiste en que cualquier posible aplicación farmacológica se encuentra todavía en una fase muy inicial y requeriría años de investigación y ensayos clínicos.
Plan de gestión integral
El aprovechamiento de la biomasa plantea, no obstante, una contradicción. Retirar el alga de las playas puede contribuir a frenar su expansión, pero convertirla en una materia prima comercial obliga a extremar los controles para evitar que esa actividad termine favoreciendo su dispersión. Vegara cree que la valorización puede ser precisamente una vía para financiar la retirada. “Si esa biomasa se queda varada en la playa porque es muy cara retirarla, estás favoreciendo su dispersión y reproducción”, sostiene. Su propuesta pasa por convertir la biomasa retirada en productos que permitan sufragar al menos una parte del coste de su eliminación.
Guil coincide en la necesidad de poner en marcha “un plan de gestión integral” y reclama una mayor implicación tanto de las administraciones como de las empresas. “El tiempo pasa muy rápido y el alga no se detiene”, advierte.
En definitiva, el reto para Almería ya no es decidir si Rugulopteryx okamurae llegará o no a sus costas. La Junta sostiene que ya está ampliamente presente en distintos puntos del litoral provincial y el Plan de Gestión sitúa su asentamiento hasta Cabo de Gata, aunque Ecologistas en Acción va más allá y ya advierte de su presencia en todas las costas almerienses, desde Adra a Pulpí. La pregunta es ahora qué consecuencias tendrá sobre los ecosistemas marinos y si será posible reducir sus efectos antes de que la invasión termine alterando de forma irreversible algunas de las comunidades de mayor valor ecológico del Mediterráneo, como son las del Parque Natural de Cabo de Gata.