La Voz de Almeria

Almería

Un estudio científico analiza el trabajo bajo plástico de un invernadero en verano: sed extrema, náuseas y calambres

Más del 64% de los encuestados por la investigadora Lena van Selm han sufrido tres síntomas de enfermedad por calor

Trabajadora en un invernadero almeriense.

Trabajadora en un invernadero almeriense.

Álvaro Hernández
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Debajo del plástico de uno de tantos invernaderos en Almería puede llegar a registrarse una temperatura muy superior a la del exterior. En concreto, la diferencia puede llegar a ser de 12 grados. Así, si hace calor fuera, dentro se desata un infierno de más de 50 grados si la ventilación y el blanqueo del plástico no son adecuados. ¿Qué pasa si trabajas ahí dentro?

Es la pregunta a la que trata de responder una reciente investigación científica publicada en la revista International Journal for Equity in Health y llevada a cabo por la investigadora Lena van Selm (Universitat de Barcelona / ISGlobal).

Almería, la provincia con un mayor número de afectados por las altas temperaturas en invernaderos

La principal conclusión de la investigación es que 6 de cada 10 trabajadores de los invernaderos de Almería han sufrido en alguna ocasión hasta tres síntomas de enfermedad debidos al calor, como por ejemplo dolores de cabeza, mareos, náuseas o calambres. En concreto, el 64,4% de los encuestados declaran haber sufrido esos síntomas. Se trata del porcentaje más alto registrado en las tres provincias españolas incluidas en el estudio: en Huelva el porcentaje es del 49% y en Lleida es un 30,6%. 

Entrando en detalle en los datos documentados en el estudio científico, un 74,8% de los trabajadores de invernaderos en Almería refieren haber sentido sed extrema; un 65,4% dolor de cabeza y un 38,6% mareos durante la temporada de calor. Nuevamente, se trata de los porcentajes más altos de la investigación. 

El objetivo del estudio no era otro que documentar el impacto real del calor extremo en la salud de los trabajadores migrantes de los invernaderos de Almería y forma parte del proyecto europeo CATALYSE, financiado por la Unión Europea y coordinado por ISGlobal, el Instituto de Salud Global de Barcelona. La investigación contó con la colaboración del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) - Almería, delegación de Fundación ECCA Social, que facilitó el acceso al trabajo de campo sobre el terreno.

"Aunque los síntomas de enfermedades relacionadas con el calor que se han notificado han sido de leves a moderados en la mayoría de los casos, estos pueden agravarse fácilmente con el aumento de las temperaturas cada verano, a menos que mejoren las condiciones laborales", explica la propia investigadora, Lena van Selm.

Sufrir el calor en el día a día de los invernaderos

Se llega a hablar de una "normalización del sufrimiento" derivado de las temperaturas extremas a las que se enfrentan los trabajadores de los invernaderos. No en  vano, uno de los hallazgos más significativos del estudio es que la mayoría del os trabajadores no perciben esos síntomas como una señal de alarma, sino "como una parte inevitable de su trabajo". 

De hecho, la investigación incluye algunos testimonios de los propios trabajadores: descripciones del día a día, consecuencias de las altas temperaturas...

“Dentro del invernadero es como un shock. A veces, trabajando, no sabes ni qué haces, solo trabajas, porque hace mucho calor”, cuenta un trabajador agrícola de Almería.

En ese desgaste físico acumulado tras un día a día continuado de trabajos bajo plástico en pleno verano, destaca otro trabajador que cuenta que "con muchos años, cambia la piel; aunque salgas del invernadero, cuando pasas aquí cuatro o cinco años, se pone de un color raro". 

La resignación de los trabajadores es la sensación predominante, si bien también se dan casos en los que la supervivencia en lo económico deja paso a la preocupación por la propia salud. Es el caso de otro trabajador que asegura que “el dinero está bien, pero me gusta más mi cuerpo que el dinero. Si no puedo, no puedo. Me vuelvo a casa. Porque si trabajo y me pongo enfermo, solo me van a pagar ese día. Y luego tendré que gastar más comprando pastillas yo mismo”, razona.

Del calor del invernadero al de las chabolas

El sufrimiento de las altas temperaturas no acaba tras la jornada laboral bajo plástico. No en vano, cabe recordar que la principal línea de trabajo del Servicio Jesuita a Migrantes en Almería es la lucha contra el chabolismo, con el objetivo de erradicar la presencia de infraviviendas en puntos de la geografía almeriense como Níjar. Y, obviamente, este aspecto también tiene cierto peso en el estudio llevado a cabo en relación con las altas temperaturas.

Así, la investigación también documenta cómo la exposición al calor no se limita a la jornada laboral. Datos ya publicados por organizaciones sociales de la zona —entre ellas el propio SJM, otras entidades de la Mesa del Tercer Sector de Níjar y la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)— señalan que en el campo de Níjar al menos el 10% de la población vive en infravivienda, y que en el conjunto de la provincia se estima que más de 7.000 personas residen en asentamientos informales, sin las condiciones mínimas para protegerse del calor una vez termina su jornada de trabajo. "Suelen vivir en viviendas sin sistemas de refrigeración adecuados", detalla la propia Lena van Selm. 

Un estudio "fundamental" para darle rigor a la realidad que viven los migrantes en el campo

Es cierto que el estudio no parece incluir ninguna sorpresa: en Almería hace calor y, con altas temperaturas, los efectos se dejan notar especialmente en trabajos con condiciones tan duras como las de un invernadero. Sin embargo, los jesuitas explican por qué esta investigación es especialmente importante: "Tiene un papel fundamental porque aporta evidencia y rigor a una realidad que las personas trabajadoras y las entidades que las acompañamos conocemos desde hace años", argumentan. 

Así, "este estudio pone de manifiesto que las condiciones de trabajo no pueden entenderse al margen de las condiciones de vida: ambas se refuerzan mutuamente y determinan la salud, la dignidad y las oportunidades de miles de personas. Afrontar el impacto del calor en la agricultura intensiva exige buscar soluciones compartidas que hagan el modelo más sostenible, situando siempre a las personas y el respeto de sus derechos en el centro".

Cabe recordar que Almería sostiene, con sus más de 32.000 hectáreas de invernaderos, uno de los complejos agrícolas bajo plástico más productivos del mundo, con miles de millones de euros en exportaciones hortofrutícolas cada año. 

Ese modelo depende en gran medida de mano de obra migrante: el 77% de los contratos formales del sector se firman con trabajadores de origen extranjero, según el SJM, que añade que se estima que hay unos 25.000 trabajadores en situación irregular en el campo almeriense, muchos de ellos actualmente a la espera del resultado la regularización en marcha.

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