El desperdicio alimentario, el problema que recae en toda la cadena de producción
Las pérdidas alimentarias no recaen únicamente en el consumidor final. El experto Christian Ghidelli apunta “que empiezan mucho antes de lo que tiramos en casa; en los cultivos, las cosechas o la distribución”

El desperdicio alimentario supone una oportunidad para la innovación agroalimentaria: desde la anticipación de las enfermedades del campo hasta las mejoras de almacenamiento.
El último informe ofrecido por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación arroja que en España se desperdician alrededor de 1.129 millones de kilos alimentos o litros de bebidas al año. De media, cada ciudadano desperdicia anualmente alrededor de 25 kilos de alimentos. A pesar de que la tendencia desde 2020 ha sido reducir el porcentaje de alimentos desperdiciados, el reto cero desechos aún está lejos de ser alcanzado.
En el Día Internacional de la Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, desde el área de Agroalimentación de Funditec, Christian Ghidelli, apunta que “las pérdidas empiezan mucho antes de lo que tiramos en casa; en el cultivo, durante la cosecha, el almacenamiento, el transporte o la distribución”. A pesar de todo, la responsabilidad no recae exclusivamente en el consumo adecuado. Explica Ghidelli que “el desperdicio es un problema de toda la cadena, y probablemente las soluciones más eficaces sean aquellas que combinen la tecnología con la educación y los cambios de consumo”.
Tecnología, educación y cambios en el consumo
Para reducir la cantidad de alimentos desperdiciados el experto apunta que los consumidores debemos cambiar la percepción de lo que consideramos “alimento aceptable” porque “estamos acostumbrados a encontrar productos homogéneos visualmente cuando una pequeña imperfección no significa pérdida de calidad o seguridad”.
Otras opciones para reducir el desperdicio pasan por la planificación de la compra, entender las fechas de consumo preferente, la caducidad y dar un mayor sentido de aprovechamiento a los alimentos que tenemos en los hogares.
La Ley 1/ 2025, del 1 de abril, de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario establece primero la prevención y posteriormente la búsqueda de alternativas para que los alimentos puedan seguir destinándose al consumo humano, y cuando no sea posible, buscar otras vías de aprovechamiento. Ghidelli apunta que es “especialmente interesante este cambio que obliga también a las empresas a analizar mejor dónde y por qué se producen pérdidas”. De ahí pueden derivar oportunidades que ofrezcan nuevas soluciones.
En este momento, el problema del desperdicio alimentario supone a su vez oportunidades para la innovación tecnológica. En concreto, la agrotecnología tiene un papel fundamental porque los proyectos de I+D agroalimentarios tienen la posibilidad de anticiparse a los grandes problemas entorno al desperdicio.
Innovación aplicada a escala real
El desarrollo de agricultura de precisión, el uso de herramientas de diagnóstico para la detección temprana de enfermedades o el impulso de tecnologías postcosecha que mantengan la calidad durante más tiempo pueden ser capaces “de producir de manera más ajustada, detectar antes los problemas y prolongar la vida útil de los alimentos y así, reducir las pérdidas en distintos puntos de la cadena”, afirma Ghidelli.
Además de trabajar en el reto principal de cero desperdicios, la agricultura de precisión supone beneficios para todos los actores de la cadena alimentaria, desde el agricultor, distribuidores y consumidores finales. Señala Ghidelli que el beneficio principal para el agricultor es disponer de más información y más herramientas para la toma de decisiones. “Puede conocer mejor lo que ocurre en su parcela, ajustar el riego, el uso de fertilizantes o tratamientos, en definitiva, actuar de una forma más localizada”. Es la tecnología aplicada para el desarrollo de la innovación agroalimentaria la que puede reducir pérdidas porque según Ghidelli lo importante “no es sólo cuanto se invierte, sino que la innovación llegue a todos y se pueda implicar a escala real porque ahí es donde se produce el impacto”.
Por su parte, los comercios y los distribuidores mejoran con ella su capacidad de previsión y pueden “planificar volúmenes, capacidades y tiempos de cosecha, algo importante para reducir los excedentes y pérdidas”, explica el investigador.
Por último, para el consumidor, aunque la tecnología aplicada no sea visible puede implicar una mayor calidad en la duración de los productos, o hacerlos más sostenibles o mejorar la trazabilidad. Concluye que “no cree que se trate simplemente de producir más sino de producir mejor y de una manera más ajustada a lo que realmente necesitamos”.