La estación del Levante almeriense que abrió durante 100 años y a la que iban yankis, el frutero y el correo
Todavía se conservan algunos de los elementos que formaron parte de aquel complejo ferroviario

La estación que abrió durante 100 años y a la que iban yankis, el frutero y el correo.
Durante un siglo, en un rincón del Levante Almeriense, hubo una estación de tren a la que cada día acudían los conocidos como 'yankis', el frutero o el correo.
Esa pequeña joya ferroviaria abrió sus puertas en 1885 y cerró definitivamente en 1985, dejando tras de sí un siglo de movimiento, mercancías, cartas, obreros y vida.
Situada en la barriada de La Alfoquía, en el municipio de Zurgena, en la antigua estación de ferrocarril todavía se conservan algunos de los elementos que formaron parte de aquel complejo ferroviario. En la instalación, destinada hoy a otros usos, aún pueden verse vestigios de una actividad que durante décadas fue fundamental para la economía y la comunicación de la zona.
Por esta estación pasaban tres tipos de trenes, cada uno con un papel muy distinto pero igual de importante. El primero era el conocido como "el frutero", un tren de mercancías que incluía un vagón de tercera clase con bancos de madera para los pasajeros.
Salía todas las mañanas desde Zurgena y regresaba al anochecer, transportando productos agrícolas y otros enseres, lo que permitía abastecer a la zona y enviar mercancías a otras regiones.
Otro tren fundamental era el correo, que realizaba dos servicios diarios: uno procedente de Alicante y otro de Granada. Estos trenes eran los encargados de repartir cartas y paquetes, tanto para particulares como para empresas locales.
La estación de Zurgena era una de las paradas clave para distribuir esa correspondencia, que llegaba puntualmente todos los días y era esperada por los vecinos con gran expectación.
Pero sin duda, el tren que más llama la atención por su apodo era el tren del mineral, conocido popularmente como "los yankis". El nombre no era casual: los vagones de este tren habían sido fabricados en Estados Unidos y destacaban por su robustez.
Su función era transportar mineral de hierro desde las minas cercanas, como Serón o Lubrín, hasta el puerto del Hornillo, en Águilas. El mineral llegaba en camiones hasta la estación de Zurgena, donde era cargado a mano en los vagones por un buen número de trabajadores. Usaban espuertas de esparto y rastrillos para esta labor, que se prolongaba durante horas bajo el sol.
Aunque hace décadas que los trenes dejaron de pasar, el lugar no ha perdido su valor simbólico. Aún se conservan elementos originales como la garita del guardagujas, una pequeña caseta que servía de refugio para el encargado de controlar los cambios de vía, o la aguja, palanca manual que permitía dirigir el tren de una vía a otra.