La Voz de Almeria

Almería

De Pedro Jover a la Plaza Vieja: una ruta por los rincones del alma

Un paseo por el barrio en el que Rafael Esteban decidió vivir acompañado de sus recuerdos

Rafael Esteban en la Plaza Bendicho

Rafael Esteban en la Plaza BendichoLola González

Lola González
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A pesar de que el día estaba nublado y de que ya estábamos más cerca de la hora de la caña que del café, el calor se dejaba notar en el Casco Histórico. Llegué entre prisas, como siempre, a las puertas del Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) ‘Manuel Falces’ donde había quedado con mi guía.

Nos conocemos desde que yo empezara mi andadura profesional como becaria allá por comienzos de siglo, ya ha llovido, y hay que reconocer que a Rafael Esteban se le nota la tranquilidad de mirar ahora todo desde la distancia de su jubilación pero con conocimiento de los entresijos de lo que ocurre en la ciudad.

Me recibe entre bromas, como siempre, y lo primero que hace es dejarme claro por qué estamos allí: “este no es el barrio donde nací, pero sí que es el barrio en el que decidí vivir y aquí llevo ya 26 años”. Y es que Esteban pasa su día a día entre el Casco Histórico y la Almedina.

“Vivo en la calle Pedro Jover y mi ruta diaria durante años ha sido la que une esta zona con el Ayuntamiento y, aunque es cierto que cada vez se conoce más, hay rincones muy desconocidos”, afirma.  El primero de ellos el propio CAF que invita a visitar porque siempre hay algo nuevo que descubrir en él.

Arrancamos la marcha y llegamos a una plazoleta que invita a sentarse y dejar pasar las horas. “En esta plaza vivió Federico García Lorca, y menos mal que se ha dignificado su busto porque antes hasta le pintaban bigotes...”. A pesar de la relajación que transmite este rincón, lo cierto es que estamos en medio de una calle bulliciosa, la calle Hospital, en la que vuelven a verse las obras de rehabilitación del único edificio civil del siglo XVI que sigue en pie en la ciudad, el Hospital Provincial. “Este edificio es una joya y creo que el proyecto que se va a hacer es muy interesante”, defiende.

Vida

No llegamos a entrar en su calle, pero en la distancia defiende la vida que tiene esta arteria comercial del barrio, de hecho sustituyó a la calle Almedina y con el confinamiento “se han vuelto a descubrir estos comercios de barrio, tan necesarios y tan cercanos. Aquí teníamos de todo, afortunadamente”. Reconoce que sus compras pasan por la ferretería Zamora, la carnicería Alborán o por los dulces de ‘El Bombón’, lo que viene siendo la compra muy del barrio.

Durante el tiempo que ha sido representante de los ciudadanos en el Ayuntamiento de Almería su ruta habitual continuaba por la Ronda Diego Ventaja donde está el actual Museo de la Guitarra. Cree que puede contar con más actividades pero reconoce que los pequeños conciertos allí son fabulosos. Recuerda con nostalgia que la idea inicial que tenían para este espacio cuando su formación, Izquierda Unida, estaba en el equipo de Gobierno pasaba por ser un centro cultural con una biblioteca “para una zona en la que no había nada”. Ya con más ironía se refiere a  aquel Museo de las Artes Religiosas que no encontró quien quisiera mantenerlo.

Seguimos ruta y llegamos a la Plaza Bendicho, una de esas plazas jardín que sigue manteniendo la ciudad. “Cuando era niño aquí estaba donde recogían el Domund. Recuerdo que traíamos las huchas y nos regalaban una estampita” cuenta sonriendo. A pesar de que no es muy de religión, la siguiente parada la hacemos en la Plaza de la Catedral en la que me sorprende contando que se libró por los pelos de ir al Colegio Diocesano. Le quería mandar su tío pero surgió su marcha  a Barcelona. Quien sabe lo que habría sido su vida si no hubiera emprendido ese viaje en plena juventud.


Suena el reloj de la Catedral que nos devuelve al año 2020 y tras un vistazo dice rotundo: “A mí me gusta esta plaza. Es una obra de Alberto Campo Baeza, que es un arquitecto muy conocido que ganó un concurso de ideas en los tiempos de María Muñiz como concejal de Urbanismo y que luego ejecutó Diego Cervantes. Su idea era que las palmeras, con su crecimiento, creara una especie como de techumbre que envolviera la plaza”. Pero sin duda lo que más me llama la atención es lo que no se hizo del proyecto. Y es que parece que el arquitecto quería poner sillas individuales para que los almerienses las colocaran en cualquier punto, sentarse y devolverlas tras el uso y eso ya... no convenció al Ayuntamiento. 

Debatimos sobre la armonía del edificio de la Casa Sacerdotal de San Juan de Ávila en el conjunto de la plaza. Cree Esteban que “después de toda la polémica, también le da armonía. Ahora se hacen cosas peores, que no se entienden”. Y es que cree mi guía que “la gente ya está concienciada y salta si se pretende hacer una barrabasada en el Casco Histórico, y es cierto que se hacen cosas para mejorarlo” pero considera que “se hacen de forma deslavazada y no luce. Falta un proyecto a largo plazo que trace la actuación y que haga que se note el cambio”.

Caminamos ahora hacia la Plaza Granero. Recuerda con pesar que en su día Diego Cervantes intentó la rehabilitación y puesta en valor de uno de los edificios centrales sin éxito porque “ni los propietarios se ponían de acuerdo”.

Propuesta

En el camino hemos visto viviendas cerradas que necesitan un rescate  y lanza una propuesta: “¿queremos rehabilitar el Casco Histórico? ¿Tenemos una empresa de la vivienda? Pues no hagamos viviendas para competir con el mercado sino que dediquémosnos a esto. ¿Es que no se vendrían estudiantes al centro? ¿Gente joven? Pues invirtamos en ello y no que se quede esto hecho un desierto”. Y es que cree que la idea de solamente fomentar la hostelería no es una solución porque “al final la gente se va porque no quiere vivir con molestias”.

Pasamos por una especie de callejón y llegamos junto a la vivienda de José Ángel Valente. Se le ilumina la cara. El mantenimiento de esta casa como patrimonio de la ciudad es quizá una de sus grandes orgullos de la etapa como concejal. “Cultura en aquel entonces no tenía dinero y se hizo la gestión desde Urbanismo, pero conseguimos que se quedara para la ciudad. Es cierto que echo en falta que tenga algo más de actividad, y creo que haciendo una conexión entre el CAF ‘Manuel Falces’ y Valente podríamos sacar partido a la casa”. Eso sí, se quedó la pena de que la biblioteca del poeta se fuera a Santiago.

Recorriendo la calle Arráez llegamos junto a la nueva calle Pósito antes de entrar a la Plaza Vieja. Alaba la actuación que se ha hecho e insiste en la necesidad de trazar un plan global.

Cruzamos el arco y allí, a la derecha encontramos ‘su’ casa, la ‘mía’, la de todos los almerienses: el Ayuntamiento. “El primer día que vine a tomar posesión entré por la puerta principal y un policía me dijo ‘qué dónde iba’. Me quedé sorprendido y no sabía como explicarle que iba a tomar posesión (ríe). Menos mal que salió otro policía y le dijo que era el concejal y ya me dejaron subir”. 

Recuerda con cariño a los ratoncillos que a veces se paseaban por la parte baja del edificio antiguo entre el grupo de IU y el del PSOE, los largos plenos de la época de Juan Megino (dice que el truco para que no se levantara hasta en 12 horas era no beber agua) e incluso el terremoto que removió ya el nuevo salón de plenos en tiempos de Luis Rogelio Rodríguez.

Escuchar


Es muy crítico con el traslado del Pingurucho. Cree que “el alcalde tiene un problema, no escucha” y defiende que en esa plaza, con un pequeño arreglo, se pueden hacer actos de todo tipo.

Seguimos el paseo. Me sugiere una ruta con Bisbal,(el peluquero no el cantante), que me apunto, y empezamos a callejear. Pasamos por la calle Pizarro y nos sorprende una casa con tintes árabes y en color azul. En la puerta, un viejo conocido de nuestro guía, un trabajador de Casa Puga durante 48 años que me cuenta que Rafael Esteban es un hombre de costumbres: “todos los jueves a las nueve llegaban puntuales a Casa Puga Paco Campos, Antonio Sánchez Cañadas, Juan Gallardo, Diego Cervantes y él, cogían su mesa y allí hacían su charla”. Eran tiempos en los que el debate político se hacía en el bar y no en Twitter. Si me lo permiten, yo lo prefería. Esteban me cuenta después que sigue teniendo reunión, quizá algo más reducida, en el Sacromonte. Cambia el sitio pero no la esencia de querer cambiar el mundo.

Callejeamos viendo las casas en Narváez, recorriendo la Almedina llegamos a un sitio que desconocía (y pido perdón por ello a mis amigos cofrades). Paramos frente al Cristo de la Almedina. No sabía muy bien la historia pero sí que  era un elemento de culto del barrio. Ya me he puesto al día, pero la historia la dejamos para otro reportaje.

Acabamos a las puertas de San Juan. Seguimos arreglando la ciudad, pero eso ya... se queda en el ‘off the record’.

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