Almería guarda en balsas más de 10 hectómetros cúbicos de agua
Más de la mitad de balsas, aljibes o pantanetas de Andalucía se ubican en la provincia

Almería guarda en balsas más de 10 hectómetros cúbicos de agua.
Las estrechuras hídricas de la provincia de Almería han sido siempre el caballo de batalla de los productores agrarios, un problema que se mantiene en la actualidad y que tiende e agravarse a medida que el cambio climático avanza en sus efectos en la meteorología y sobre todo en el régimen de lluvias.
Si los almerienses se han caracterizado por algo ha sido, precisamente, por la constante pelea en la búsqueda de esos recursos hídricos que garanticen la supervivencia de la actividad productiva, una batalla que emprendieron los romanos (con sus acueductos) y los árabes (con sus redes de pozos, norias, aljibes o acequias). Y la lucha sigue actualmente con un notable esfuerzo por acumular agua en los tiempos de bonanza para poder utilizarla posteriormente en los tiempos de escasez.
Ese empezo ha quedado este año más patente que nunca porque los regantes o agricultores se han empeñado en disponer de infraestructuras suficientes para poder guardar el agua. Almería es, con mucha diferencia, la provincia andaluza que dispone de un mayor número de balsas de riego, por encima de 20.000 repartidas por toda la geografía provincial, y este año los niveles de llenado se han incrementado en más del cuarenta por ciento.
Pero además a las balsas se han sumado las pantanetas construidas en los cinco últimos años, además de otras balsas naturales que se han recubierto de material impermeable para evitar las pérdidas y miles de aljibes, algunos antiguos y otros modernos, para poder acumular agua.
Máximo ahorro Gracias a esa enorme red de balsas, pantanetas o aljibes, se ha alcanzado una capacidad de microembalses más que apreciable y se calcula que en la actualidad tienen acumulados algo más de 10 hectómetros cúbicos de agua disponible para el riego.
Ese volumen de agua se considera una especie de ‘seguro de vida’ para miles de agricultores que, a diferencia de lo que está ocurriendo en el resto de Andalucía, abordan estos últimos meses del año 2022 con la tranquilidad que supone saber que tendrán cubierta la demanda.
Una seguridad que se vería reforzada en el caso de que lleguen las lluvias otoñales que habitualmente ha ‘regado’ generosamente la provincia, pero que este año no han tenido el comportamiento habitual de los meses de septiembre u octubre, conocidos por sus episodios torrenciales.
Este misma semana el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía reconocía la situación de emergencia en que se encuentra la región como consecuencia de la sequía, con la paradoja de que los embalses andaluces están esta semana al 23 por ciento de su capacidad, mientras que los almerienses se encontraban al 37 por ciento de agua embalsada.
Capacidad de embalse La que ha expresado claramente su apuesta por el aprovechamiento máximo del agua caída del cielo es la Mesa del Agua de Almería, sobre todo tras la temporada de lluvias que se registró en la provincia durante la primavera de este año, con casi dos meses de lluvias intensas que dejaron en torno a los 400 litros por metro cuadrado en muchas zonas.
Lluvias sin duda bienvenidas por parte de los regantes, pero que el mismo tiempo despertaron sus quejas porque gran parte de ese agua fluyó por cauces y ramblas y finalmente acabó en el mar. José Antonio Fernández, portavoz de la Mesa, hizo pública la demanda de que se acometan cuanto antes obras hidráulicas capaces de acumular esas aguas. La Mesa busca que se construyan en la provincia más balsas, pantanetas o las llamadas ‘balsas de tormentas’ para que ese agua no se desaproveche.
Las temporada de lluvias son cada vez más escasas en la provincia y, cuando llegan, son frecuentes las precipitaciones torrenciales, con un alto volumen de agua concentrada en unos pocos días. La idea de los regantes es disponer de sistemas de recogida que permitan un mejor aprovechamiento.