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Griñán excluye a los críticos

Griñán excluye a los críticos

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El 12 congreso del PSOE-A que algunos preveían como un paseíllo triunfal para José Antonio Griñán después de haber conservado, contra todo pronóstico, el Gobierno de Andalucía, reventó. Los críticos se hicieron visibles de forma inesperada eligiendo el voto en blanco para mostrar su rechazo a la candidatura de Griñán como secretario general. El edificio socialista ya tenía fisuras.
En torno a la una de la tarde, el PSOE andaluz reunido en El Toyo crujió y una grieta volvió a recorrerlo de arriba a abajo. 159 votos en blanco. El 28,7%. Griñán fue reelegido como líder de los socialistas andaluces con un 71%. Hacía dos años que hizo historia con un 99,6%. Solo él se votó en blanco a sí mismo. Y hacia apenas trece horas que la gestión de su ejecutiva regional había obtenido un 95,5%. Nadie lo esperaba. Es un resultado inédito desde 1994. Ni siquiera muchos de los críticos confiaban en un voto de rechazo tan abultado. “Han roto el mandato representativo”, denunciaron los griñanistas, que denunciaron que en los congresillos previos al cónclave regional los críticos habían pedido el voto en clave de relevo provincial pero dejando claro su voto a favor del líder andaluz.
Griñán subió noqueado a la tribuna a agradecer la confianza recibida. El día anterior había proclamado que él no tenía críticos y había dejado claro que no iba a olvidar los momentos difíciles de una campaña electoral que afrontó con sentimiento de orfandad y soledad. Se sintió traicionado por mucha gente y su herida seguía abierta. “No olvidaré las luces pero tampoco las sombras, aunque sea para que no vuelvan a sorprenderme”.
“Si me pinchan, sangro”
Después, en una intervención definitiva a puerta cerrada que puso el broche final a un debate interno con un aluvión de reproches, retó a sus opositores dentro del partido a desenmascararse. “Si me pinchan, sangro, si me empujan, me caigo pero decídmelo de frente”. Los críticos sintieron que, lejos de tenderles la mano o encajar sus reproches, los estaba provocando. Sus voces advirtieron de que se habían encajado tres derrotas electorales consecutivas y de que se podía seguir tocando fondo, denunciaron la corrupción en la Junta y se oyó un lamento general por la falta de diálogo interno y las imposiciones desde San Vicente. Además se alertó sobre el peligro de que IU sea quien esté marcando, opinan algunos, el rumbo político al Gobierno.
Quienes conocen bien lo que pasaba en ese momento por la cabeza de Griñán dicen que no fue un calentón sino una intervención calculada que terminó por deslucir el congreso de la unidad y la cohesión que habían proclamado. Estaba harto. Quería, dicen, que se cerraran filas y aflorara de verdad la dimensión de un movimiento crítico que hasta ayer se había hecho visible a través de voces minoritarias en las provincias de Córdoba, Málaga y Sevilla, en Cádiz con un partido prácticamente roto en dos y en Jaén, donde los contrarios a Griñán controlan el partido sin apenas fisuras.
En un mal momento
No se sabe si calculó bien, pero ya es oficial: Griñán es secretario general con un partido dividido y un 30% en su contra. Ocurre en un mal momento. Con una crisis económica demoledora como telón de fondo, un descrédito de la política y un desapego de los ciudadanos que se tradujo en la pérdida de más de 650.000 votos en las últimas autonóm

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