La Voz de Almeria

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Manuel es el espartero más conocido de Almería y de Granada: 30 años de mercadillos, zapatos artesanos y pleitas de esparto

"Del esparto no se vive, lo hago porque me gusta… y porque no sé estarme quieto"

Manuel Utrilla, el espartero de la Alpujarra Almeriense.

Manuel Utrilla, el espartero de la Alpujarra Almeriense.Marina Ginés

Marina Ginés
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Crea zapatos de esparto con una olma inventada por él mismo y es el más veterano en las ferias de artesanía de toda la provincia. Su historia es una de reinvención, lucha y amor a lo que otros dejaron atrás. 

Y es que, desde hace más de tres décadas, Manuel Utrilla recorre mercadillos y ferias artesanas por toda Almería y Granada, desde la Alpujarra hasta la costa, con sus manos curtidas y su furgoneta cargada de trenzas de esparto. Lo conocen en cada puesto, en cada rincón donde aún se valoran los oficios de antes. Y no es para menos: es el espartero más reconocido de la provincia, y no solo por su arte. También por su ingenio.

Porque Manuel hace lo que casi nadie hace ya: zapatos de esparto. Esparteñas. Y lo hace con una herramienta única, una olma de madera que él mismo construyó con clavos, como si hubiera nacido para eso. "Ahí meto la trenza de esparto prensada y continúo con la parte de arriba", explica mientras repasa con detalle su método, fino y minucioso. “Los dedos y las muñecas, cuando hay que prensar fuerte el esparto, es lo que más me cansa”, confiesa. Pero nada le detiene.

De los pimientos al esparto

La historia de Manuel comenzó en El Ejido, aunque él es natural de Alcolea. Allí, entre invernaderos y trabajo duro, encontró el amor y levantó su vida. “Plantábamos pimientos”. Así, sencillo. Así de honesto. Fue agricultor, propietario de su propio invernadero, y hasta compartió pantalla con un grande.

“Sí sí, le contrataron para hacer un anuncio televisivo de una marca de pimientos y lo grabamos en mi invernadero, yo salía con él… estuvimos horas de rodaje y luego el anuncio a penas duraba 20 segundos”. Ese “él” era Manolo Escobar.

Manuel junto a las fotografías del anuncio con Manolo Escobar.

Manuel junto a las fotografías del anuncio con Manolo Escobar.Marina Ginés

Pero el cuerpo quiso parar antes de tiempo. “Me jubilé pronto”, cuenta con cierta tristeza. Un fallo renal prematuro le obligó a dejarlo todo y enfrentarse a cuatro años de diálisis, hasta que por fin le trasplantaron. “He estado sin problemas más de 27 años. Ahora he vuelto a la diálisis, por ahora solo una vez a la semana”, explica con serenidad y orgullo.

Ya jubilado, vendió sus invernaderos y decidió regresar a su tierra, a Alcolea. Compró un solar y levantó su casa. “Yo compré el solar y luego hice la obra”. No sabía entonces que allí comenzaría una segunda vida.

Las fotografías del comercial con Manolo Escobar.

Las fotografías del comercial con Manolo Escobar.Marina Ginés

“¿Qué iba a hacer si no?”: el esparto como salvación

Al principio, casi no sabía nada de esparto. “Mi padre me había enseñado un poco cuando era pequeño”. Pero en el pueblo conoció a un vecino que hacía cestos. “Al principio no sabía qué hacer, me daba un paseo por el pueblo… pero era joven, tenía mucho tiempo libre y me pegué a aprender esparto con ese hombre”. Y lo resume con una sonrisa de resignación: “¿Qué iba a hacer si no?”.

Manuel ensimismado haciendo trenza de esparto.

Manuel ensimismado haciendo trenza de esparto.Marina Ginés

Hoy, tras más de 30 años entre fibras y trenzas, Manuel es un referente. Cestas de todos los tamaños, bolsos, llaveros, cubre botellas, adornos para el coche, zapatos… “Todo lo que puedas imaginar”. Y lo mejor: sigue creando con la misma pasión del primer día. “Del esparto no se vive, esto solo lo hago para entretenerme y porque me gusta”.

Un simple llavero puede llevarle una hora, y una cesta, más de 35 o 40. Y eso sin contar que hay que salir al monte a recoger el esparto, dejarlo en remojo, majarlo… “Me pongo a trenzar frente a la tele y pueden pasar horas y horas”. Su mujer asegura que pierde la noción del tiempo. “Mis días son de 10 o 12 horas, me paro a comer y me lío a darle que te pego”, bromea con la naturalidad del que ama lo que hace.

Un museo en casa y una misión pendiente

Pero Manuel no solo guarda esparto: guarda historia. En su casa, tras una cortina y una puerta metálica enorme, se esconde un pequeño museo de antigüedades. Una motocicleta con sidecar, aperos de labranza, teléfonos, monedas, billetes, fotografías… Manuel sabe ver en los objetos viejos un tesoro que recoge la historia de quienes ya no están. Y los cuida con mimo, como si fueran parte de su propia memoria.

Manuel mostrando algunos de sus viejos tesoros.

Manuel mostrando algunos de sus viejos tesoros.Marina Ginés

Mientras tanto, sigue con las esparteñas. “Ahora estoy haciendo dos pares para unas monjas de Gran Canaria”, cuenta. Con la olma que él mismo inventó, moldea el zapato con precisión y fuerza. Y cuando se le pregunta por el futuro, se le escapa un suspiro entre risas: “Me da pena que se pierda el oficio. Estoy intentando enseñar a mis nietos, alguno de ellos sabe hacer cestos, pero no quieren seguir”.

Manuel Utrilla: el alma del esparto

Desde Alcolea, Manuel sigue tejiendo algo más que fibras. Trenza paciencia, historia, orgullo, vida. Es un testigo de lo que fuimos, un creador de lo que aún puede ser. Y mientras otros miran el reloj, él sigue con sus manos y su hilo vegetal: dándole que te pego, como dice él, regalándole horas al tiempo… y al arte.

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