¿Tienes ansiedad en el trabajo? Esta almeriense te da las claves para sobrevivir
El taller creativo más famoso de Almería tendrá un parón durante el mes de abril por motivos de salud mental

Una mesa preparada para uno de los talleres de The Olive Lab.
Un día de febrero, Marta se desmayó. Justo antes había tenido un ataque de pánico. “Esa tarde tenía programado un taller. Sentía que no podía hacerlo, pero me obligué. Fue el único rato del día en el que no pensé en si el corazón me iba rápido”, recuerda ahora. Su cuerpo la obligó a frenar. Aunque tardó semanas en asumirlo, hace solo unos días lo comunicó públicamente: The Olive Lab para.
Lo ha anunciado en un post de Instagram que ya acumula decenas de mensajes de apoyo. “No tengo ni idea de cuándo volveré. Necesito que me dé el aire, el sol, la luz. Necesito aprender a no exigirme tanto, a que lo creativo vuelva a ser refugio y no carga”, cuenta.
The Olive Lab es un proyecto creativo que durante dos años ha llenado los domingos de Almería con talleres de pintura, collage, cerámica o bordado, pensados para reconectar con el arte sin presión. Una comunidad artesanal que creció desde cero, al margen de instituciones, y que convirtió en rutina semanal el derecho a crear por placer. Ahora, su alma mater ha decidido parar.
“The Olive Lab es lo único que me da vida, pero también lo único de lo que puedo prescindir”, resume Marta. Porque el arte la sostiene, pero también le ha terminado pesando. A la ansiedad crónica y las dudas propias del emprendimiento, se ha sumado la presión constante por sostener un proyecto creativo en solitario. “Ha sido precioso, pero también agotador”.
Consciente de sus límites
De lunes a sábado trabaja en una óptica. Los domingos los ha dedicado durante los últimos dos años y medio a sus talleres. También a gestionar la comunidad online, contestar mensajes, mantener redes, alquilar espacios, coordinar a otras artistas y una multitud de labores más. “No paro y me ha sobrepasado. Lo he llevado lo mejor que he podido, pero al final mi cuerpo ha dicho basta”.
En el último año, alquiló incluso un pequeño local en el centro de Almería para acoger los talleres. “Me hacía ilusión tener un espacio propio, pero era más responsabilidad aún. Lo he sentido como un compromiso con la gente que venía, pero también conmigo misma”.
Aun así, nunca se planteó dejar su otro trabajo. “Da miedo dejar un sueldo fijo. Si un taller no se llena, no puedo pagar el alquiler”. Esa inseguridad constante —económica, emocional, creativa— ha sido el telón de fondo de su proyecto desde el principio. “Emprender en solitario es tomar decisiones todos los días y asumir todos los riesgos. Y hacerlo desde el arte, aún más”.

Una de las actividades artísticas de The Olive Lab.
El peso de las redes sociales
Marta no cree que lo que le ocurre sea algo aislado. “Tengo ansiedad desde hace años, pero no soy la única. Muchas estamos agotadas. Nos formamos, trabajamos, lo intentamos todo, pero seguimos sin estabilidad. Hay una presión constante, una insatisfacción que se acumula”.
Y luego están las redes sociales. “Aunque no quieras, te comparas. Y si además tienes un proyecto, sientes que siempre tienes que estar presente, creando contenido, respondiendo. Como si si no subes algo, dejas de existir”. El parón no es una renuncia. Es, en sus palabras, “una forma de cuidarse”. Volverá cuando vuelva a encontrar el deseo de crear sin obligación. “Quiero recuperar la energía para compartir desde la alegría, no desde el agotamiento”.
Un laboratorio de arte y vínculos

Marta, fundadora de The olive Lab.
The Olive Lab nació en pandemia, cuando Marta, psicóloga de formación, volvió a pintar. Empezó decorando ropa como forma de canalizar el encierro. “Me di cuenta de que podía venderlo y de que a la gente le gustaba”. Poco a poco, fue recuperando esa parte de sí misma que había apartado durante años. El nombre lo tomó del color verde oliva -el de sus ojos, el de su tierra, Córdoba- y del caos creativo de su casa, que parecía un laboratorio.
Ya en Almería y con ganas de conocer a gente nueva, lanzó un vídeo en TikTok preguntando si alguien querría pintar con ella. Se viralizó. El primer taller fue un domingo de enero y no faltó ninguno hasta ahora. Domingo tras domingo, Marta reunió a personas que querían reconectar con su parte creativa. Sin pretensiones. Solo por placer. Solo por compartir. Y aunque hoy diga que necesita parar, también confía en que esa semilla que plantó sigue ahí. “Sé que volveré. Pero ahora, por primera vez en dos años, necesito un domingo libre”.