'Villa María': un jardín decimonónico enclavado en la Alpujarra Almeriense
Las mujeres de la familia Navarro-Sánchez han preservado este huerto nazarí con un jardín romántico decimonónico desde el siglo XIX

María Teresa Navarro en la puerta de Villa María.
Entre los pliegues del Valle del Andarax, rodeada por las montañas que acarician el cielo de Canjáyar, se encuentra Villa María, un jardín-huerto romántico decimonónico que ha resistido el paso del tiempo gracias a la sensibilidad, la visión y el cuidado de las mujeres de la familia Navarro-Sánchez.
Este espacio, hoy símbolo patrimonial de Canjáyar y de toda la Alpujarra, conserva especies botánicas históricas y refleja la historia de una familia ilustrada que supo preservar un legado único durante más de siglo y medio.
Pre inventariado en 2003 por la Junta de Andalucía de interés patrimonial en la provincia de Almería, Villa María no solo mantiene su riqueza natural, sino que también cuenta con elementos arquitectónicos que susurran historias del pasado: acequias que recuerdan la importancia del agua, pérgolas elegantes y una ventana que antiguamente servía para el cortejo, mostrando la integración de la naturaleza y la arquitectura en un mismo espacio.

El jardín-huerto Villa María.
Eso sí, aunque Villa María es el único jardín decimonónico visitable de Canjáyar, no es el único de la Alpujarra almeriense. En Fondón se encuentra el huerto-jardín de la Casa Palacio de Las Godoyas, un espacio histórico que combina huerto rural y zona de recreo, heredero de la tradición morisca y transformado por la burguesía decimonónica en un jardín de contemplación y ocio.
Lo que comenzó entre 1860-1880 como un sueño romántico de María Sánchez, natural de Canjáyar, mujer burguesa culta, amante de las artes y profundamente ligada a la naturaleza, llega hasta 2025 bajo la mirada de su bisnieta, María Teresa Navarro del Águila, y su tataranieto Joaquín García Navarro, gestor cultural de profesión, con la ambición de proyectar esta joya más allá de las fronteras de Canjáyar, de Almería, de Andalucía y de España.
María Sánchez: la creadora de un jardín visionario
María Sánchez no fue solo una mujer burguesa ilustrada más en un pequeño pueblo del Andarax, sino la arquitecta de un proyecto botánico y cultural que aún hoy sorprende por su equilibrio entre tradición y novedad. Su jardín combinó un huerto nazarí con arrayanes, con un jardín romántico decimonónico, en el que incorporó especies exóticas traídas de América y Andalucía, como magnolios, convirtiéndolo en un espacio único en toda la Alpujarra.

Maria Sánchez, creadora del Jardín romántico decimonónico en Canjayar.
El proyecto nació entre 1860 -1880, en un momento en que los jardines románticos se habían puesto de moda en Europa entre la burguesía, pero María lo concibió desde su propia sensibilidad, viajando a Granada y otros lugares para seleccionar cuidadosamente cada planta y cada rincón.
Su intención era crear un espacio de contemplación donde la naturaleza y la cultura dialogaran en armonía, y donde cada estación del año ofreciera una experiencia estética y emocional singular. Cada árbol plantado, cada sendero delimitado, cada sombra y cada aroma fue pensado para transmitir belleza y serenidad.
Una familia ilustrada y comprometida con la cultura
Villa María no puede entenderse sin la historia de la familia Navarro-Sánchez, un linaje de intelectuales y humanistas que dejaron huella en Canjáyar y más allá.
Entre ellos destacó Antonio Navarro Sánchez de Úbeda, hijo de María Sánchez, médico, poeta modernista y político, cuya vida combinó el rigor profesional con la sensibilidad artística. Antonio formó parte del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, defendió los derechos médicos y civiles de la mujer y dejó un legado poético bajo su nombre y bajo el pseudónimo Luis de Vargas.

A la derecha María Navarro Sánchez, la hija de María Sánchez Sánchez. A la izquierda, su madre (Soledad Gómez) y su hijo, abuelo de María Teresa Navarro. Detrás el marido de María, Emilio Soria.
Sus sonetos evocan su villa natal y la casa familiar de Villa María, testimonio de un espacio que inspiró su vida y su obra. La familia siempre mostró un profundo compromiso con la educación, la memoria histórica y la cultura, valores que María Sánchez transmitió generación tras generación, principalmente a través del cuidado del jardín.

El Soneto de Antonio Navarro.
Mujeres guardianas del legado
Si hay un hilo conductor en la historia de Villa María, ese es la presencia femenina. Durante más de siglo y medio, fueron las mujeres quienes mantuvieron vivo el jardín, reconociendo su valor histórico, estético y botánico.
María Sánchez creo el jardín, lo concibió con sensibilidad artística y rigor, equilibrando tradición y modernidad. Su hija, también llamada María, continuó conservando el esplendor del jardín-huerto, asegurando la continuidad de las especies y estructuras originales.
La madre de María Teresa Navarro del Águila, aunque no unida por sangre a la familia, aceptó como un legado casi divino la preservación del jardín y lo transmitió a su hija. María Teresa, científica de formación en botánica, fue quien comprendió un siglo después que poseía un patrimonio cultural único y decidió compartirlo con la comunidad, integrando la investigación científica y la educación patrimonial en la gestión del jardín.
Estas mujeres han sido las guardianas del tiempo, manteniendo vivo un espacio que podría haberse perdido, demostrando que la preservación del patrimonio histórico y natural ha estado históricamente vinculada a la sensibilidad femenina. Su visión, cuidado y amor han permitido que Villa María llegue hasta nuestros días con toda su belleza intacta.
Un jardín abierto a la ciencia, la educación y la cultura
Durante un estudio sobre los arrayanes moriscos, María Teresa se percató de la presencia de esta especie histórica en su jardín familiar, un hecho que transformó su percepción sobre el legado familiar y le hizo comprender que quizá poseía un tesoro que debía compartirse más allá del ámbito doméstico.

El jardín-huerto Villa María.
Hace dos años, Villa María se convirtió en una Asociación Cultural que se abre al público, para realización de eventos culturales, artísticos y educativos. Se trata de un espacio de interés patrimonial único al servicio de la comunidad de Canjáyar y de la comarca del Valle del Andarax.
Historiadores y botánicos colaboran en la documentación y puesta en valor del espacio con el apoyo, interés y colaboración del Ayuntamiento de Canjáyar y especialmente de su Alcaldesa, Antonia Urrutia, y el Área de Cultura del mismo.
Es un punto de encuentro donde disfrutar, aprender y compartir experiencias en un entorno singular, preservando la flora ornamental tradicional de la comarca, caracterizada por especies adaptadas al clima mediterráneo de montaña y de gran valor histórico y botánico.

El jardín-huerto Villa María.
El jardín se concibe como un recurso natural y formativo, integrando talleres, mediación cultural, programas pedagógicos y actividades artísticas vinculadas al paisaje y la memoria histórica.
Los estudiantes de centros locales e internacionales, como los Erasmus del IES Valle del Andarax, conocen a través de él la historia de la comarca y de Canjáyar y otros estudiantes participan en prácticas de botánica para aprender la importancia del paisaje natural de un jardín en la conservación de la biodiversidad, mientras que vecinos y visitantes disfrutan de encuentros poéticos y actividades culturales que consolidan a Villa María como un centro comunitario y cultural único.
Villa María funciona hoy como un espacio verde sostenible, cultural y educativo, donde los visitantes pueden experimentar la historia, la botánica y la creatividad de manera integrada.
La participación cívica y cultural se promueve mediante colaboraciones con asociaciones culturales locales y con el Ayuntamiento de Canjáyar, incorporando el jardín en fiestas y encuentros poéticos que conectan el patrimonio con la identidad y la vida comunitaria. Villa María, se ha convertido en un polo de innovación cultural y educativa, fomentando turismo creativo, economía local y desarrollo sostenible de la comarca.
Joaquín, el tataranieto que proyecta Villa María al mundo
El jardín inicia ahora una nueva etapa gracias a Joaquín, hijo de María Teresa y tataranieto de María Sánchez. Como gestor cultural, aporta una visión moderna, inclusiva e internacional: quiere que Villa María trascienda fronteras y se convierta en un referente comarcal del patrimonio botánico, histórico y cultural.

María Teresa y su hijo Joaquin.
Para ello, se ha constituido la Asociación Cultural Villa María Jardín-Huerto, cuyo objetivo es abrir el espacio a la comunidad y al mundo, convirtiéndolo en un centro de innovación rural, educación patrimonial y sostenibilidad medioambiental.
Un legado vivo entre pasado y futuro
Villa María es mucho más que un jardín: es la historia de mujeres que cuidaron, preservaron y transmitieron un espacio único, y ahora también la historia de un tataranieto que lo proyecta al mundo.
El magnolio, el arrayán y cada sendero del jardín hablan de siglos de sensibilidad, cultura y amor por la naturaleza. Hoy, Villa María se abre al mundo, educa, inspira y conecta generaciones, demostrando que los espacios de interés patrimonial no son solo recuerdos del pasado, sino plataformas para la innovación, la creatividad y la conservación ambiental.
El jardín, que comenzó como un sueño romántico de María Sánchez entre 1860-1880, sigue floreciendo en 2025, vivo, pedagógico y universal, uniendo la sensibilidad de las mujeres que lo preservaron con una nueva visión de Joaquín. Villa María es, en definitiva, una joya viva de la Alpujarra, un puente entre siglos y culturas, y un ejemplo de cómo la historia, la ciencia y la sensibilidad humana pueden convivir en armonía.