Adiós a Juan Deus, un brazo de mar
A los 9 años ya tenía un bote amarrado a puerto y aunque fue diez años delegado de Agricultura, su vida fue el mar: primero el gallego y después el almeriense, del que nunca más se separó

Juan Deus, delegado de Agricultura y Pesca de 2001 a 2011.
Fue un gallego a la almeriense; o, quizá, un almeriense a la gallega. Él decía, con deje galaico, que era un galleguiño andaluceiro. Y tenía los brazos fuertes de marino tatuado y la barba blanca, como aquel Noé que gobernó un arca para no perecer en el diluvio. Sin embargo, Juan, que se acaba de ir muy pronto, con solo 69 años, no era ese patriarca de la Biblia que salvó por pares a los animales de la tierra, ni era Dios, aunque fuera Deus; Juan era un tipo corriente que nunca perdió su acento materno, aunque, por necesidades del guion, hubiera nacido en San Fernando, provincia de Cádiz; aunque se hubiera avecindado por más de media vida en Almería. Juan nunca perdió esa retranca atlántica de palabra breve, de no aclarar si subía o bajaba la escalera. Yo lo recuerdo a Juan en una época agrícola y pesquera convulsa, como delegado provincial del ramo que era. Entró en 2001, por nombramiento del antequerano Paulino Plata, tras haber sido jefe de Desarrollo Pesquero de la Junta de Andalucía.
Le tocó comandar desde la Administración los principios de toda aquella ‘Revolución verde’, tomando el relevo de Francisco Ruiz Orta. Y lidió con cosas como aquella floreada Mesa de la Comercialización Hortofrutícola y con la llegada de fondos operativos. Sentado en mesas eternas en su despacho de Hermanos Machado, con botellín de agua al lado y cronómetro en mano, con su secretaria Fina en la puerta, tristemente desaparecida, con las organizaciones agrarias, con Juan Colomina al frente de Coexphal y con todos los interlocutores del sector.
Fueron diez años como delegado en los que intentó hacer realidad aquello del lobby almeriense, viajando a Berlín, intentando mantener a Almería como la Huerta de Europa, no sin sobresaltos y algunos enfrentamientos. Capitaneó el campo almeriense durante una década, pero no engañó a nadie: él, Juan Deus, era, sobre todo, un hombre de mar, de ábregos y galernas. Y trabajó codo con codo con los pescadores de Almería, no sin algunas asperezas, para que cobraran las indemnizaciones de Medgaz o se liquidaran las vedas en su justa medida. Se retiró -más bien lo retiraron- de la Delegación en 2011 para navegar en mares más pacíficos, un capitán mercante como él, buscando ya el amparo de un fondeadero. Y le llegó la jubilación. Y prefirió seguir anclado en este mar, en vez de volver a su otro mar con la frente marchita, allí donde con 9 años ya tenía un bote amarrado a puerto, que era para él como aquel Rosebud del pequeño Kane. Y aquí se dedicó, ya pensionista, a frecuentar la amistad, a pintar olas azules y veleros blancos con Agustin Garren, a cocinar para sus amigos, a escribir un libro de recetas ‘A comer’, con platos tan peculiares como el ‘Conejo a la Fulgencia’.
Caminaba mucho Juan, a diario, casi veinte kilómetros decía, hasta Costacabana. Y después se les veía por las pescaderías de Mercado Central en busca de bonito, por ejemplo, para hacerlo en escabeche y tomárselo con una copa de vino blanco. Descanse en paz el delegado Deus.