La Voz de Almeria

Almería

Un hogar abierto para cuando cierran todas las puertas

A la sombra de El Morato, la solidaridad se materializó hace 43 años en forma de hogar. Hoy, Casa de Nazaret continúa su tarea de ayudar a quien ya no tiene nada

Parte de la familia de Casa Nazaret en el patio central del hogar.

Parte de la familia de Casa Nazaret en el patio central del hogar.

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Hace más de cuatro décadas, las hermanas del Sagrado Corazón de Jesús aceptaron la ofrenda de un grupo de almerienses que, ante los rigores de aquellos años, decidieron dotar a la ciudad de un hogar para los que ya no tenían nada más que perder. Con la ayuda de su fe y el respaldo de los socios y vecinos que contribuyen con lo que pueden, hoy Casa Nazaret conforma una multicultural familia de más de cuarenta miembros que sigue luchando por hacer de cada día un motivo para sonreír.


La  asociación El 19 de julio de un lejano 1969 este mismo diario se hacía eco del nacimiento de la Asociación Familia de Nazaret, en la que 31 miembros de la sociedad almeriense firmaron entonces sus actas constituyentes. Desde su primer presidente, Juan Pérez Pérez, cuatro ilustres miembros han dirigido este gran proyecto -Esteban Requena, Ramón Muñoz Sánchez, José Moreno Pérez y Juan Sánchez García- hasta llegar a José Arturo Pérez, hijo del fundador y nuevo presidente desde el pasado mes de enero. En esta nueva etapa, junto a José Arturo trabajan ya Carlos Berenguer -vicepresidente-, Juan López -tesorero-, Marina García -secretaria-, vocales y 260 socios intentando que  nunca falte lo básico en este hogar, aunque “a veces cuesta trabajo saber lo que hace falta”, confiesa su presidente, “nunca te piden nada a no ser que seas tú quien le preguntes”.


Una gran familia Tras la construcción de la casa, que finalizó en el año 71, esta fue inmediatamente cedida a las hermanas bajo condición de que siempre fuera refugio de los más necesitados. Un compromiso que a día de hoy sigue en firme gracias a Almike, Beatriz y Mª Dolores, las religiosas que custodian el hogar. El trabajo aquí se hace duro: preparar desayunos, comidas y cenas; hacer camas y limpiar cuartos; ayudar en la higiene personal de los impedidos y estar siempre pendientes de su medicación. En este día a día, las hermanas cuentan también con el apoyo de sus vecinos y voluntarios -se recibe lo que se siembra-, quienes irrumpen por la puerta de la casa con la confianza de estar en la suya.


¿Cómo consiguen mantener este sitio en pie? “cada uno trabaja con lo que puede, somos una familia”, asevera Mª Dolores; ¿y la convivencia no resulta difícil? “bueno... como en todas las familias”, sentencia con su espléndida y socarrona sonrisa.



-Si quiere colaborar con la asociación, puede ponerse en contacto mediante el correo asociacionfamilianazaret

.com


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