Luis Castillo: siempre dispuesto a ayudar
Desde el punto de vista humano era una persona muy cercana, con capacidad especial de captar a los demás, descubriendo sus problemas, inquietudes o deseos

El doctor Luis Castillo, en el centro con corbata azul, el día en el que fue homenajeado en el Club de Mar (2020)
Esta mañana nos dejó mi primo Luis Castillo, después de una larga y fructífera vida, a los 84 años. No es fácil, en unas pocas palabras, rememorar y transmitir la vida y los sentimientos que nos deja una persona con la que hemos compartido genes, familia, profesión, ilusiones, alegrías y penas.
Desde el punto de vista profesional fue un gran cirujano, se formó en el antiguo Hospital Provincial de Madrid - actual H. Gregorio Marañon- siendo su maestro el conocido Dr. Hidalgo Huerta, continuando la tradición familiar de su padre Cristóbal y de su tío José, el mío. Esto marcó nuestras vidas y nuestra afinidad: nos criamos los dos en un ambiente familiar centrado en la Medicina, entendiéndola como ciencia, pero siendo fundamental el espíritu de servicio y el trato humano con el paciente. Una vez terminado el período de formación, regresó a Almería para continuar su labor profesional, potenciando el Sanatorio Virgen del Mar, creado por su padre - médico militar- en la posguerra. Esa época fue de un trabajo intenso y dedicación absoluta a la profesión; el quirófano ocupaba todo el tiempo, restándolo del descanso y la familia. Aquí hay que recodar a su esposa: Gracia Villegas, también médico y durante muchos años jefa del Servicio de Hematología del Hospital Torrecárdenas, que siempre lo acompañó y apoyó en sus proyectos, siendo el más importante su familia, sus 4 hijos y siete nietos. Otras personas importantes de esa época: Dr. Antonio Marín, gran amigo; Dr. Modesto Pelayo, anestesista siempre dispuesto; Antonio Rubio, practicante ya con mi tío y alma del sanatorio antiguo. Dotado de un espíritu emprendedor, junto con su hermano Miguel Ángel, inauguran en 1993 el Hospital Virgen del Mar en su nueva y actual ubicación, suponiendo un hito importante en la sanidad almeriense, con unas instalaciones y tecnología punteras.
Desde el punto de vista humano era una persona muy cercana, con capacidad especial de captar a los demás, descubriendo sus problemas, inquietudes o deseos. Esto en la consulta hacía que a veces se alargase excesivamente, con el correspondiente disgusto de la enfermera que le ayudaba. También era una persona muy sociable, implicándose y colaborando en múltiples organizaciones ciudadanas: parroquia, colegios, cofradías, comunidades de vecinos, clubes deportivos. Siempre dispuesto a ayudar si podía y lo hacía de forma inmediata, si darle mayor importancia ni dilación, para él no existía el verbo procrastinar. A nivel personal siempre me animó, cuidó y apoyó en mi labor profesional; fue muy importante para mí en la decisión de venirme a Almería, como había hecho él unos años antes. Seguimos siendo bastantes médicos en nuestra familia, contando la tercera generación ahora somos nueve, que siempre nos miraremos en los que nos precedieron intentando seguir su ejemplo y dedicación. Toda la familia, amigos y pacientes te vamos a echar de menos. Descansa en Paz y tengamos la fe y la esperanza de encontrarnos de nuevo.