La Voz de Almeria

Almería

La tradición en el Rincón de Pepe

Con el nuevo cambio de jefe se consolida en esa tradición familiar de ir traspasando el negocio

José López Parra se ha pasado toda la vida en el kiosco y ahora lo deja en  manos de su hijo Francisco López Montoya.

José López Parra se ha pasado toda la vida en el kiosco y ahora lo deja en manos de su hijo Francisco López Montoya.La Voz

Eduardo de Vicente
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Se ha vuelto a cumplir la tradición. El Rincón de Pepe, uno de los establecimientos hosteleros más antiguos que sobreviven en Almería ha cambiado de propietario, pasando de padre a hijo, tal y como se lleva haciendo desde que los López montaron su primer negocio hace más de sesenta años.


José López Parra acaba de cederle el testigo a su hijo Francisco, tal y como en su día su padre hizo con él. Continúa la herencia y se asegura la continuidad de un establecimiento que ha conseguido hacerse con una clientela en un rincón del Parque Viejo. Detrás hay una historia de sacrificio que se repite cada día cuando a las siete de la mañana se levantan las persianas del negocio. Hay que madrugar, es necesario empezar pronto el día para poder salir adelante. Al no estar en esa ruta de la tapa que se ha puesto de moda en el centro de la ciudad, el kiosco tiene que buscar el sustento en una clientela de confianza que se va ganando día a día. Por el bar del Parque no pasa la gente en aluvión como ocurre en el centro. Los suyos son clientes con nombre y apellidos, que también forman parte de la tradición del establecimiento.


En esa filosofía de los madrugones, los desayunos forman parte de los pilares del Rincón de Pepe con la misma fuerza que las tapas del mediodía, bien asentadas en el prestigio de la plancha y la cerveza. Los días se resumen en ocho horas intensas. A las tres de la tarde, llega el cierre, y así hasta el día siguiente, cumpliendo con una forma de entender la profesión que sigue las pautas marcadas por el patriarca del negocio hace más de sesenta años, cuando el abuelo del actual propietario montó un kiosco que bautizó con el nombre de ‘El Tibet’.


‘El Tibet’ empezó siendo un pequeño kiosco de madera que nació en el verano de 1957 en la Plaza Circular, junto a la estatua de La Caridad y a unos metros de los urinarios subterráneos que existían pegados a la Rambla.


Su promotor fue el empresario Antonio López Ramón (1909-1976), que con  la ayuda de su amigo Manuel Aguado pudo montar el negocio, pensando que aquel lugar, sitio de paso hacia el Parque, la playa y el puerto, podía ser idóneo para poner un  establecimiento de refrescos. Vendía limonada, sangría, zarzaparrilla, horchata de chufa y toda clase de refrescos que él mismo fabricaba con agua y esencias.


El kiosco estuvo un año en esa ubicación frente al Banco de España. En 1958 Antonio López Ramón buscó otro escenario y se fue a la esquina de la Avenida del Mar y el Parque, un barrio humilde, pero por donde corría la frenética actividad del puerto a todas horas. Aunque la especialidad de la casa seguían siendo los refrescos, el establecimiento tuvo que aumentar su oferta, pensando que de madrugada, cuando la gente de la mar pasaba hacia el muelle y los vendedores de pescado iban a la subasta, más que una limonada lo que le pedían era un café, copas de coñac y de anís.


Fueron tiempos de mucha venta. El kiosco ocupaba una esquina estratégica, lugar de paso hacia San Roque y La Chanca. Fueron años de progreso que culminaron en 1967 cuando Antonio López Ramón, viendo que la barraca de madera se empezaba a quedar pequeña y anticuada, decidió dar un paso hacia la modernidad, invirtiendo en un nuevo negocio en el Parque Nicolás Salmerón, a unos metros tan sólo de su anterior ubicación. La garita de madera pasó a mejor vida y el nuevo establecimiento fue un local de obra con todas las comodidades y espacio libre para montar mesas y sillas bajo la sombra de los árboles.


El recuerdo más triste de aquellos años de apogeo fue el de la terrible riada de abril de 1970 que causó siete víctimas en la ciudad. Desde el negocio, que estaba a poca distancia de la desembocadura de la Rambla de La Chanca, se pudo presenciar la tragedia en toda su magnitud. Las aguas desbordadas del Barranco del Caballar arrasaron todo lo que se encontraron a su paso, arrastrando vehículos hasta el mar con personas dentro. Tras la muerte de Antonio López Ramón, en septiembre de 1976, fue su hijo menor, José López Parra, el que se hizo cargo del establecimiento. Desde entonces llevó el nombre de ‘El Rincón de Pepe’. Él hubiera querido dedicarse a su vocación verdadera que eran los toros, pero tuvo que vender el traje de luces verde pastel y oro que  tenía preparado para debutar para dedicarse a la hostelería.


Después de pasarse  toda la via en el kiosco, ahora le ha llegado el momento de la jubilación, aunque sigue acudiendo a diario a su cita con la tradición para echarle una mano a su hijo. Le gusta estar ahí, al pie del cañón, hablando con los clientes, sintiendo el vértigo diario de la barra que ha sido el sustento de su familia desde 1957.

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